Calaceite acoge este miércoles la primera ordenación en español de una monja budista bhikkhunī en todo el mundo

Valderrobres alberga el primer monasterio de la rama theravāda de España, que en un año se trasladará a Calaceite. Ofrecerá un espacio para retiros largos y formará a bhikkhunīs
Publicado por Laura Castel el 25 de junio de 2025

El Matarraña alberga desde hace unos meses con el primer monasterio theravāda de España, una de las tres ramas del budismo; que va a convertirse también en el primer centro que formará y después ordenará en lengua española al rango más alto de monjas de la tradición budista, las bhikkhunī. Hasta ahora las mujeres españolas o latinoamericanas que quieren convertirse en bhikkhunīs debían estudiar en otro idioma que no es su lengua materna, por lo que este monasterio es un gran paso para la religión budista.

La entidad religiosa Sarana Vihāra lleva desde octubre establecida en el casco antiguo de Valderrobres, aunque no ha nacido aquí. Comenzó en 2021 cerca del Parque Natural de Montseny, en la provincia de Barcelona, de la mano de Ayya Arindama (nombre en pali que adoptó al ordenarse). Su estancia en la capital del Matarraña es temporal hasta que en unos meses consigan construir un monasterio en un terreno que adquirieron en Calaceite.

El proyecto ya se encuentra en el Instituto Aragonés de Gestión Ambiental (INAGA) y la entidad ya cuenta con toda la financiación necesaria gracias a aportaciones. Así que esperan que al finalizar el verano de 2026 estén listas las obras para establecerse definitivamente con un espacio dedicado a retiros largos que contará con una sala de meditación, un edificio de comedor, cocina y almacén, y diez kutis (casitas individuales). Tendrá una doble faceta. Ofrecer un espacio para retiros y formar a mujeres que quieran ordenarse bhikkhunīs.

Ceremonia de ordenación

Lo más inminente es que este miércoles su impulsora se ordenará bhikkhunī a sus 61 años precisamente en los terrenos calaceitanos que en unos meses albergarán el monasterio. La ceremonia tiene gran relevancia para el budismo porque es la primera en castellano y porque a Ayya le permitirá a partir de ahora instruir en español a otras mujeres que como ella quieren ser bhikkhunīs. Ayya se ha tenido que formar en Alemania pasando allí tres meses al año durante un lustro.

Ahora ya ha abierto camino y ya hay dos mujeres que quieren seguir sus pasos desde el Matarraña. Una de ellas es una mexicana que lleva unos meses viviendo en la casa de Valderrobres con la intención de comenzar la formación y otra se desplazará en febrero. La intención es que sean números muy reducidos para poderles dedicar toda la atención que requieran.

Los terrenos de Calaceite donde se edificará el monasterio Sarana Vihāra ya acogieron el pasado verano un campus con participantes de todo el mundo para recibir enseñanzas sobre el Pāṭimokkha (reglas monásticas), especialmente orientado para bhikkhunis, sāmaṇerīs, anagārikas y mujeres que tienen la intención de realizar el entrenamiento para ser ordenadas como bhikkhuni, y cuya finalidad era establecer una práctica monástica femenina en España en la tradición del Vinaya. Para la ocasión se habilitaron tiendas de campaña y pudieron disponer de un apartamento para otras facilidades. Ayya también acude todas las semanas un par de días a dormir allí y también la mujer mexicana a la que instruirá para ser bhikkhunī.

Actividades en el Matarraña

Una vez se ordene este miércoles, Ayya debe pasar los últimos meses en Alemania para terminar su formación y al regresar uno de sus objetivos es potenciar la relación social del monasterio con el territorio, ya que Sarana Vihāra es un gran desconocido para la mayoría de los habitantes del Matarraña. La nueva bhikkhunī, que fue asistente social, echa en falta esa faceta así que le gustaría poder impartir charlas u organizar actividades para ayudar a sus vecinos. «Es importante vincularse con el espacio donde estás pero desde que llegamos entre las reformas y la instalación no hemos tenido mucho tiempo. Hemos participado en alguna charla a la que nos han invitado pero nos gustaría aportar más. Estoy abierta a colaborar con quien nos lo pida», precisa Ayya.

