En Alcañiz, en pleno corazón del Bajo Aragón, nació Alberto Quílez, un docente que ha hecho de la cercanía su herramienta más poderosa. Doctor en Educación, maestro de Educación Primaria y Especialista en Neuropsicología, ha sido nominado por tercer año consecutivo al prestigioso galardón de Mejor Docente Universitario de España. Este reconocimiento, otorgado por la plataforma pedagógica Educa junto con la Fundación Abanca, va más allá de lo académico, reflejando una trayectoria de compromiso humano y profesional.
Desde la Facultad de Ciencias Humanas y de la Educación en Huesca, Alberto no solo imparte clases, sino que cultiva relaciones. «Es un honor ser nominado por tus propios alumnos», comenta con humildad. Para él, ser propuesto por sus estudiantes año tras año tiene un significado profundo. «La experiencia es inolvidable. La primera vez siempre es la más especial, pero cada edición te aporta algo nuevo», reflexiona.
Este 2024, Quílez se enfrenta de nuevo a la posibilidad de ser reconocido como el mejor docente universitario de España. Ya fue finalista en 2022 y 2023, quedando en tercera posición el último año. Sin embargo, no pierde de vista lo esencial: «Lo más importante es el aprendizaje continuo que extraes de cada experiencia», señala.
Quílez no solo destaca por su labor como profesor, sino también por su trabajo en investigación, especialmente en el ámbito de las altas capacidades. Dirige la Cátedra Caja Rural de Teruel, donde se enfoca en el desarrollo del talento y la personalización del aprendizaje. «Personalizar la enseñanza es fundamental, porque la diversidad en el aula ya es la norma, no la excepción», explica.
Con una visión integradora, Quílez ha trabajado en programas educativos que buscan desarrollar la inteligencia y atender las necesidades de cada alumno. «Estos proyectos son exigentes, pero permiten dotar a los estudiantes de oportunidades reales de crecimiento», añade.
Uno de los grandes aciertos en su carrera, según nos confiesa, fue su especialización en neuropsicología. «Lo mejor que hice fue esa formación en neuropsicología. Me ayudó a entender muchas de las dificultades que veía en el aula y a intervenir de manera más efectiva», afirma. Este conocimiento le ha permitido abordar con mayor precisión los retos de la educación inclusiva, especialmente en su trabajo con alumnado con necesidades educativas especiales.
Uno de los puntos clave de su filosofía docente es la cercanía con los estudiantes. «Trabajo en una facultad pequeña, lo que facilita la relación con los alumnos. Mis puertas siempre están abiertas, y eso crea un ambiente de confianza», comparte. Para Quílez, la enseñanza no termina en el aula, sino que implica estar presente en la vida de sus alumnos, tanto en lo académico como en lo personal.
Al hablar sobre la formación de futuros maestros, es claro. «Nos falta darle más peso a la práctica. Los estudiantes de Magisterio necesitan estar cuanto antes frente a la realidad del aula», confiesa. Según él, solo enfrentándose a los desafíos reales pueden comprender el verdadero significado de ser maestro. «Es en la práctica donde encuentran su pasión y descubren el impacto que pueden tener en sus alumnos», destaca.
A pesar de su amor por la docencia, Alberto también encuentra en la investigación un espacio de crecimiento personal. «Ahora mismo, la investigación es lo que más peso tiene en mi carrera», confiesa. Entre cátedras, proyectos de investigación y participación en iniciativas europeas, ha logrado equilibrar ambos mundos. «Disfruto de la docencia, pero la investigación es un reto apasionante», matiza.
Antes de concluir la entrevista, le pedimos un consejo para los jóvenes profesores que aspiran a marcar la diferencia. «Escuchar y acompañar a los alumnos es lo más importante. La educación no es solo transmitir conocimientos, sino entender y estar al lado de las personas», concluye.
Alberto Quílez, con su enfoque humano y su pasión por el aprendizaje, sigue demostrando que la enseñanza es, ante todo, un acto de conexión personal. Mientras espera los resultados de su tercera nominación, sigue dedicándose a lo que más le gusta: educar.