Hasta la vista, amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final".
Bien, desafiantes lectores, esta es una de las frases más famosas de Philip Marlowe, el inmortal detective (quién no memoriza, al nombrarlo, a Humphrey Bogart con su sombrero y gabardina…) creado por Raymond Chandler en su novela "El largo adiós". Y como el escritor marplatense Osvaldo Soriano (1943-1997) era un adicto a las novelas de este pionero del género negro americano, decidió sacar de esta frase el título de su primera novela: ‘Triste, solitario y final’, escrita en 1973.
Soriano comenzó a trabajar como periodista en los años 60 -oficio que nunca dejó de ejercer- y se dio a conocer como escritor de ficción con esta insuperable novela que hoy os recomiendo (rescatada acertadamente por la editorial Altamarea para todos aquellos lectores que no han tenido la oportunidad o la suerte de leerla todavía). A pesar de exiliarse en Europa durante la dictadura argentina, pronto se convirtió en el autor vivo más leído en su país; y a su regreso, en 1982, se consagró definitivamente como un clásico contemporáneo de la literatura argentina.
Además de su adicción a Chandler, Soriano recordaba siempre con admiración y cariño a dos personajes que hicieron feliz su infancia: el Gordo y el Flaco, los personajes cómicos que encarnaban en la ficción los actores Oliver Hardy y Stan Laurel, siendo un entusiasta seguidor de los más de 200 cortometrajes que protagonizaron. Y con todas estas personas y personajes y añadiéndose él mismo, ideó un cóctel literario admirable, una historia maravillosa que interpela los límites de la ficción, creando un mundo propio, muy tierno y a la vez grotesco, en el que los personajes de ficción y "los reales" se pasean por la ciudad de Los Ángeles como si tal cosa.
En la trama, vemos a un viejo y cansado Stan Laurel (el Flaco), lejos ya de los días de gloria en los que formaba con Oliver Hardy el dúo más famoso de la historia del cine, llamar a la puerta del detective Philip Marlowe para encargarle que averigüe por qué los productores de Hollywood hace tiempo que dejaron de ofrecerle trabajo. Años después de esta escena, en un cementerio de Los Ángeles, frente a la tumba de Laurel, Marlowe se encuentra a alguien que busca información para escribir un libro sobre el cómico: se trata de un periodista argentino llamado Osvaldo Soriano.
Así comienza una aventura pirotécnica, llena de humor y de acción, en la California de finales de los 60, con el detective y el novelista como insospechada pareja protagonista de una historia entre realidad y ficción, entre la risa y el llanto, y en la que van apareciendo, entre otros, John Wayne, Charles Chaplin -que no sale muy bien parado-, Jane Fonda o Dick van Dyke.
Estamos, en verdad, ante una de las novelas más geniales y entretenidas de la literatura contemporánea en lengua española. Una novela que, por ejemplo, ha hecho decir al gran Julio Cortázar: "Yo también, al doblar la última página, me he sentido triste, solitario y final. Pero encender otro cigarrillo y volver a llenar el vaso eran pequeña ceremonias reconfortantes, signos de que la vida estaba aún ahí, y que me había dado tiempo a leer un hermoso libro".
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz
Triste, solitario y final
RESEÑA. Hasta la vista, amigo. No le digo adiós. Se lo dije cuando tenía algún significado. Se lo dije cuando era triste, solitario y final"




