En diez años han desaparecido el 40% de los productores de ovino del Matarraña. Las difíciles condiciones de precios y costes complican el relevo generacional en un territorio donde la ganadería es seña de identidad. En esta comarca, ejemplo de sostenibilidad, el pastoreo podría situarse como un nicho de mercado posible, sobre todo ligado a las nuevas líneas de apoyo a la economía circular y sostenible. En la actualidad, la Asociación de Ganaderos de Ovino del Matarraña está formada por 38 productores, hace una década eran 60. En este contexto, las nuevas condiciones que podría plantear la futura PAC abocarían a la desaparición total al sector. La Política Agraria prevé que no se incluya como superficie pastable los cultivos leñosos. En el Matarraña, prácticamente todas las zonas de pasto son campos de olivos y almendros por falta de suelo agrícola de otro tipo. En las comarcas vecinas de Maestrazgo o Bajo Aragón esto no sucede, con amplias extensiones y gran capacidad de aprovechamiento agrícola. Respecto a los precios, igual que en el resto del sector ganadero, esperan una necesaria regulación que proteja al sector español de la carne importada. El consumo ha caído por la competencia de carnes producidas masivamente, especialmente de pollo y cerdo, con la que les resulta imposible competir. «En el ternasco cobramos como hace 20 años, pero el pienso solo en los últimos meses ha subido 20 euros la tonelada», explican. En el caso del sector avícola se están planteando crear una marca de pollo aragonesa para poder competir. Hoy hay 392 explotaciones de Aragón y en cuatro años se han perdido cien.

El Gobierno central prevé aprobar en otoño la ley de la cadena alimentaria, una legislación muy necesaria para impedir precios abusivos, facilitar la venta directa y también ayudar a los productores que perciban el dinero que merecen por los productos, impidiendo que se venda por debajo de coste. En este sentido, el etiquetado es fundamental también para que el consumidor sepa qué productos compra. Se debe informar con un etiquetado transparente de las condiciones de bienestar animal, el cumplimiento de la legislación europea que tantos costes genera, así como con qué tipo de fertilizantes, medicamentos o alimentos están tratados los productos agroalimentarios. El sistema de etiquetado Nutriscore impulsado por el Gobierno abre un preocupante debate en torno a las etiquetas porque perjudica a alimentos considerados saludables como el aceite, el jamón o los quesos. Hace un año que el campo se movilizaba en todo el país para reivindicar el fin a los agravios múltiples que sufren. Llegó la pandemia y se demostraron como esenciales. Hay que fomentar el consumo del producto local. Sus esfuerzos y capacidad no pueden caer en saco roto. Son claves para la subsistencia de todos, y en especial para el medio rural. 

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