El monasterio actual de Valderrobres tiene una casa principal para retiros cortos y otras dos que forman una sola construcción dividida por la mitad. Una de ellas es para estancias más largas y otra para los voluntarios, que son personas de diferentes países que acuden unos días para colaborar con el monasterio y que pueden llevar un ritmo diferente a los que realizan el retiro. «Todas las personas con más o menos medida tenemos alguna parte que va más allá de lo cotidiano. Hay diferentes formas de responder esa llamada y un aspecto común a todas las religiones podría ser el mirar a un nivel más profundo, que trasciende más el día a día. El budismo lo hace desde la práctica de meditación, que hace unos años ni se sabía lo que era y ahora es mucho más común. Posibilita lidiar mejor con el día a día, trabajar más con la ansiedad, el estrés…», explica Ayya. Cuando abra, el monasterio de Calaceite se enfocará a retiros largos y las casas de Valderrobres se mantendrán para estancias más cortas y para organizar charlas.

Recibirán a todo tipo de personas que necesiten un retiro «sin etiquetas»: «cada persona tiene su manera de entender la vida, la espiritualidad y su manera de encontrar herramientas internas. A veces me he encontrado con personas que no tienen la etiqueta de budista y las siento más cercanas que a las que sí».

«El camino que quería»

Ayya, que estuvo casada y tiene hijos y nietos, ha trabajado toda su vida en tareas relacionadas con la ayuda a los demás. De formación es enfermera y también ejerció de asistente social, en Cruz Roja, con talleres de final de vida en hospitales… Siempre le ha llamado su parte más espiritual y de pequeña era católica devota y quiso ser monja. «De adolescente llamaba a los conventos para ordenarme pero cuando les explicaba que tenía 13 años me decían que estudiara y cuando fuera mayor ya veríamos», comenta con una sonrisa.

Después la vida le llevó por otros caminos hasta que hizo un primer retiro de meditación al que le siguieron muchos más. Así que decidió viajar a la India un tiempo a estudiar la lengua en la que se escribieron muchos textos del budismo, el pali. Su maestro le explicaba muchas historias de monjes y monjas de la tradición budista y sintió que «era el camino que quería».

Se ordenó monja en Birmania con diez votos -lo mayoritario son ocho- y estuvo seis años entre este país y Tailandia. «Allí me di cuenta que para las mujeres era muy difícil tener la posibilidad de meditar de una forma más continuada y me nació la idea de que cuando volviera podía intentar ayudar a que otras mujeres pudieran dedicar tiempo. Por eso empecé el monasterio en mi casa en el Montseny», recuerda.

No obstante, al regresar de Birmania dejó de ser monja durante un tiempo para estar cerca de sus padres. Tras fallecer su padre, su madre se fue a vivir con ella y realizaron reformas en la vivienda. Más tarde, ella se marchó con su hermano y Ayya pensó que podía ofrecer su casa para que acudieran mujeres a realizar retiros aprovechando la reforma.

Así nació Saraṇa Vihāra en mayo de 2021 con retiros de meditación y talleres para hospitales de nuevo con Ayya como monja. Solo contaba con tres habitaciones por lo que enseguida el monasterio se quedó pequeño y se veían obligados a decir que no a la mayoría de las personas que querían acudir a realizar retiros: «Son espacios de fin de semana o diez días aproximadamente para personas que quieren calmar su mente y mirar hacia su interior». Para ampliar el monasterio empezaron a buscar otros emplazamientos y llegaron a Valderrobres porque un miembro de la junta también estaba mirando casas para trasladarse a vivir al Matarraña.

No puede manejar dinero

De los diez votos que tomó Ayya en Birmania en 2008, muchos coinciden con los mandamientos de la tradición católica conocidos por el gran público pero hay uno más curioso para la sociedad actual que es el de no manejar dinero. Las bhikkhunīs no acuden a la tienda a comprar y tampoco cobran dinero ni pueden pedir nada salvo que les pregunten antes qué necesitan. Viven de la generosidad de los demás pero nunca con dinero en efectivo. «Siempre ha habido alguien que ha ofrecido comida, ropa, un espacio en el que estar, su trabajo en la reforma de la casa… y yo en todo lo que les he podido ser de ayuda lo he hecho. Parece muy extraño y que no suceda pero así es. Los colaboradores son personas que piensan que lo que hacemos tiene sentido y de esa forma lo apoyan. Ayuda mucho interiormente a desarrollar la confianza, a aceptar lo que te dan con gratitud y a no necesitar», precisa Ayya, que mañana en su ordenación como bikuni va a tomar más preceptos orientados en esa dirección.

Ver comentarios (3)

  • Con todo el respeto, es alucinante que la gente del pueblo no podamos adquirir ni parcelas para hacer casas ni opción de comprar una hecha tanto por precio como por lo poco que hay que no necesite super reformas, y estos pueden casi construir un resort no sé bien dónde.

  • Precioso proyecto, enhorabuena, ojalá más personas así con estos valores y la buena voluntad de compartirlos

  • Un resort no es, pero es cierto que en ocasiones se facilitan terrenos como en otras religiones. parece interesante pero no es para mi.