El Bajo Aragón Histórico cuenta con el sonido de sus tambores bajoaragoneses como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad pero no es el único bien protegido por la Unesco. En el mismo año, en 2018, se dio protección a otro arte mucho menos conocido del que el territorio está rodeado todo el año, el de la piedra en seco. Esta práctica de construir con piedra sin utilizar materiales de unión nació de la necesidad para aprovechar el terreno en pendiente de la zona y la materia prima con la que se contaba.
Con ella se levantaron bancales, casetas, mases,… todo lo que la agricultura necesitaba. Incluso para las casas de los pueblos comenzaron a construirse con esta práctica, pero como las piedras se iban gastando y no tenían otro material, se optaba por el tapial, en el que a las piedras se añadía tierra húmeda aprisionada, mejor si era arcilla.
Para dar a conocer la piedra en seco, Omezyma y la asociación cultural El Cachirulo de Torrecilla organizaron conjuntamente una actividad el domingo en la que Luis Gracia mostró la piedra en seco y Jesús Pallarés dio a conocer el Molí Siscar de Belmonte de San José, en el que se molía grano y la acequia que regaba aguas abajo la ahora inexistente huerta de La Codoñera y Torrecilla de Alcañiz.
Para acometer estas construcciones se empleaban materiales de la zona e incluso se llegaban a realizar desmontes en rocas picando piedra de las canteras. «La piedra más mala se empleaba para bancales y construcciones menores y la buena para las viviendas, aunque en este caso había que modelarla», especifica Gracia, vecino de La Codoñera y agricultor de profesión aficionado a la piedra en seco por herencia familiar. Dependiendo de la zona y del tipo de piedras con las que se contaba, la construcción era diferente.
«Es destacable el sacrificio que hicieron, mover la piedra cuesta mucho, estuvieron años trabajando. Hay paredes por todo el término, por el monte y hasta en las puntas de las montañas. Hay bancales que no pasan de los dos metros de ancho. Estuvieron trabajando por todo el territorio y eso ya se ha perdido con la introducción de la maquinaria, los pequeños bancales ya no se pueden trabajar y tampoco serían rentables. Queremos homenajear su trabajo porque es encomiable. Nosotros ya nos lo hemos encontrado todo hecho y por dejadez o falta de uso se está perdiendo
Muchas de las construcciones de piedra en seco de la zona se han ido perdiendo con los años por la falta de cuidado y mantenimiento pero otras siguen resistiendo el paso del tiempo. Unas de las más características del Bajo Aragón son las neveras y también se puede encontrar piedra en ayuntamientos e iglesias, especialmente en la parte baja. En la alta, como explica Gracia, en algunos edificios ya se optaba por los antiguos ladrillos, pero manteniendo la base.








No se puede avanzar viviendo del pasado, por mucho valor que tuviera y tenga. Hay que abrir nuevos frentes para dar vida a las nuevas generaciones.