En una entrevista le preguntaron a Javier Marías quién creía que merecía de verdad el Premio Nobel, y él, sin vacilar, respondió: CORMAC McCARTHY. Y yo, como de seguro muchos de vosotros, inteligentes lectores, reafirmo aquella respuesta.
Y es que, este casi nonagenario escritor estadounidense nos ha ido dejando a su paso por la vida un puñado de obras maestras maravillosas e inolvidables. Títulos que, podemos decir sin miedo, son ya clásicos de la literatura universal: "Meridiano de sangre", "Todos los hermosos caballos", "En la frontera" o "La carretera"..., por citar solo unos pocos.
Ahora, hacía ya dieciséis años que no publicaba nada y, la verdad, le echábamos mucho de menos; por todo ello, la aparición de estas dos novelas que forman un sólo volumen, ha sido uno de los grandes acontecimientos literarios de este año. "EL PASAJERO" y "STELLA MARIS", que aunque el autor les concede plena autonomía, creo que están íntimamente conectadas en tre sí; pues, como el lector descubrirá, la segunda ilumina lateralmente ciertos aspectos tanto argumentales como morales de la primera.
"EL PASAJERO" transcurre en los años 80, en Mississippi. Bobby Western se encuentra trabajando como buzo de rescate en el golfo de México, cuando en una inmersión descubre los restos de un avión hundido: hay nueve cuerpos con el cinturón de seguridad aún abrochado, pero faltan la caja negra y el décimo pasajero. Pronto se ciernen dudas desconcertantes en torno al hallazgo, secretos que desencadenarán una serie de amenzas que el protagonista deberá tratar de comprender y eludir. Su vida se va a ver ensombrecida por estos acontecimientos, pero también por el fantasma de su padre (uno de los inventores de la bomba de Hiroshima), y por su hermana, el amor y la ruina de su alma.
Esta hermana, Alicia Western, es la protagonista de "STELLA MARIS", que transcurre en 1972, en el interior de un psiquiátrico de Wisconsin, donde se ha internado por propia voluntad. A sus veinte años, esta estudiante de matemáticas ha sido diagnosticada de esquizofrenia paranoide y no quiere hablar de su hermano. Prefiere contemplar la naturaleza de la locura, conversar con seres imaginarios que la visitan cada día y, claro está, con el doctor Cohen. Narrada a través de las transcripciones de las sesiones psiquiátricas, esta novela es una ingeniosa investigación filosófica que cuestiona nuestras nociones de Dios, la verdad y la existencia; además de un apasionante complemento a "EL PASAJERO".
McCARTHY regresa exhibiendo un estilo particularmente sobrio, un poco alejado a lo que nos tenía acostumbrados, tanto que llega a rozar el desasimiento; con unos personajes desencatados que habitan un mundo agotado. Pero, aún con ello, sigue siendo excepcional. Este otro eremita de la narrativa norteamericana -como Salinger o Pynchon-, que no se deja ver, apenas fotografiar, y que nadie sabe ahora mismo por dónde pisa, es ya un autor de culto y, quizás, el prosista más importante de nuestra época.
Miguel Ibáñez. Librería en Alcañiz




