Seis astronautas, una nave espacial y su viaje alrededor de un punto azul: nuestra Tierra. Dicho así, asombrados lectores, parece la sinopsis de una obra de Ciencia Ficción, pero nada más alejado de ello. Estamos ante un libro tan hermoso que uno tiene que abrir su corazón de lector para asimilarlo entero. Y es así, os lo aseguro. Es una de las novelas más bellas con las que me he topado en mucho tiempo. "ORBITAL" es su título; y su autora: SAMANTHA HARVEY (1975), una escritora y estilista espectacular que tiene una predisposición a indagar en los lugares menos explorados por el hombre, como el insomnio, en su precioso relato autobiográfico "Un malestar indefinido"; o el alzheimer, en su anterior novela "The Wilderness". Ahora se ha traducido este último libro con el cual ha conseguido el prestigioso Premio Booker. Libro que es una impresionante carta de amor a la Tierra y, también, una lección de humildad.
Estamos ante una novela con personajes, pero no de personajes, que describe la vida en la Estación Espacial Internacional a través de seis astronautas de distinto perfil y nacionalidad. Cada uno tiene una misión científica asignada, pero todos deben informar sobre sus cefaleas; todos cambian los detectores de humo, limpian el baño, arreglan el inodoro…, y luchan contra la disipación de sus cuerpos para no volver a casa con los huesos frágiles y débiles. Cada uno de ellos pasará en la estación seis meses, en los que darán unas dieciséis vueltas diarias a la Tierra. En las más de cuatro mil horas que vivirán en el espacio reflexionarán acerca de qué los ha llevado a ser astronautas y hasta qué punto lo que están viviendo ahora se parece a lo que habían imaginado entonces.
"ORBITAL" es un viaje a los límites de nuestras certezas, un relato sobre el vértigo que produce la confrontación con un vacío cósmico y una transformación existencial: íntima, pero de alcance universal, el que nos habla de lo que somos y creemos ser como especie.
La novela tiene momentos de puro éxtasis contemplativo. En cada página hay frases tan deliciosas que uno querría aparcar el libro un momento, fascinado ante la maravilla, ante la belleza de la creación que se hace palpable en sus descripciones virtuosas. Pero a la vez, HARVEY articula un mensaje imprevisto por medio de sus protagonistas: "Al margen de lo que fueran antes de llegar aquí -dice-, de las diferencias en la formación recibida, en sus pasados, en sus motivaciones o en su carácter, al margen de sus países de procedencia o de los choques entre sus naciones, todo ha quedado neutralizado aquí por el delicado poder de su nave espacial". Ahí arriba, suspendidos más allá de la estratosfera -dice el crítico Javier Ors-, muchas de las viejas ideas que todavía rigen nuestras disputas y enfrentamientos carecen de sentido. HARVEY, por eso, critica las guerras, el sinsentido de matarnos y defiende la preservación de nuestro planeta. Sin él, como reconocen los protagonistas, el hombre todavía no tiene a ningún lugar donde ir y es éste el que todavía mantiene a la especie humana con vida.
Una novela, en verdad, profundamente hermosa y necesaria.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




