Los amantes del montañismo tienen una cita con Carlos Pauner este domingo 30 de octubre. El alpinista aragonés, uno de los únicos cuatro españoles en coronar los 14 ochomiles de la Tierra, ofrecerá una conferencia y posterior coloquio en el Salón Sociocultural de La Fresneda. Al inicio del evento, organizado por el Ayuntamiento, se proyectará el documental '7 Cimas' que relata cómo el montañero jaqués llegó a las cimas más altas de todos los continentes del planeta.
¿Qué tienen las montañas para que los que las amamos nos enganchen?
En primer lugar subir montañas requiere un esfuerzo. Y una vez conseguido nos sentimos mejor porque hemos superado esa prueba y hemos sido capaces de llegar a un sitio al que no se puede llegar sin ese esfuerzo. En segundo lugar la peculiaridad del paisaje, que es intrínsicamente bello, con picos, valles, glaciares y cuando empiezas a ganar altura disfrutas de ese paisaje. Creo que son los dos principales condimentos para que las montañas nos gusten tanto.
¿Qué nos vamos a encontrar en '7 Cimas' y con cual de ellas te quedas?
Va a ser un acto que aúne tanto la proyección de un documental que recorre las cimas más altas de todo el planeta como un coloquio a través del cual vamos a poder interactuar con los asistentes. A través del documental viajamos a la Antártida, Indonesia, Alaska, Rusia, etc… con diferentes paisajes. La proyección audiovisual es tremenda, con unas imágenes impactantes. Además en el coloquio podremos hablar, no solo del documental, si no de otras cimas, de montañismo en general y creo que va a ser un evento en el que disfrutaremos todos, el primero yo, que además conoceré bien la zona ya que iré con antelación. Quizá la más complicada fue el McKinley, en Alaska, porque es un monte en el que tienes que andar con esquís, arrastrando un trineo, cargando con la gasolina, la comida… y además la aproximación es muy larga y hace mucho frío. La cima de Carstenzs, en Indonesia fue también dura porque hace mucho calor, por la jungla y es un terreno al que no estamos acostumbrados. Y sin duda el más espectacular el Vinson, en la Antártida, por todo lo que supone ya de entrada viajar a ese continente y estar tan cerca del Polo Sur y en un ambiente que casi es hasta irreal.
En el Matarraña el estar rodeados de bosques y montes imprime un cariño especial por el paisaje. En tu caso, ¿imprime carácter haber nacido en Jaca rodeado de los Pirineos?
Creo que, como mínimo, te marca la curiosidad por conocer el terreno que tienes cerca. Yo solo viví en Jaca hasta los 9 años, pero como mi abuela seguía allí, iba siempre que podía. Por lo tanto mis primeras excursiones fueron a los montes cercanos como Collarada o el Ibón de Ip. Y en mi caso llegó el día en el que empecé a soñar ya no solo con subir, si no a escalar las aristas que iba viendo y las paredes. Desde los 15 años empecé a escalar y ya me fui aproximando a lugares como Ordesa, Monte Perdido, el Midi d’Ossau y en general a esas montañas que tenía cerca de casa a las que ya veía de otra manera.
¿Cuándo das ese salto de los Pirineos a otra cordillera? ¿Sentiste como un nuevo ‘bautismo’ de montaña?
En mi caso ese salto fue a los Alpes y significó mucho. Porque es un salto que conlleva novedades como glaciares de lengua, grietas, mayor altitud y otros accidentes geológicos que no hay en los Pirineos. En mi caso fue con 19 o 20 años y fue descubrir otro mundo que luego se parece mucho a otro gran salto que fue el del Himalaya. Esta última cordillera es mucho más grande y basta que los Alpes pero realmente se parece en cierto modo a los Alpes, pero a lo grande. Y por ello ese salto fue muy importante porque conoces unas montañas que realmente ya son muy parecidas a las grandes cordilleras de todo el planeta.
Toda ascensión a una montaña tiene su lado de intrepidez. En todo accidente, en cualquier ámbito, existe el componente de fatalidad. ¿Pero qué está ocurriendo para que en Aragón se hayan batido récords este año de accidentes en la montaña?
