Dos hermanos, dos genios de la literatura, dos judíos polacos que llevaron su lengua: el yiddish, a las cotas más altas de las letras. Hijos de rabino, vivieron en dos mundos distantes y ajenos: el abandonado de sus orígenes, en comunidades muy religiosas de los pequeños pueblos polacos, y en Varsovia, junto al nuevo de la diáspora en América, habitual punto de llegada de todos aquellos jóvenes emigrados, que no dejarán de aparecer en sus preciosos textos. Me estoy refiriendo, como ya habrá adivinado algún lector sagaz, a los hermanos SINGER: ISRAEL YEHOSHUA (1893-1944) e ISAAC BASHEVIS (1904-1991).
El mayor, Israel, es el autor, entre otras, de dos épicas y geniales novelas: La familia Kranowski y Los hermanos Ashkenazi; más productiva y variada es la obra de Isaac, entre las que se encuentran joyas como: El mago de Lublin, Sombras sobre el Hudson o Escoria. Sin duda alguna, los dos fueron merecedores del Premio Nobel, pero finalmente solo Isaac lo recibió en el año 1978, siendo la única vez que se concedió a un escritor en lengua yiddish.
Aparte de sus novelas, los dos fueron auténticos maestros del relato corto, saliendo de sus plumas verdaderas joyas literarias difíciles de olvidar. Pues bien, ahora han coincidido en los anaqueles de las librerías dos volúmenes que recopilan algunas de sus mejores piezas: Cuentos escogidos de Israel Yehoshua, editado por Xórdica, y Un amigo de Kafka y otros relatos de Isaac Bashevis, editado por Nórdica.
Israel, a pesar de impregnar sus relatos con un fino sentido del humor, es más épico y tradicional. Su hermano Isaac, sin embargo, practicó siempre una desternillante socarronería, ya fuera describiendo a humildes rabinos o a maliciosas reuniones de judíos en Nueva York, todo con una deslumbrante agudeza en medio de los diálogos más estrafalarios y absurdos.
El nexo de unión de los relatos de los dos hermanos es, por un lado, la vida tradicional de las comunidades judías centroeuropeas en la primera mitad del siglo XX y su paulatina disgregación por obra del progreso y del cambio de las costumbres; y por otro lado, la vida y penalidades de todos aquellos judíos que emigraron a Nueva York. Esta sutil mezcolanza entre ironía y emoción es el increíble poder de la escritura de estos dos hermanos que lograron, además, universalizar unos problemas que en principio pueden parecer exclusivamente judíos.
La devoción que profeso a estos enormes escritores hace que os los recomiende con auténtico fervor, y con la convicción de que no os defraudarán; porque, como dijo Henry Miller, todo lo que hacen es perfecto.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz