Un intenso y agradable aroma a trufa negra de Teruel se hizo con toda la sala del Gastrobar Micelios de Alcañiz con motivo de la XIV edición de las Jornadas Gastronómicas de la Trufa Negra de Teruel, que se celebran desde el día 5 de febrero hasta el 15 de marzo.
A lo largo de la jornada, los participantes se sumergieron en la cultura y los secretos de la trufa negra tubermelanosporum, la variedad más apreciada. Además, pudieron explorar sus propiedades sensoriales a través de los sentidos y aprendieron sobre su proceso de recolección, su uso culinario y su correcta conservación.
El taller fue organizado por la Asociación Teruel Empresarios Turísticos en colaboración con Atruter, Asociación de Recolectores y Cultivadores de la Provincia de Teruel.
El evento reunió a 22 personas que pudieron conocer más sobre este codiciado hongo. La jornada comenzó con una introducción por parte de Paloma Lorente, representante de la Asociación de Truficultores de la provincia y miembro del Panel de Cata de Trufa Negra, el único panel en el mundo dedicado a la evaluación sensorial de la trufa. Durante la charla, Lorente explicó cómo distinguir una trufa auténtica y las mejores prácticas para aprovechar sus propiedades olfativas ygustativas.
Además, se destacó que la provincia de Teruel cuenta con 11 hectáreas dedicadas al cultivo de la trufa negra, de las 11.500 hectáreas que existen en toda la comunidad autónoma de Aragón, lo que subraya la importancia de esta región en la producción de este apreciado producto.
La trufa negra de Teruel es un producto con características excepcionales que requiere frío para madurar adecuadamente. Durante los meses de noviembre a febrero, las trufas empiezan a liberar su aroma, pero no están completamente maduras hasta que el frío del invierno se intensifica, lo que permite a la trufa alcanzar su característico tono negro. Este proceso es crucial para el desarrollo del producto. De las más de 70 variedades de trufa identificadas en el mundo, alrededor de 40 son comestibles, destacando la trufa negra por su aroma único.
El taller también incluyó una demostración de la cata de trufas, valorando aspectos como la vista, el olfato y el tacto. Además, se habló sobre las distintas categorías de trufas según su tamaño y calidad: lacategoría extra (trufas de más de 20 gramos y sin daños), la trufa de primera (más de 10 gramos, con efectos ligeros y abrasión superficial) y la categoría segunda (ideal para la elaboración de productos). También se mencionaron las trufas que presentan moho o han sido atacadas por animales.
Instantes de la jornada en el Gastrobar Micelios de Alcañiz. / S.C. / C.I.
Un aspecto clave de la jornada fue la enseñanza sobre los métodos de conservación de la trufa, un ingrediente con una vida útil de entre 12 y 15 días desde su cosecha. Se destacó que el aceite es un excelente propagador de hongos, por lo que se debe tener cuidado al conservar la trufa en aceite, no dejándola más de 10 días. La recomendación a los asistentes fue rallarla fresca para disfrutar de su sabor y aroma más intensos.
El taller se complementó con demostraciones culinarias de tres chefs locales.Kike Micolau, del Restaurante OAK de Valderrobres, preparó un Aguacate del Delta trufado y asado.Ignacio Alcalá, chef de la Fonda Alcalá en Calaceite, sorprendió a los asistentes con una Tosta de Anchoa del Cantábrico, mermelada de cebolla caramelizada, panceta ibérica y Trufa Negra de Teruel. Manuel Barrau, anfitrión del evento y chef del GastroBar Micelios, cerró la jornada con una innovadora Panacota de Trufa Negra de Teruel, un plato dulce que mostró la versatilidad de la trufa en la cocina.