Creo que hay tres premisas básicas a tener en cuenta: la primera es la condición física y ser realista. No podemos planear una salida que requiera una mayor forma física porque lo que puede suceder es que tengan que venir a rescatarte. La segunda es el equipamiento técnico y mucha gente falla en eso. Hay gente que va a hielos y glaciares sin piolet o crampones, otros que se pasan de peso y muchos que no llevan la comida, bebida y ropa necesarias. Y en tercer lugar la meteorología: ¡Hay que consultarla! De nada sirve querer subir a toda costa. Yo me he dado la vuelta en el Moncayo, que es un monte muy sencillo, pero no se ha dejado subir y hay que decidir dar la vuelta. En muchos casos no solo falla uno de estos tres pilares sino que fallan dos los tres. En nuestra vida actual todo lo queremos muy rápido, hacernos la foto en la montaña que queremos, pero eso no es viable, hay que tener experiencia.
¿Se ha masificado y frivolizado la montaña?
Es un hecho. Vivimos en un tiempo en el que todo lo queremos muy rápido y desgraciadamente muchas veces intentamos tomar un atajo para llegar a un lugar, cuando lo que realmente es importante es ir paso a paso, camino a camino y además, saber disfrutar de ese camino. En cuanto a la masificación yo creo que solo se produce en lugares concretos. En el Himalaya solo hay masificación en el Everest, pero fuera de allí no la hay. En los Pirineos hay lugares como el Aneto u Ordesa que pueden estar puntualmente masificados pero tienes otros muchos lugares y valles en los que no te encuentras a nadie. Creo incluso que falta amor por las montañas, el ejercicio y el deporte en general. Creo que no conocemos lo suficiente las montañas y no exploramos como se hacía antes, entonces tendemos a ir a los lugares que ya vemos en las redes sociales. En los Pirineos hay 200 tresmiles pero todos queremos ir al Aneto rápidamente a hacernos la foto, cuando hay montañas, no más altas, pero sí más bellas.
¿Te has tenido que dar muchas veces la vuelta?
Sí. De hecho me pasó este verano en Tayikistán. Después de llevar allí un mes tuvimos que darnos la vuelta porque nos encontramos un calor y unas condiciones muy muy peligrosas. Hay montañas en las que el riesgo es máximo. Pero otras en las que no lo es tanto pero puede haber condiciones puntuales que disparen el riesgo y lo mejor en estos casos es no correr un riesgo extra y volver cuando la situación sea más favorable.
¿El montañismo tiene edad o límite para retomarlo?
Yo creo que no. Conozco personas de más de 80 años que continúan incluso haciendo escalada. La montaña es tan sumamente versátil que siempre vamos a encontrar algo que se adapte a nuestras circunstancias. De la intrepidez y explosividad de la juventud, puedes acabar con una avanzada edad descubriendo otros senderos y lugares que quizá de joven no habías conocido. Lo que sí está claro es que la montaña te mantiene en forma.
¿A qué edad dirías que se alcanza el clímax físico en la montaña?
Lo tengo muy claro y creo que es entre los 35 y 45 años. Porque creo que se dan cita la fuerza física, que aunque ya no es como a los 20 años, sigue siendo muy importante, y además confluye la experiencia y el haberte visto en determinadas situaciones más o menos comprometidas. Además cuando vas a proyectos largos como los de las 7 Cimas ves que la mayoría de la gente está en torno a ese rango de edad. Los 40 años son una edad muy buena siempre y cuando anteriormente se ha hecho deporte.
¿Conocías ya el Matarraña, la zona montañosa de los Puertos de Beceite?
No la conozco mucho, estuve solo una vez y es una buena oportunidad para recorrerla y tengo un gran recuerdo de visitarla porque además voy de la mano de buenos amigos. Desde aquí animo a todos a que vengan, disfrutarán de una película expectacular, no tendremos límite de tiempo y desde aquí quiero agradecer al Ayuntamiento de La Fresneda por esta invitación.