Arturo Checa: «La DANA fue un monstruo de tres cabezas para la profesión periodística»

ENTREVISTA. El periodista y jefe de Local de Las Provincias será uno de los ponentes del VIII Curso Nacional de Periodismo Especializado de Alcañiz
Publicado por Lidia Olivares el 23 de septiembre de 2026

Arturo Checa es periodista y jefe de Local de Las Provincias. Ha participado en la cobertura informativa de la DANA y en el seguimiento de sus consecuencias sobre el territorio, la ciudadanía y las administraciones. Participará en la ponencia 'Aragón, sucesos y territorioSucesos, delitos y tribunales en Aragón: de la calle al juzgado' del Curso Nacional de Periodismo de Alcañiz.

El curso habla este año de “comunicación al límite”. Desde tu experiencia, ¿qué implica trabajar en una situación al límite, tanto física como psicológicamente?

Cubrir un suceso al límite es una experiencia muy exigente. En Valencia, en Las Provincias, lo vivimos durante prácticamente un mes con la DANA. La redacción dejó de funcionar con sus secciones tradicionales: local, sucesos, deportes, economía o política. Todos nos volcamos en un drama que golpeó a la Comunitat Valenciana con 232 muertos.

Durante ese mes fue una prueba de hierro para la redacción, tanto a nivel periodístico como personal. Fueron jornadas muy largas, rodeados constantemente de situaciones dramáticas. Primero llegó el hallazgo de los cuerpos y después un goteo continuo de víctimas. Los periodistas de sucesos estamos acostumbrados a convivir con la tragedia, pero hacerlo un día tras otro, sin ver cuándo puede terminar, resulta psicológicamente agotador.

Por la cobertura de la DANA recibisteis el reconocimiento de Reporteros Sin Fronteras. ¿Cómo se trabaja una tragedia de esa magnitud y cómo se gestiona su seguimiento?

Yo lo comparo con que una guerra llegue a las puertas de casa, sobre todo por el dolor y la muerte que provoca. La zona cero estaba a unos 15 o 20 kilómetros de Valencia, en lugares como Paiporta o Catarroja. Al principio era muy difícil acceder. Había que desplazarse andando cuando era posible y existían enormes problemas de comunicación por la caída de los sistemas de telefonía y eléctricos.

Fue un reto elaborar las informaciones. En cierto modo, era volver al periodismo de antes, cuando no había teléfono móvil: el reportero tenía que desplazarse hasta el lugar, conseguir la información y regresar a la redacción para escribirla. Durante los primeros días, la comunicación era prácticamente inexistente.

Durante la DANA circularon numerosas imágenes, audios, testimonios y rumores a través de las redes sociales. Has contado que desmentir una información falsa llegó a costaros incluso la confianza de alguna fuente. ¿Cómo gestionasteis aquella cantidad de bulos?

La DANA fue una especie de monstruo con tres cabezas para la profesión periodística. La primera fue la enorme carga de trabajo. Tuvimos que recibir el apoyo de compañeros llegados de Madrid, Málaga, de la redacción central y del periódico Sur para poder mantener turnos prácticamente durante las 24 horas.

La segunda fue la carga humana y psicológica. Recuerdo a un compañero fotógrafo con décadas de experiencia que, después de diez o doce días seguidos trabajando, me dijo que necesitaba librar. No quería salir ni distraerse: quería encerrarse en casa, dormir y vaciar la cabeza. El tercer gran reto fueron los bulos. Llegué a perder una fuente porque le dije que no creía la información que me estaba dando sobre supuestos fallecidos en el centro comercial Bonaire. Circulaban numerosos rumores asegurando que había decenas de muertos.

Una madrugada recibimos esa información de una fuente política y, después de contrastarla, comprobamos que no era cierta y no publicamos nada. Al día siguiente, también de madrugada, una fuente policial a la que conocía desde hacía tiempo volvió a darme la misma información. Le dije que consideraba imposible que estuviera ocurriendo porque ya lo habíamos contrastado. Se indignó por mi falta de confianza y dejó de informarme sobre determinadas cuestiones. Nosotros volvimos a contrastarlo y comprobamos de nuevo que era falso. Finalmente se demostró que no había fallecidos en el centro comercial Bonaire.

Cuando ocurre algo así con una fuente, ¿dejáis de contar con ella y recurrís a otras?

Lo habitual es que las fuentes tradicionales y aquellas en las que confías funcionen y que la información fluya correctamente. En el caso de la DANA había que aplicar al máximo una de las grandes reglas del periodismo: el contraste. Era necesario acudir a varias fuentes y, sobre todo, estar sobre el terreno. Recuerdo otra información que empezó a circular y que algunos portales llegaron a publicar: la supuesta aparición de un bebé abandonado y solo en Catarroja, en medio del fango. Nosotros también rechazamos esa información después de contrastarla directamente en el lugar.

