«A mí, si me pedís que venga, yo vengo». Esta es una de las frases más pronunciadas en el festival. Y se hace realidad, porque el certamen cuenta con numerosos amigos y muchos se acercan en cuanto pueden. Unas veces lo hacen a participar y otras, para disfrutarlo como público, aunque al final toque implicarse.
Es el caso de Rosa María Calaf. La veterana periodista, recién nombrada Premio Nacional de Televisión, trata de dejarse caer por esta cita cuando le es posible y esta vez lo ha sido. La noche de la inauguración y de homenajes abandonó su butaca cuando fue requerida su presencia en el micrófono para leer un texto de Jacques Prévert acerca de ‘Los Olvidados’ de cierre de la presentación antes de la proyección. «Javier solo tiene que silbar y yo vengo», dijo antes de empezar a leer «tratando de no poner tono de telediario».
Calaf, una invitación vecinal a café y debate sobre Derechos Humanos
Su función no terminó ahí, sino que además de acudir a todas las proyecciones posible, el miércoles moderó los coloquios de toda una jornada dedicada a los Derechos Humanos. «Ya nos saludamos con los vecinos año tras año. Una señora que me he encontrado en la calle me ha invitado a tomar café en su casa fresquita. No puedo pedir más, estoy muy a gusto», contó.
Por la tarde se habló de Palestina y por la mañana de ETA. Se proyectó ‘Que se sepa’, un documental que pone sobre la mesa un caso no conocido en la esfera popular. «Yo no lo conocía. Y si este caso no se conoce es que algo estamos haciendo mal, así que, esta sesión es más que necesaria», dijo en un intercambio de impresiones.
Radio en directo y premio para Pepa Fernández
Sentir el calor de las butacas es básico y es lo que le pasó a Pepa Fernández tanto el sábado como el domingo. Ya le había sucedido el año pasado cuando desembarcó por primera vez con todo su equipo de ‘No es un día cualquiera’ de Radio Nacional de España. Tan grata fue la experiencia, que este fin de semana repitió con cuatro horas de directo los dos días desde el escenario de la casa de cultura.
Para su sorpresa, la noche del sábado en la inauguración se le entregó una estatuilla del Ángel Exterminador dentro de los homenajes junto a Iván Trujillo y la Cineteca Nacional de México. «Si lo llego a saber voy a la pelu», dijo riendo al salir a recoger el galardón que reconoce el trabajo de todo el equipo por la difusión del festival por Buñuel. «El año pasado vine por primera vez a Calanda gracias a Javier, siempre que me llame voy a volver porque me enamoré de Calanda, de los calandinos, de las calandinas y de las cosas que pasan aquí», se sinceró.
González - Sinde: "Romper la Hora es un gran premio"
Ángeles González - Sinde pasó varios días también en el certamen. El sábado acompañó a Pepa Fernández y en el festival presentó su película ‘Después de Kim’, participó en la mesa del III Encuentro Aragón - México y avanzó detalles de ‘Una noche de 1947’, la novela que publicará en septiembre con una historia basada en el territorio que tan bien va conociendo después de tanto ir y venir con diferentes proyectos. El último fue co-guionizar ‘Tierra Baja’, que supuso su regreso al cine. «Yo estoy encanta en Calanda, de volver a esta tierra que me ha dado muchas cosas», dijo.
Una de esas cosas fue Romper la Hora en 2010 cuando era ministra de Cultura. «Mucha gente tiene un Goya, pero poca ha roto la Hora como pude hacerlo yo», apuntó. Volver supone hacerlo a un sitio que «emocionalmente, te carga mucho». Recuerda el momento perfectamente: «Sonora y plásticamente, estar entre tanta gente, sincronizados con el movimiento, con el sonido, es algo que de alguna manera te embruja. Pero luego está la responsabilidad porque estás haciendo algo que repercute en una tradición centenaria y que significa muchísimo para todos estos vecinos», reflexionó. «Ser invitada a formar parte de un ritual que tiene tanto contenido espiritual y emocional para otros, lo recuerdo desde luego como un gran premio», valoró.
Sinde, en la mesa en la que se anunció un ciclo de cine aragonés en México, reivindicó festivales como el de Calanda como lugares generadores de proyectos que pueden ser universales. Y también por mantener el hábito de ir al cine: «Es el último acto de rebelión cultural que los ciudadanos podemos ahora mismo perpetrar».









