Echa mano de una frase que emplean los chinos para tratar de definir qué es el pirograbado. «Es bordar la madera con agujas de fuego. Eso dicen ellos y es una frase que me encanta porque creo que es muy cierta», sonríe. Carlos Andreu Gracia (Maella, 1960) se sumó cuando todavía era un adolescente a este arte que se cree que ya practicaban los egipcios. Dibujaba desde el colegio y fue Eduardo Lacasa quien al ver su destreza con el dibujo, le propuso probar el pirograbado.
«Era el secretario del bar La Sinceridad que regentaban mis padres en Maella, era sanitario, fue alcalde… Un hombre muy polifacético y que siempre ha llevado el arte en las venas, es una persona especial», recuerda. La cuestión es que aceptó y así se inició en la técnica a sus 14 años. «Él tenía un pirograbador y cuando iba a su casa me salía muy bien, pero yo tenía un soldador de estaño que me regaló un señor que arreglaba radios y televisores, que no era lo mismo y no salía igual, pero a mí me sirvió de mucha ayuda para hacer mis pinitos», añade.
Fue haciendo mientras iba creciendo y fue en la mili donde ya se metió de lleno en la técnica cuando un alférez se percató de que dibujaba bien. «Le contesté que gracias, pero que lo que me gustaba era después quemar la madera. Resulta que hacer pirograbados era su pasión, así que… ¡Es un mundo esto!», ríe. A partir de ahí, entre las nociones que le dio el alférez y el pirograbador que se compró, ya no dejó de hacer cuadros. Ha vendido unos cuantos, otros los regala, ha hecho varias exposiciones y siempre está enfrascado en alguna composición. Principalmente usa madera, y dice que la mejor es la de limoncillo, pero sirve cualquiera como también cualquier material.
Se puede pirograbar papel teniendo el cuidado de insistir lo justo con la aguja para que no arda incluso si se emplea el especial para esta técnica. El papel obliga a hacer dibujos más pequeños, menos sombreados. «La madera te da mucho juego, pero en pirograbado como te equivoques al quemarlo, o tiras el cuadro, o lo arreglas como Dios te dé a entender», ríe. Andreu primero hace su dibujo y luego, si hay que agrandarlo para la madera, mide las dimensiones y ya dibuja. «Nunca empleo un lápiz de dibujo porque es carbón, penetra en la madera, y cuando lo pirograbas se quema y salen los surcos muy gruesos», apunta.
Estas cosas las ha ido aprendiendo a base de errores, de probar y de juntarse con los que entienden. «Este truco me lo enseñó Virgilio Albiac, un excelente pirograbador y que tiene un museo en Fabara. Para componer sus dibujos sobre la madera y poner y quitar partes a modo de puzle para que personajes reconocibles lo sean, emplea el mismo método que usaba su paisano Pablo Gargallo. «Hago patrones para la composición hasta que me gusta, y si no, lo dejo un rato, me aireo y vuelvo», añade.
También se puede pirograbar tela o cuero. «Las primeras etiquetas que llevaban los pantalones tejanos estaban todas pirograbadas a mano», revela. Esto lo sabe bien porque dedicó buena parte de su vida profesional al textil en una de las muchas fábricas y talleres que funcionaron en la comarca del Bajo Aragón Caspe. De hecho, el cierre le llevó a emigrar a Barcelona en 1992 y se instaló en Santa Coloma de Gramenet donde puso un bar, negocio que conocía bien por sus padres.
En este caso la distancia no supuso olvido, al contrario. En Maella ya estaba metido en la rondalla y en el grupo de teatro Matarraña, y en Santa Coloma durante más de dos décadas lideró el centro aragonés desde donde impulsaron una intensa programación cultural. Mantienen sus misas y jotas por el Pilar y San Jorge, cuya imagen es un pirograbado suyo. «A Maella voy cada mes, ya sea solo o con mi mujer si podemos, sigo teniendo mi casa, mi familia y a veces expongo», dice. De hecho, diciembre fue intenso porque Maella entró en la Ruta de Belenes de Aragón y ahí está implicado. «Maella se lo merecía», avanza. «Desde crío me gusta mucho, tendría cinco años cuando hice uno con unas amigas y no lo dejé. Ahora de jubilado se me pasan las horas en un pequeño local debajo de casa entre pirograbados y belenes», sonríe.