Amar la tradición como calandino de adopción: el pregón de Julio Ramos en Calanda

VÍDEO Y FOTOGALERÍA. Ningún calandino faltó este domingo al acto de inicio de su Semana Santa, donde Antonio Royo recibió el Tambor de Oro y las nueve cofradías brillaron con sus toques
Publicado por Camila Ortiz Tomaselli el 27 de marzo de 2024

Minutos antes de que este domingo empezara el pregón de la Semana Santa en Calanda, dos vecinas hablaban a las afueras del pabellón multiusos. Era difícil distinguir todo lo que decían porque no eran las únicas en mantener esas últimas conversaciones previas a uno de los momentos más esperados para el pueblo, pero lo que está claro es que ellas, a diferencia de los demás, hablaban de alguien con nombres y apellidos. «Si hombre, él siempre ha estado muy vinculado con todo lo que es su cofradía», le decía en un momento una a otra. Y aunque no mencionaran su nombre, ya dentro del recinto, el pabellón entero podría haber deducido que no podía hablar de otro que no fuera el gran protagonista de la noche: Julio Ramos Robles, pregonero 2024.

El silencio como muestra de cariño que se mantuvo durante toda su intervención -respetuoso, entrañable, y únicamente interrumpido por pequeñas risas- fue prueba de ello. El ambiente que se vive como parte de un pregón puede ser de gran tensión. Plantarse delante de decenas de personas y abrir el corazón no es algo que cualquiera pueda hacer. Pero el encargado de este año no estaba nervioso, en parte quizás porque esta era una tarea que ya había realizado durante ocho años mientras era presidente de la Junta Coordinadora, y más probablemente porque tenía claro que quería ofrecer una perspectiva diferente a la de otros pregones: la de aquel que llega aquí y aprende a querer esta tradición como si la hubiese vivido desde siempre.

A él, de hecho, le ocurrió al llegar a Calanda desde Barcelona cuando tan solo tenía siete años. «En ese entonces acababa de descubrir algo nuevo, diferente. Qué entrañables recuerdos los de aquellas primeras noches de ensayos en el antiguo Hospitalillo», comenzó rememorando en su pregón. «Todavía hoy, cuando pasó por aquel lugar con el coche, no puedo evitar desviar la mirada hacía allí».

Esta era su oportunidad para intentar trasladar en palabras «el poder» que el amor por la Semana Santa y sus tambores y bombos puede ejercer sobre una persona para marcar su vida, tal y como le ha ocurrido a él. Y para ello contó, por ejemplo, que fue su padre quien le acompañó a las procesiones durante los primeros años hasta que formó su cuadrilla de amigos, muchos de ellos presentes en la sala. También hizo referencia a sus inicios en la cofradía de El Encuentro, donde ha sido costalero y responsable del grupo, y donde ahora, años después, hasta sus dos nietos son cofrades. Pero sobre todo lanzó la idea de que «Calanda tiene un tesoro» y ese no es otro que este legado semanasantístico que puede parecer fácil de conseguir, pero que es posible gracias a decenas de vecinos que en su día hicieron y hoy siguen haciendo posible esta tradición. Todo ello de forma completamente desinteresada y el mismo amor por su pueblo que ahora él siente.

Uno de estas figuras fue precisamente reconocida en este acto tras el pregón de Julio. Antonio Royo, cuya labor es imposible de resumir y quien en gran parte ha hecho posible la Guardia Romana que el pueblo conoce hoy, recibió la mayor distinción, el Tambor de Oro. «Solo espero que me dejen disfrutar de esta tradición tanto tiempo como sea posible», dijo antes de que sonaron dos redobles a modo de dedicatoria para su mujer. «Marifer, te quiero», exclamó antes de bajar del escenario.

El cuidado para que la tradición prevalezca no solo fue reivindicada por ambos, sino también por Manolo Royo, presidente de la Junta Coordinadora, que invitó a que los vecinos participaran con más bombos y que puso en valor que este año se haya cumplido el 50 aniversario desde que los quintos ocupan el lugar de putuntunes. «Es muestra de que todo sigue creciendo», celebró.

Y símbolo de ello también fueron las nueve cofradías, que ofrecieron sus mejores toques como broche de oro, muchas de ellas a cargo de cofrades de temprana edad. «Cada año hay más gente que quiere venir y participar. Este es un acto que nos prepara para los días grandes y que nos demuestra que el relevo está asegurado», concluyó Alberto Herrero, alcalde de Calanda.