Batiste Roc Marches, el DJ más longevo del Bajo Aragón Histórico: «No hay nada que me llene más que ver a la gente bailar»

FOTOGALERÍA. A sus 71 años, el nonaspino tiene guardadas más de 95.000 canciones y recorre junto a su mujer distintos pueblos. Ambos transportan y montan de forma altruista el equipo y este 2026 ya han estado en 18 fiestas
Publicado por Alba Zurita el 19 de septiembre de 2026

Batiste Roc Marches (Nonaspe, 1954) va repasando cada uno de los objetos que encuentra en una de las habitaciones de su casa. Allí pasa horas y horas buscando música, creando y escuchando todo tipo de géneros que después ponen a bailar a todo el mundo. «Este proyector de cine me lo regalaron cuando tenía ocho años y costó 52 pesetas», recuerda. «Los disquetes de música tienen más de 50 años y en otra habitación hay más guardados», añade mientras prueba a tocar el piano que preside el espacio. Para él. la música siempre ha estado presente de una forma u otra en su vida y en su tiempo libre de fondo no faltaba nunca. «Es un hobby y siempre pensaba que cuando me jubilara le daría un impulso porque disfruto mucho y parece que así ha sido» (sonríe).

De padres agricultores, nació un 6 de octubre de 1954 y era el pequeño de dos hermanos. Estudió en el colegio desde los seis hasta los 14 años y después decidió empezar un curso de mecánico de automóviles para buscar un mejor futuro laboral. "Mi abuelo fue una de las personas que me decía, día tras día, que había que estudiar. Me gustaba mucho aprender y recuerdo que a los seis años ya sabía sumar y restar", explica. Cuando terminó el curso y, después de la mili, decidió quedarse en el pueblo y abrir un taller mecánico hace ya casi 50 años. "Al principio teníamos pocas cosas y fuimos creciendo. En la mili conseguí mucha experiencia porque era el jefe del taller, aunque todo ha cambiado mucho, y aquellos tiempos eran muy difíciles", defiende.

Escuchar orquestas, descargar nueva música, reproducir discos en el tocadisco o bailar junto a su mujer, Miguela Ráfales, ocupaban la mayor parte de su tiempo libre y cuando cumplió los 65 años todavía más, aunque por el taller sigue pasando muchas horas. Los dos son socios de asociaciones de jubilados en Nonaspe, Fabara, Calaceite y Batea (Tarragona) y fue en este último pueblo, donde hace ya siete años, surgió la idea de que actuara como DJ en una de las fiestas que organizan. "Somos todos muy amigos y me lo propusieron. Sabían que yo en casa tenía todo lo necesario y la próxima fiesta, que era San Valentín, fui con todo el equipo. Me hicieron hasta un diploma cuando termine", recuerda.

Tal fue el éxito que, desde que le dio al play, no ha parado de hacerlo en otros pueblos de la comarca. "Disfruto mucho cuando veo a la gente bailar y pasarlo bien. No me hace falta nada más. Prefiero eso que irme lejos de viaje". En todo este tiempo su mujer ha estado siempre con él. Miguela le acompaña en cada uno de los lugares a los que acude. Juntos cargan el equipo en el coche y lo montan y desmontan allí donde estén. Eso sí, nunca ha cobrado por ello ni tiene intención de hacerlo. "Lo hacemos de forma solidaria porque es una forma de disfrute. Si me pagaran, no iría", defiende. Durante estos años ha ido adquiriendo material y son sus nietas, Lana y Noa, las que le ayudan con el género nuevo. "Es un trabajo de todos porque sin ellas no sería una realidad. A mis nietas les gusta mucho y mi mujer no ha fallado nunca".

Cuenta con un equipo de tres altavoces, tres ordenadores, luces y un micrófono "que anima más que la propia música". Batiste ha sido testigo de cómo la música ha cambiado, la forma de bailar y también de todo un proceso de digitalización que él mismo ha ido aprendiendo. "Recuerdo que de pequeño, cuando quedábamos con los amigos, íbamos con el tocadiscos a las casas y esto ahora es impensable", explica.

Tal es la cantidad de música que tiene que en uno de sus discos duros acumula más de 95.000 canciones y en los ordenadores las tiene perfectamente distribuidas por orden alfabético y género para encontrarlas al instante. Ha estado en fiestas de jubilados en Nonaspe, Fayón, Caspe, Batea y Calaceite, pero también en aniversarios, bodas, bautizos y fiestas a las que le invitan. "Aportamos nuestro granito de arena y la gente ya nos conoce". De hecho, el mismo día que se hizo este reportaje ya tenían todo listo para irse hasta Calaceite, donde se celebraba una jornada de convivencia.

18 bolos en un año

Aquello que empezó como una fiesta en el local de los jubilados de Batea, ha ido creciendo. En el último año ya ha actuado en 18 lugares diferentes y no tiene intención de parar. Es para los dos la mejor forma de invertir su tiempo libre y conocer gente. De hecho, hasta en su propia casa organizan tres veces al año una cena a la que acuden sus quintos. Son testigo de ello las fotografías que acompañan el salón y la sonrisa de Batiste y Miguela al recordar cómo lo organizan todo. "Al final lo pasamos muy bien y es lo más importante", concluye.

Batiste en una actuación en Nonaspe / Cedida