Invierno, año nuevo, noches oscuras y frías, quizá viento tempestuoso tras los cristales…; momentos perfectos estos para escuchar historias de fantasmas y aparecidos, como hacían nuestros antepasados, al calor de una chimenea. Ahora, poco a poco, hemos ido perdiendo la tradición de la oralidad. Sin embargo, aún nos queda el libro: el irresistible placer de leer bien abrigados alguna historia que transcurra entre las tinieblas de una tarde invernal, mientras la niebla va bajando por los páramos helados y los vientos gélidos se cuelan por las grietas de enormes casonas.
Bien, si ha habido quien se caracterizara por la maestría a la hora de abordar estos cuentos de fantasmas, han sido, sin duda alguna los victorianos: a ellas se dedicaron numerosas plumas de la época, que enloquecieron a los protagonistas de sus relatos con visitas de bellas mujeres sepulcrales o casas encantadas en las que los pianos tocan solos y sus antigüos habitantes no acaban de irse del todo… Uno de los primeros, quizá uno de los mejores, fue Charles Dickens, pero también demostraron su valía Wilkie Collins, M.R. James, Sheridan Le Fanu, Henry James o el gran Oscar Wilde. Todos ellos oscurecieron la labor de un nutrido grupo de mujeres que fueron famosas y cosecharon grandes éxitos en otros campos de la literatura, como la novela romántica. Sin embargo, sus historias góticas, lamentablemente, fueron relegadas al olvido. En estos días, la editorial Impedimenta acaba de publicar un libro verdaderamente memorable y maravilloso: «DAMAS OSCURAS. Cuentos de fantasmas de escritoras victorianas eminentes»; y que recopila y rescata 20 relatos de 20 escritoras del mundo victoriano anglosajón que nunca debieron de ser olvidadas.
Siguiendo la estela dejada por Mary Shelley en su «Frankenstein», escritoras de renombre como Charlotte Brontë, Vernon Lee, Willa Cather o Elizabeth Gaskell, decidieron adentrarse en el mundo de lo tenebroso y sobrenatural con resultados sorprendentes. Lo cierto es que ninguno de los relatos de este volumen tiene nada que envidiar a los de los grandes escritores, algunos los superan con creces. Los hay que son verdaderas obras maestras de ambientación, de ingenio y, también de mucho humor.
En la época victoriana, las «damas oscuras» fueron, sin duda alguna, las reinas del Más Allá.