«El recuerdo bonito es el de papel», dice María José Sierra. Se refiere a las fotografías y en casa tienen unas cuantas que de vez en cuando acostumbran a repasar en familia. Entre todas guarda algunas fechadas en 1992, un año importante y, sobre todo, muy recordado para quienes formaron parte de la expedición de tambores y bombos que actuó tanto en la Expo de Sevilla como en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Barcelona. Ahí estaba ella. «Casi no me reconozco en esas fotos, era tan jovencica…», suspira. «Hacía muchísimo calor y desde arriba de las gradas de Montjuic veías el centro del campo tan pequeño, que te parecía imposible llegar», recuerda.
Llegaron ejecutando una marcha procesional e hicieron un número conjunto con la bailaora Cristina Hoyos. «La cara del público era lo mejor, fue muy emocionante y lo pasamos muy bien. Ojalá mis hijos pudieran vivir una experiencia así», dice. Alba y Ainhoa son las dos mayores y siguen atentas la historia que cuenta su madre. La pandemia también les privó de vivir unas Nacionales juntas porque María José colgó los palillos del grupo oficial de La Puebla en 2020 pero no pudo despedirse a lo grande. «Cuando se retomó todo, dos años después, yo ya no me veía y hay que dejar paso a la gente joven y que vivan sus momentos también», dice. «Pero tampoco me veo como para ir con los veteranos, que me lo han dicho… Estoy en un momento de impás en mi vida, voy a mi marcha», bromea.
Entre jornadas y salidas a tocar con la Ruta apareció Manuel Gracia, integrante del grupo oficial de Urrea de Gaén. Se casaron y ahora es un poblano más y el suyo es uno de los hombros que mueven la peana de San Juan Evangelista. No lleva ruedas porque se las retiraron hace años, una vez que la cofradía volvió a contar con gente suficiente para llevarla así de la manera en la que se llevaba desde su origen. «Es lo bonito de San Juan, bailarlo al toque de los tambores», dice. No falla a ninguna procesión en la que sale el paso, y reconoce que ha aparcado el tambor que lo toca cuando le apetece. El primero que tuvo de niño se lo compró su abuelo Aniceto de Urrea, que antes ya le había comprado un bombo.
Ella sigue tocando el tambor como la que más, y en casa le siguen sus hijas y su hijo Mario, el pequeño, y que se reparte entre el tambor y la corneta en los Alabarderos. También con el fútbol haciendo encajar ensayos varios con entrenamientos en los días previos. Fue el padre de María José el que les inculcó a los seis hermanos el sentimiento del tambor. «Los seis hemos seguido en mayor o menor medida, pero todos tocamos. Primero con instrumentos de casa que han ido pasando por todos y ya luego, cada uno con los suyos», dice. «No puedes estar esperando a que uno suelte el tambor para cogerlo, que era lo que pasaba entonces», sonríe.
La entrada en la cofradía se dio porque querían pertenecer a una. «Mi madre me dijo que me uniera a la que menos gente hubiera y así fue, entonces era la de San Juan. Mis hijas también son ‘sanjuaneras’ y mi hijo lo fue hasta que pudo entrar en los Alabarderos, que le encanta». Desde hace días tienen las túnicas preparadas para que en Semana Santa cada uno se sirva. Estarán en sus perchas en un caballete en el salón comprado para la ocasión. «Creo que a los que vivimos aquí nos gusta que vengan los que están fuera y ver el pueblo con tanta gente. Tanto unos como otros, sentimos todos orgullo», añade.
Tanto Alba como Ainhoa están muy implicadas en el grupo oficial y también en la enseñanza de los toques. Alba ensaya con los Juveniles atendiendo a una petición de Gori Sierra, quien creó y coordina el grupo desde hace años. «Me propuso ayudarle y este es mi segundo año junto a José Antonio Palos al bombo», dice. Además de ensayos para el toque de exaltaciones, los miércoles lo dedican a aprender base y técnica de percusión con sesiones abiertas. «Este año en el Juvenil se oirán las marchas tradicionales, están en el repertorio para que no se pierdan», avisa. Respecto a Ainhoa, este es su primer año en el grupo de Adultos, pero también hace refuerzo con su bombo en el Juvenil. En el colegio siguen instruyendo Ángel Mendoza y Manolo Calzada. «Hasta que Gori lo decida nos quedaremos mientras suben del Infantil», dice Alba. Son unos 25 y en el Adulto alrededor de 35, porque «han entrado muchos Juveniles». «Cada vez sube menos gente, eso se nota, pero sigue habiendo y lo importante es eso, que esto no pare», desean.








¡Enhorabuena a la familia Gracia-Sierra! Ejemplo de «mestizaje» de Urreo-Poblano. Alba, te echamos de menos!