Esa es una de las ventajas de la prensa local. Nosotros estábamos sobre el terreno. Fuimos notarios de la actualidad, pero también víctimas de lo ocurrido. Esa presencia nos permitió combatir mejor las informaciones falsas, desplazándonos directamente al lugar donde supuestamente habían sucedido los hechos. Es una de las formas más fiables de luchar contra una fake news.

Tu experiencia también está muy ligada a la información judicial. ¿Cómo se traslada al público una información tan técnica como la legal?

Los periodistas tenemos una dificultad: debemos saber un poco de todo, pero no siempre podemos ser especialistas en cada materia. Sin embargo, la información de tribunales exige especialización. En los medios que pueden permitírselo, debería existir una persona dedicada prácticamente de manera íntegra a esta área.

La única forma de explicar una sentencia, con sus antecedentes de hecho, fundamentos jurídicos, resolución, atenuantes o eximentes, es comprender previamente toda esa información. Lo primero que debe hacer un redactor de tribunales es entender la sentencia, hacerla suya y después redactarla con sus propias palabras. Las resoluciones judiciales utilizan un lenguaje muy reglamentado y específico, por lo que la función didáctica del periodista de tribunales es muy importante para que el público pueda comprender la información judicial.

La presunción de inocencia, las filtraciones y la presión mediática son cuestiones especialmente delicadas cuando un caso llega a los tribunales. ¿Dónde están los principales riesgos al informar sobre un procedimiento judicial?

Lo primero que debemos tener claro los periodistas es que no somos jueces, somos cronistas. No debemos implicarnos en la información hacia un lado u otro. Cuando acudes a un juicio por asesinato y ves a los familiares de la persona asesinada, su sufrimiento y su carga emocional, existe el riesgo de que la crónica termine inclinándose hacia el lado de la víctima.

Evidentemente, la víctima es quien ha sufrido el delito, pero el periodista debe ser ecuánime y contar las cosas tal y como son. El equilibrio a la hora de informar sobre las sesiones de un juicio es fundamental. Esto es especialmente importante en los juicios con jurado popular. Los integrantes del jurado son ciudadanos que continúan en contacto con la realidad, ven la televisión, escuchan la radio y leen la prensa. Por eso es fundamental informar con absoluto respeto a la presunción de inocencia y manteniendo el equilibrio entre la culpabilidad y la inocencia.

¿Por qué dices que el periodismo de sucesos y tribunales es probablemente el que más curte a un periodista?

Porque el periodismo de sucesos es posiblemente la única sección en la que casi nadie quiere contar nada. En política todo el mundo quiere contar algo, aunque cada parte quiera ofrecer su propia versión. En economía, las grandes empresas quieren comunicar sus éxitos y resultados. En cultura, los protagonistas quieren difundir sus libros o películas. En deportes también existe una importante exposición pública.

En sucesos ocurre lo contrario. Las fuentes policiales, por la naturaleza de las investigaciones, son muy reservadas porque hacer pública determinada información puede perjudicar una investigación. Las víctimas también tienen muchas reticencias a hablar, tanto por el dolor que supone haber sufrido un delito como por la dificultad de exponerse públicamente.

Por eso es una sección en la que las fuentes tienen un peso fundamental. La relación de confianza con ellas se construye durante mucho tiempo. Ese contacto personal se está perdiendo en parte por la velocidad actual de la profesión, internet, las redes sociales y la exigencia de inmediatez. Creo que el periodismo de sucesos es uno de los ámbitos más puros del oficio periodístico.

Vas a participar en la ponencia “De la calle al juzgado”. ¿Cuáles son las claves más importantes a la hora de cubrir un juicio?

La principal es la ecuanimidad a la hora de trasladar lo que está ocurriendo. También hay que conocer muy bien las fases de un juicio: la vista oral, el momento en el que queda visto para sentencia y, posteriormente, la propia sentencia.

Para hacer una buena crónica de tribunales es importante dar voz a todo el mundo: al acusado, a las víctimas y al tribunal. Pero una crónica judicial no debe limitarse únicamente a reproducir lo que se dice en la sala.

Un buen reportero de tribunales también debe transmitir impresiones: los gestos del tribunal, de las víctimas o del procesado. Es importante explicar correctamente el contenido jurídico, pero también hacer reporterismo y conseguir que el lector pueda sentirse dentro de la sala de vistas.