Seis joteros del Bajo Aragón-Histórico se han hecho un hueco en las finales del certamen oficial de jota de canto y baile del Ayuntamiento de Zaragoza. En la categoría extraordinaria, la caspolina Marian Altés, Javier Lasmarías de Albalate del Arzobispo y Lucía Claver de Samper de Calanda competirán por sorprender al jurado con sus voces. En el premio ordinario, Maximiliano Miravall de Maella hará lo mismo. La final de ambas categorías se disputará el domingo, en el Auditorio de Zaragoza.
Las actuaciones infantiles, juveniles y benjamines serán este sábado, en el mismo escenario. En estas categorías, la única representación del territorio recae en la pareja de baile benjamín Helios González y Sofía Ionica.
El dúo comenzó a ensayar en verano y el hecho de haber llegado hasta la final ya lo vive como un gran logro. «Nos enfrentamos a escuelas de mucha categoría y con más recursos, así que estamos muy contentos», destaca su preparador José Antonio Pedrós, dueño de la escuela de jota que lleva su mismo nombre en Alcañiz.
Aunque el mérito para haberse clasificado en la final es indudable, se suma el hecho de que la quinta plaza para optar al podio quedó desierta. En la semifinal, los alcañizanos tuvieron que subirse al escenario solos, sin la presencia ni de su profesor ni de sus familias y amigos. De esta forma, la organización del certamen se asegura que nadie, excepto el jurado, haya visto con anterioridad las actuaciones del resto de participantes.
Este sábado el ambiente será completamente distinto dado que las entradas ya se han agotado. «El público es otro factor que hemos tenido en cuenta intentando traer gente a los ensayos y que no salgan tan nerviosos al escenario», comenta Pedrós.
La pareja bailará la jota de Antillón. Según las bases del concurso, todos los participantes deben bailar una jota de tres coplas que, además, se interpretará en directo por una rondalla. Los músicos y cantadores incorporarán variaciones sorpresa a las que los concursantes tendrán que saberse adaptar a la perfección. El preparador también ha tenido en cuenta este aspecto y durante los ensayos, explica, ha jugado con las músicas para «intentarlos engañar».
En la jota bailada, la pareja tiene que reproducir los movimientos al milímetro para asegurarse que saltan o elevan los brazos a la misma altura, por ejemplo. Como deben bailar con el traje regional, en las sesiones preparatorias, los jóvenes alcañizanos se han vestido para acostumbrarse a moverse con todas las prendas.