10 Rincones instagrameables del Bajo Aragón histórico

La red social Instagram nos descubre nuevos lugares que visitar gracias a las fotografías que suben sus usuarios. Mediante el uso de hashtags como #SienteTeruel podemos acceder a cientos de imágenes tomadas en la provincia que son “instagrameables”, dignas de ser retratadas, publicadas, comentadas, ‘likeadas’ y compartidas. Atendiendo a estos criterios hemos hecho nuestra propia lista con los 10 rincones más llamativos del Bajo Aragón Histórico para que vayas, los disfrutes y cuelgues tu fotografía en Instagram.

La bicicleta rural más fotografiada del Matarraña se encuentra atada a una fachada azul añil en frente del castillo de Valderrobres.

La tradición de mezclar la cal con unos polvos de azulete que se utilizaban para lavar la ropa es morisca y se puede ver en las casas aragonesas antiguas. Cuentan los mayores que el color espanta a moscas y mosquitos y, en tiempos pasados, evitaba el roce de los animales que se utilizaban para las labores del campo. Además, su uso tiene un propósito mucho más trascendental: ahuyentar al demonio y a todos los males relacionados con él.

Para encontrar este rincón solo tienes que cruzar el río Matarraña y perderte por las calles del casco antiguo con la vista puesta en el castillo.

Una cabra montesa de cuatro por cuatro metros da la bienvenida a los viajeros a ‘The Silent Route’, los 63 kilómetros de carretera A-1702 que comparten las comarcas de Andorra-Sierra de Arcos y del Maestrazgo y que son un atractivo turístico en sí mismo. La cabra está en el punto kilométrico 17,300 (término municipal de Ejulve) ya que allí se encuentra uno de los mejores miradores de la ruta.

Se adivina el gran surco abierto en la sierra por el río Guadalope y se vislumbran de derecha a izquierda los altos de las Coronas de Aliaga marcando el horizonte por el sur, los altos de Pitarque con su Peñarrubia, y detrás las alturas de Fortanete, los altos de la Cañada de Benatanduz y las Muelas de Villarluengo y Cantavieja.

Después de la fotografía con la cabra, comienza la aventura con tres paradas obligatorias: los estrechos de Valloré, los Órganos de Montoro y el nacimiento del río Pitarque.

Un gigantesco Luis Buñuel mirando el casco urbano de la localidad que le vio nacer a través de una cámara de vídeo es la estampa con la que se encuentran todos los conductores que atraviesan Calanda desde el año 2017.

Buñuel llama la atención de los visitantes para que se queden a descubrir –como propone el mural- el patrimonio y las rutas moteras; degusten el aceite y los melocotones; y vuelvan en Semana Santa.

Monjas Agustinas estuvieron cruzando por encima de la puerta de la muralla de Mirambel -adosada a su convento- entre los años 1564 y 1980. Para ocultar su paso, la galería de tres pisos se cerró con unas preciosas celosías de madera, barro y yeso.

Hoy en día, se conoce como el Portal de las Monjas y es la joya de esta localidad del Maestrazgo. Hacia el exterior se abre por un arco de medio punto, mientras que hacia el interior el arco es apuntado. Además, una pequeña capilla guarda la imagen de Santo Tomás.

Justo antes de cruzar el túnel que desemboca en Castellote, hay una ermita en la ladera del monte conocida como Ermita del Llovedor, ya que junto a ella se filtra el agua por la ladera los 365 días del año.

Cuentan que en el año 1405, esta localidad del Maestrazgo estaba sufriendo una dura sequía por lo que once mozos del pueblo fueron en romería a la Ermita de la Balma en Zorita (Castellón) para pedir a la virgen su intercesión para que lloviese. Como la gracia les fue concedida continuaron peregrinando anualmente hasta que el obispo de Tortosa les negó el acceso al templo y construyeron su propia ermita en Castellote.

Si caminas por la plaza de San Antón de Híjar y continúas por las calles contiguas de la Fuente, Jesús y Azaguan, podrás observar estrellas de David dibujadas con adoquines en el suelo.

Se trata del barrio judío de Híjar y entre sus vestigios se encuentra la sinagoga, hoy convertida en la iglesia de San Antón. Como judería que era, disponía además de su propio horno, carnicería, su baño ritual o “miqwe”, el “fossar” y escuela talmúdica, donde enseñaban a los niños su doctrina religiosa.

Con 4.200 metros cuadrados de planta, el castillo de Aliaga es el más grande en superficie de la provincia de Teruel.

Declarado Bien de Interés Cultural (2006) y ante los graves problemas de conservación que presenta, el Ayuntamiento de la localidad emprendió este 2020 una carrera contrarreloj para conseguir las escrituras.

La fortaleza fue comprada en el año 1972 por una familia de Cataluña después de que Patrimonio del Estado la sacara a subasta con un precio inicial de 1.500 pesetas. Después de tres meses se localizó a los herederos de los primeros adquirientes y ahora el castillo está a un paso más cerca de su rehabilitación.

Del convento servita construido a finales del siglo XVIII en Cuevas de Cañart, se conservan únicamente las ruinas de su iglesia dedicada a San Miguel, que representan solo el 10% de la superficie total.

La fachada todavía se mantiene relativamente íntegra, mientras que en el interior apenas se conservan los muros perimetrales, algunos fragmentos de bóvedas y varios pilares de separación de las naves. Destaca, junto a la cabecera, en el lado del Evangelio, una capilla cubierta con cúpula, cuyos muros están decorados con bajorrelieves de estuco.

El macizo montañoso que separa el valle del Ebro del Mediterráneo lleva por nombre los Puertos de Beceite. Sus abruptas montañas, horadadas por numerosos ríos y barrancos, esconden impactantes parajes fluviales como el Parrizal de Beceite, un paseo junto al río Matarraña entre paredes de piedra.

En la misma localidad, encontramos la Pesquera, un espacio de gran belleza visual, donde se puede disfrutar de las numerosas pozas que se han formado gracias a la erosión del río sobre las rocas.

Y a escasos kilómetros de la localidad de La Portellada, El Salt sorprende con una cascada de 20 metros de agua.

Un grupo de espeleólogos del S.P.E.S. del club de ski Puigmal de Barcelona descubrió en abril de 1961 con la ayuda de los vecinos de Molinos las Grutas de Cristal, situadas a escasos 3,8 kilómetros de la localidad.

Dentro del corazón de la montaña podemos caminar por salas subterráneas que el agua ácida ha creado a lo largo de millones de años infiltrándose por las fisuras y grietas de la roca caliza. Este proceso crea formaciones de gran belleza como estalactitas y estalagmitas, discos, coladas, columnas, estalactitas excéntricas, formaciones coralinas y banderas.