Han prometido volver a verse. Es algo que hacen con cierta asiduidad, pero desde la última convención internacional de tatuaje que se celebró en Zaragoza, todavía con más motivo. Andrés Giner y Ana Andrés entraron al Palacio de Congresos como tatuado y tatuadora y salieron con tatuaje hecho y con medallas y trofeo. Ninguno se lo esperaba porque tampoco preveían concursar. Giner (@and.resu en Instagram) es un artista. Además de poner su talento a diario en el diseño de La Comarca en todos sus soportes, es ilustrador tanto por libre como por encargo; y en Mas de las Matas, su pueblo, entrega su arte siempre en todo lo que se le requiere ya sea para diseñar carrozas, murales o lo que se tercie. De vez en cuando deja los pinceles y rotuladores para pasarse al otro lado y él mismo es el lienzo. Esto lo ha hecho en 28 ocasiones, que son los tatuajes que salpican su cuerpo, y ocho de ellos son obra de Ana Andrés. La zaragozana es parte del equipo de BlackBird Tattoo, el estudio en el que trabaja en la capital aragonesa y por el que se deja caer el masino bien para repasar algún dibujo ya hecho, bien para hacer otro. «Es cierto lo que se dice de que la tinta es adictiva y cuando te haces uno ya no puedes parar. Empiezas con dibujos que tienen todo el significado y luego ya sigues con lo que te vaya bien», sonríe. El penúltimo se lo hizo en primavera y eligieron la International Zaragoza Tatoo Convention para ello.
Ya habían acudido a un evento así pero como parte del público, esta vez iban con un objetivo: tatuar a Andrés durante la jornada. «Si vas a concurso, puedes presentar una pieza que lleves varios días trabajando siempre dentro de la convención; o en vez de hacer una grande, puedes aprovechar y en esos días del evento hacer varias», explica Ana. En su caso, acudieron con una que Andrés quería hacerse desde hacía tiempo y pensaron que podrían aprovechar ese rato. Ya metidos en harina, en el segundo día les animaron a presentarse porque «era una buena pieza y no perdíamos nada», así que, a las siete de la tarde Andrés estaba mostrando pierna. Los jueces son profesionales del tatuaje y expertos en diferentes modalidades -que hay tantas como categorías-, primero ven el trabajo en papel y luego evalúan en persona. Van colocando medallas a los participantes según consideran que va ganando puntos y la calificación se va viendo en el momento. «Me colocaron una y tampoco le di mucha importancia, pero luego me colgaron otra, otra… Nos quedamos seis en el escenario, bajaron a los tres que no tenían medalla, así que, había que intuir poco para ver que por lo menos el tercero me quedaba», ríe el tatuado.
Todo el proceso fue así, porque todo fue nuevo para los dos. «No creo que estas convenciones sean muy abiertas al público porque vas allí, pasas un momento y ves a la gente sufriendo, te das una vuelta y te marchas», dice. Esta vez su estancia se alargó todo el día y experimentó en sus propias carnes en el sentido literal de la expresión cómo es una convención por dentro. «La gente va pasando, se para, comenta, echa halagos y piropos y es una experiencia divertida», añade y reconoce que, aunque el momento evaluación fue extraño porque no sabía qué tenía que hacer, también fue divertido. «Yo iba hecho un andrajo porque no pensaba subirme a ningún sitio», adelanta entre risas. «Te subes al escenario cual perro de exhibición, se te queda mirando un buen rato gente que no conoces de nada, te evalúan y luego te pones de cara al público para enseñarle el trabajo a la gente que te mira, comenta…», recuerda divertido. Entre el público tenía al equipo de BlackBird Tattoo animando a Andrés a quien se unió Ana para recoger su recompensa, el 3º premio en categoría New School & Neotradicional. «Me dijeron que la pieza era sólida, que estaba bien hecha y que se veía que el color estaba bien puesto. Básicamente, que siendo profesionales del tatuaje, vieron uno muy bien hecho. Cada cual hizo su parte: yo tatuando y Andrés tatuado», sonríe ella, que no se guarda ningún elogio ni para Andrés ni para su piel, «muy blanquita y que acepta muy bien la tinta», lo que le «convierten en un buen lienzo».
En cuanto a él como persona, lo define como «rara avis» en el sentido de que cuando se pone en sus manos prefiere grabarse un diseño de ella antes que algo llevado para replicar. «Es como mejor puedes expresarte, si consigues a alguien como él empiezas a notar que puedes ser un profesional con estilo», dice y agradece que la confianza se diera en los comienzos. Ana (@intramaart en Instagram) se inició en 2018 y pronto vio en el tatuaje un posible rumbo profesional, cursó un grado superior de ilustración y en 2021 entró en el estudio en el que trabaja. Lo compaginó con la ilustración y videojuegos y ahora se dedica a tiempo completo a tatuar. «Tenía un montón de amigos demasiado confiados y dispuestos a dejarme sus pieles. Seguimos avanzando y con gente como Andrés que me da tanta libertad es una maravilla», sonríe.