Venía como poco a poco y de repente, hemos tenido que asumir una realidad alarmante y a tomar muy en serio. Tardaron, pero llegaron, tanto el gobierno como las comunidades autónomas y vamos a vivir meses que requerirán consenso, inteligencia, respeto y civismo. Si ya estos últimos días se sucedían suspensiones de actos y eventos, era necesario un dictamen de instituciones mas altas y que todos fuéramos a una, para una mejor organización.

La parálisis de calendarios culturales, deportivos, educativos y de todo tipo, van a crear tiempo para dedicar a la familia y de manera especial, veo unos días distintos para conocer nuestros pueblos, nuestros términos municipales, nuestros caminos y montes, patear o rodar nuestro medio ambiente rural, sano, puro y maravilloso. No lo valoramos suficiente, cuando es un factor diferencial respecto a la vida en la gran ciudad y que marca distancia sideral entre la calidad de vida que tenemos en los pueblos, respecto a las urbes que amontonan gente.

El campo ayuda a reflexionar, se respira mejor, todo es mas romántico. El coronavirus pone en jaque cosas tan importante en el Bajo Aragón como el tambor y el bombo, pero nos da oportunidad de comprobar cosas desde prismas diferentes y valorar que la vida en pueblos pequeños no es peor, sino distinta. Se enfrenta contra una forma de vida moderna, que fomenta la publicidad para un consumo desenfrenado y en ambiente masificado. Son muchos los intereses contra la forma de vida en el campo, pero desde un fundamento razonado, puede ser incluso mejor y mas plena en comunión con la naturaleza.

Vienen momentos de acabar ese libro que tenemos a mitad o simplemente respirar y reflexionar, pero será imperdonable pasar los próximos meses sin disfrutar mucho mas de nuestros pueblos y de nuestro entorno natural.

Pedro Bello – GANAR La Puebla de Híjar