No cabe duda de que el austriaco HEINRICH HARRER (1912-2006) fue uno de los aventureros más influyentes de su tiempo, y también que sus hazañas han servido de base para un buen número de libros y películas.
Esquiador y alpinista, llegó a formar parte del equipo olímpico de esquí alpino de su país en los JJ.OO. de 1936. Fue también miembro de la cordada que completó en 1938 la codiciada primera ascensión por la cara norte del Eiger en Suiza —conocida como la "Pared Asesina"—, una aventura que narró en su libro La araña blanca..., y muchas más expediciones por el mundo hasta una edad avanzada.
Pero lo que nos interesa a nosotros ocurrió en el año 1939, cuando HARRER viajó a la India como parte de una expedición financiada por los nazis que intentaba escalar el Nanga Parbat. Allí, el estallido de la Segunda Guerra Mundial los sorprendió con el piolet en la mano. Detenidos por el ejército colonial británico en 1944, fueron recluidos, tras varios traslados, en un campo de prisioneros en Dehradun, a los pies del Himalaya.
HARRER y un compañero lograron escapar, consiguiendo llegar hasta el Tíbet, un país neutral pero en el que los extranjeros tenían prohibida la entrada. En 1946, tras dos años de peregrinaje y casi mil kilómetros recorridos a pie, él y su compañero entraron, camuflados entre la gente, en la ciudad sagrada de Lhasa, donde el dalái lama tenía su residencia de invierno. Eran prácticamente los primeros europeos que pisaban aquel lugar.
Lhasa era la bellísima capital de un país feudal y teocrático, dice Alberto Gordo en un artículo, pero esencialmente pacífico. Los peregrinos se instalaron en casa de un matrimonio tibetano, aprendieron el idioma y se mezclaron con la gente. Pero, desde las azoteas del palacio dorado del joven rey dios —el dalái lama—, este observaba con su telescopio a aquellos europeos que se movían por las calles como dos tibetanos más, y pidió conocerlos, y con el tiempo entabló amistad con ellos.
HARRER cuenta todas estas maravillosas aventuras en un libro mítico: Siete años en el Tíbet, del que se han vendido millones de ejemplares en todo el mundo; un clásico ahora felizmente recuperado por Libros del Asteroide y que os apremio a que leáis, pues pocas veces os vais a encontrar con un libro de viajes tan absorbente y extraordinario y explicado de forma tan poderosamente simple. Este texto fue adaptado al cine en 1997, con Brad Pitt en el papel de HARRER.
Para terminar, deciros que en un colofón de 1992, el alpinista señala las nefastas consecuencias de la invasión china: miles de tibetanos partieron al exilio, otros tantos fueron vejados y asesinados, entre ellos muchos monjes, y se destruyeron cientos de monasterios. HARRER lamenta lo poco que sobrevivió de Lhasa, y de su patrimonio cultural, y la estandarización llevada a cabo por los chinos, que sustituyeron las imágenes religiosas por retratos de Mao y llenaron las calles de tiendas, tabernas y casas de juego con farolillos rojos.
La aventura de HARRER no es solo una historia de coraje y perseverancia, sino también una mirada inédita a un mundo que vivía, sin saberlo, sus últimos días.
Antes de morir, HARRER confesó que su mayor error, del cual se arrepintió toda su vida, fue el de haberse afiliado a las SS en su juventud.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz




