La Cañada de Verich volvió a conectarse con sus raíces más profundas con la primera edición de la recreación histórica de 'La Barraca', organizada por la Asociación Cultural ALBADA, el pasado sábado. Este evento, que consiguió congregar a más de setenta personas, devolvió a la vida una tradición que se había desvanecido con el paso de los años. «Lo principal fue aprovechar que este año la fecha coincidía con un sábado y eso nos permitió reunirnos para revivir algo que era parte de nuestra infancia», explica Javier Bel, presidente de la Asociación Cultural ALBADA.
Desde primera hora de la mañana, los participantes se adentraron en el pasado con un recorrido senderista hasta la barraca de 'La Vall de la María', uno de los enclaves históricos de la localidad. Con la apertura de la exposición sobre la barraca y su relevancia en el siglo XIX, los asistentes pudieron observar objetos y herramientas que eran esenciales para la vida rural de antaño. «Fue muy emotivo recordar a quienes gestionaban estas barracas hace más de cincuenta años. Un homenaje a aquellos que ya no están pero dejaron una huella imborrable en nuestra cultura», señala Bel.
La subasta, el momento cumbre
Si bien el día estuvo cargado de actividades, la recreación de la subasta de las barracas fue sin duda el plato fuerte de la jornada. En la Plaza de la Iglesia, con trajes típicos de finales del siglo XIX, se llevó a cabo 'la llamada para la subasta', un ritual que resonó en las calles del pequeño pueblo, evocando tiempos en los que las barracas, pequeños refugios estratégicos para la caza de aves migratorias, se subastaban al mejor postor.
«Antiguamente, el municipio tenía cinco puntos de barracas, situadas en las zonas más altas, perfectas para la caza de aves en su ruta migratoria», explica Bel. El sonido de una caracola de mar daba inicio a la subasta y la magia volvía a llenar el pueblo. «Aunque fue una subasta simbólica, el entusiasmo y la participación de todos nos devolvió la esencia de lo que solía ser», añade el principal impulsor de esta actividad emocionado.
La subasta simulada, realizada en la Cofradía, respetó la antigua tradición: cinco velas de diferente tamaño representaban las barracas, y el último postor en el momento en que la vela se apagaba se llevaba el premio. «Fue muy divertido y entrañable. Ver a la gente emocionarse y competir de nuevo por una barraca nos hizo sentir que estábamos logrando algo más que un simple evento; estábamos rescatando una parte fundamental de nuestra identidad», comenta Bel.
Futuro prometedor para la tradición
Con esta primera edición, la Asociación Cultural ALBADA ha dejado claro que 'La Barraca' ha vuelto para quedarse. «La verdad es que estamos muy sorprendidos por la cantidad de gente que participó. Fue un éxito rotundo», afirma el presidente. Y aunque se trate de una novedad, el impacto ha sido tal que ya se habla de una segunda edición para el próximo año. «La gente se quedó con ganas de más, de volver a vestirse como sus abuelos y participar en una tradición que parecía olvidada», concluye.
La Cañada de Verich, con este evento, ha demostrado que, a pesar de la despoblación y los retos que enfrentan los pequeños municipios rurales, es posible revitalizar las costumbres y el espíritu comunitario. Porque, al final, como bien dice Javier Bel, «mantener vivas estas tradiciones es vital para que no se pierda nuestra historia y para que la gente joven descubra y valore lo que siempre ha sido parte de nosotros».