Los municipios del Bajo Aragón Histórico continúan conmemorando el Santo Entierro con procesiones y eucaristías, donde recrear con solemnidad y duelo la muerte de Jesús. En este Sábado Santo, aunque con nervios y el corazón en un puño ante los avisos de lluvia, las rogativas o la suerte han hecho de las suyas, permitiendo celebraciones con normalidad. Es el caso de Calanda y Alcañiz, localidades en las que multitudinarios actos han dado paso al cese de los tambores.
Sellado del Sepulcro en Alcañiz
Seguramente sea el Sellado del Sepulcro el acto que más respeto trae consigo y que más fija la atención de los alcañizanos. La recreación del cierre del sepulcro de Jesús tras la Procesión del Entierro, de nuevo, conmovió y puso la piel de gallina a los presentes en una ventosa tarde de Sábado Santo. Marcando, además, el sellado y la posterior resurrección de Cristo, la distinción entre el Antiguo y el Nuevo Testamento.
Antes de llegar a la ceremonia en la plaza de España, la virgen de La Soledad, con el manto en movimiento por el clima, cerró la procesión del Santo Entierro. Delante de ella, la Cofradía del Santo Entierro, los estandartes o los baturros con las tortas de Pascua bendecidas. Todos ellos, custodiados por dos ríos de tamborileros que marcaron el ritmo a las más de 2.000 personas que participaron. La procesión recorrió la parte alta y baja de la ciudad durante dos horas de camino hasta llegar a las puertas del ayuntamiento.
Poco hueco había en los balcones, mientras que en el suelo, hubo que esquivar cabezas para poder ver. Hay quién se puso de puntillas, otros estiraron el brazo para inmortalizarlo, al menos, en el móvil. Lo que está claro es que, vecinos y visitantes, a ninguno se le escapó el más mínimo detalle.
En buenas manos
Con una mirada cómplice asentía Javier Alejos a su hija Sheila mientras le colocaba la capa de capitán de los romanos. Con 22 años, toma así el relevo y es la primera mujer en el cargo, al igual que fue hace ocho años al entrar en una cuadrilla cada vez con más presencia femenina. Escena similar protagonizaron padre e hijo Lasmarías. En este caso, también es Daniel quien sucederá a Ángel como hermano mayor de los hebreos, y con él, ya serán tres las generaciones en el puesto.
En las dos familias ha sido un sellado -aún más- para el recuerdo, el sellado del relevo y del orgullo por ver seguir los pasos. Las dos manos encargadas del momento cumbre dejan su puesto en buenas manos, sin cerrar del todo un círculo que precisamente también comenzaron al unísono hace 25 años, en el 1998.
Últimos redobles
Como si de un botón se tratase y estuviera hecho a posta, caían las primeras gotas justo cuando el párroco devolvió el estruendo a la plaza. «¡Qué suenen los tambores!», pronunció con ímpetu. Y sonaron, y las fileras perfectamente marcadas se dispersaron, haciendo todo un río de túnicas azules que conectaba el ayuntamiento y la excolegiata. Con fuerza tocarían, sabiendo que eran los últimos redobles. Tras finalizar la procesión, los tambores tocaron con más fuerza que nunca hasta el cese, que tuvo lugar a las 20.00 por segundo año consecutivo.
En este Domingo de Pascua, queda pendiente en Alcañiz la procesión de las Palometas, una de las más y vistosas y queridas por los vecinos de la capital bajoaragonesa.
Una discusión en Calanda confirma el milagro
Eran las 8 y media de la mañana de un Sábado Santo y los calandinos, bien madrugadores, ya desfilaban y hacían sonar sus tambores por las calles y la plaza del Pilar. Dentro, en la Parroquia de la Esperanza, un característico olor a flores frescas llegaba nada más atravesar la puerta. Ahí, el reconocido color morado se fusionaba con el negro del duelo.
El pueblo estaba listo para la procesión del Santo Entierro, en la que participan todas las cofradías de la localidad. En la procesión, y de manera más austera, desfilaron dos pasos, la Cofradía de la Soledad con la Virgen y el cuerpo de Jesús en un ataúd de cristal porteado por la Cofradía del Santísimo con sus túnicas y terceroles negros y escoltado por los putuntunes y Longinos para cerrar el desfile.
Aunque le siguieron las esclavas o la Guardia Romana con su joven cantera. Como no, también vecinos, y más vecinos, y más visitantes que habían alargado su estancia después de la Rompida de la Hora. Uno a uno, fueron saliendo del templo. El toque solemne de los tambores y bombos y la Banda de Música Gaspar Sanz se fusionaban con un estremecedor sonido de las cadenas de los penitentes.
Al terminar el recorrido y de nuevo a las puertas de la Parroquia, se abrió un amplio hueco para el auto sacramental del Sellado del Sepulcro, el que se representa desde "tiempos inmemorables". El enfado de Longinos al ver que los sellos se han quitado y el cuerpo de Jesús no está en el ataúd, desencadena en la lucha entre Longinos y Centurión. La recreación confirma "el más grande misterio de la región", la resurrección de Jesucristo.





































