Decía Séneca que la ira es un ácido que hace más daño al recipiente en el que se almacena que en cualquier cosa sobre la que se vierta. Cierto, cuando se trata de una emoción que responde a un estímulo, más o menos legítimo. Pero si es gratuita, si es pura idiotez vandálica, esa ira sólo hace daño a las cosas o a las personas sobre las que se vierte. Los vándalos no tienen causa moral ni objetivo alguno que no sea la destrucción. Por mucho que traten de escudarse en que son antisistema, en la oposición ante cualquier autoridad o poder, o alcen banderas separatistas o nacionalistas, o el arco iris de las variedades sexuales o raciales, en realidad sólo les conmueve la destrucción gratuita y salvaje por el mero placer de arrasar con lo útil, lo bueno o lo bello, ya sea una maceta con flores, un objeto artístico, unas piedras milenarias, un monumento o un jardín, unos bancos públicos, unos contenedores de basura o un parque para ancianos o para niños. Lo único que alimenta la ira de los vándalos, la más imbécil de todas las iras, es que se les haya ido la mano un poco en la droga y un mucho en el alcohol.

Este año en el que los «covidiotas» se han aliado con los contagiados de «idiotavirus», los desmanes dañinos e indignantes de vandalismo han proliferado en las ciudades y han viajado a algunos pueblos que, hasta la llegada de la pandemia, sólo sufrían ciertos desmanes puntuales en días de fiestas mayores cuando el alcohol es un exceso comprensible para algunos. La solución a largo plazo del gamberrismo, sea puramente idiota, etílico, pseudo político o racial, es decir, manipulado o promocionado, empieza a surtir efecto cuando enseñemos educación cívica desde las escuelas y su proyección en las familias, en las aulas y campañas por todos los medios. Es el efecto dominó a nivel pedagógico: enseña a los niños y recuerda a sus padres las elementales normas de la convivencia y la educación y algo cambiaremos. Que un niño aprenda desde muy pequeño que no ha de tirar papeles u objetos a la calle o al campo, tiene un efecto cuántico multiplicador como el aleteo de la mariposa que se convierte en tifón al otro lado del mundo.

Alberto Díaz Rueda