La magia se torna realidad cada equinoccio en el santuario solar conocido más antiguo del planeta, el del Frontón de la Tía Chula en Oliete, en la comarca de Andorra-Sierra de Arcos. A partir del 21 de septiembre (equinoccio de otoño) o en las mismas fechas del mes de marzo (equinoccio de primavera), la luz solar atraviesa al amanecer dos oquedades perforadas en la roca por el ser humano hace más de 4.000 años y se proyecta en la ladera. Desde el pasado miércoles, decenas de personas se han acercado hasta el santuario solar para admirar el fenómeno, que alcanzó su pico de intensidad este viernes 23 de septiembre, y que podrá seguir contemplándose hasta el domingo. La cita solar comienza sobre las 9.00.
El Frontón de la Tía Chula aguarda en la margen derecha del río Martín, muy cerca del casco urbano de Oliete, donde comienza la cerrada de Sancho Abarca, en las estimaciones de la sierra de los Moros. En sus paredes se hallan unas pinturas rupestres -declaradas Patrimonio de la Humanidad en 1998- que tienen más de 4.000 años de antigüedad y están adscritas al arte esquemático. El grupo pictórico lo conforman 9 figuras rojas que cubren un espacio liso de unos 40 centímetros de altura y entre 20 y 10 centímetros de anchura. El conjunto está formado por cuatro trazos verticales, gruesos e irregulares, de unos 25 cm de largo de promedio, salvo el primer trazo que se observa parcialmente debido a la pérdida de gran parte de la pintura. Estos trazos están cruzados por un quinto horizontal a mitad de altura. Bajo este grupo se localiza un singular signo formado por tres cortos trazos verticales, gruesos como los anteriores, cerrados -más que cortados- en su parte superior por otro signo horizontal originando dos espacios interiores libres de pintura. A la derecha se distingue un pequeño hombrecillo cornudo y esquemático, «chamán», asociado a dos manchas o confusos signos de apariencia circular, esteliformes o en forma de astro.
Fenómeno solar dibujado en las pinturas rupestres
Ya en el momento de su descubrimiento en el año 1994, el director del Parque Cultural del Río Martín y vecino de Oliete, Pepe Royo; y el profesor Antonio Beltrán describieron el conjunto de pinturas y peñascos como un lugar de culto vinculado al sol. Esta hipótesis se confirmó hace pocos años, cuando en el 2005 Miguel Giribets les proporcionó información sobre el fenómeno de los equinoccios. Comprobaron que a escasos 10 metros de las pinturas, a la derecha, frente al frontón hay un peñasco con dos oquedades cuadrangulares de 1,5 metros de alto y 40 centímetros de ancho, claramente antrópicas por el paralelismo y simetría entre ambas, una de las cuales, la de la derecha -la otra está obstruida con piedras- es atravesada al amanecer por los rayos solares en los equinoccios.
Este fenómeno es el que se describe en las pinturas: el sol entra desde arriba, son las cuatro rayas verticales, los rayos solares, que las pinturas reflejan sobre la hornacina, "la puerta del sol". A esto hay que añadir el dibujo del brujo bailando, realizando un ritual, y dos signos circulares, que se podrían interpretar como dos soles, los dos equinoccios, el de primavera y el de otoño. Se trata de una especie de pictograma, pues todas las sociedades agrarias prehistóricas desarrollaban sus cosmogonías en torno al sol.
El Frontón de la Tía Chula fue un lugar de reunión religiosa, civil o ritual, relacionado con el momento en que se inicia en la agricultura el ciclo de la vida (primavera) y la muerte (otoño), en un momento histórico en el que comenzaba la agricultura. El encanto de este enclave rebasa las fechas del equinoccio, aunque sin duda, estos días, es un buen momento para visitarlo.









