‘CasaCarraca’: 36 cajas nido en el Bajo Aragón para salvar una especie en peligro de extinción

VÍDEO Y FOTOGALERÍA. El proyecto nace de una iniciativa que ya recupera la población en Guadalajara. La intención es ampliar el trabajo al Bajo Martín
Publicado por Marina Monreal el 5 de junio de 2026

La Carraca Europea (Coracias garrulus) es un pájaro pequeño, apenas 150 gramos, con un plumaje de colores azules vivos, similar al de un pájaro tropical. Se trata de una espacie que tras una migración de miles de kilómetros desde el sur de África encuentra en el Bajo Aragón Histórico en general y en el entorno de las Saladas de Alcañiz en concreto un lugar en el que llevar a cabo su reproducción.

Antaño lo hacían cientos de parejas, ahora apenas una decena luchan por sobrevivir a los efectos del cambio climático que las han dejado sin un lugar en el que establecer sus nidos y es que una característica que sorprende es que los pequeños pajaritos llegan con prisa. Apenas unas semanas paradas para poner huevos, alimentar a los polluelos y reemprender la vida nómada. Una visita rápida a tierras bajoaragonesas que no tiene tiempo para la construcción de un nido propio, sino que «toma prestado» otros ya existentes. Entre las opciones aparecen huecos en construcciones antiguas y masadas o agujeros heredados de pájaros carpinteros en árboles secos. La practica extinción de ambas condena a las carracas a no poder reproducirse y por consiguiente a la extinción, a no ser que el proyecto 'CasaCarraca' consiga revertir el mal augurio.

«La que tenemos en la comarca es una población en una situación muy frágil, muy vulnerable y que en poco tiempo se podría extinguir», relata Luis Bolonio. Él, ornitólogo de profesión, es el responsable del proyecto que trabaja para la recuperación de la especie ‘CasaCarraca’ es una réplica de un proyecto que desde hace tres décadas se desarrolla en la provincia de Guadalajara, otro de los enclaves que gusta a este tipo de aves.

En el Bajo Aragón la iniciativa es mucho más incipiente, comenzó el año pasado con la recogida de datos y el primer censo que dejó unos resultados bastante desalentadores. En total, en el Bajo Aragón y el Bajo Martín solo quedaban 11 parejas, con un declive del 35%, lo cual se traduce según explican los naturalistas en un grave peligro de extinción.

36 nidos listos para llenarse

Así, el proyecto ofrece la solución al problema habitacional que sufren las carracas, un nido artificial que los pájaros puedan reconocer como propio y en el que pongan sus huevos. El desarrollo es muy simple: una caja de madera con una pequeña abertura redondo con el diámetro justo para que otras especies puedan reclamarlo como propio, un poco de arena en el fondo y colgados en un punto alto que ser visible para las aves.

Durante este año, la organización tiene prevista la colocación de 36 cajas nido, todas ellas en el entorno de las saladas. La mayoría en antiguas masadas abandonadas cuyos dueños contribuyen de forma altruista al proyecto.

Imágenes de algunas de las carracas que han llegado en la última migración./ Luis Bolonio (@casacarraca)-Pepe Bayo.

De las 20 que se han colocado en las primeras semanas antes de la llegada de la migración, casi una decena ya tienen dueño. «Es un muy buen dato para el primer año, tenemos que tener en cuenta que la población no crece de golpe, sino que va poco a poco», explica Bolonio mientras con su teleobjetivo intenta localizar alguna ave escurridiza en una de las cajas a colocada a varios metros de distancia.

La actuación de urgencia que se lleva a cabo en el término municipal de Alcañiz está teniendo resultado. Lo cual evidencia según el ornitólogo «que el proyecto funciona». En el Bajo Martín, donde la situación es compleja, solo se han registrado dos parejas frente a las cinco que llegaron el año pasado. El proyecto ha colocado allí tres cajas nido con las que intentar salvar in extremis a la especie. «Es la prueba de que donde no se actúa, el animal está condenado a la desaparición», añade.

Aprendizaje con escolares

El proyecto cuenta con una vertiente didáctica. Los escolares del CRA Alifara del Matarraña han sido los encargados de construir y decorar las cajas nido y ponerlas a punto antes de su colocación en el entorno de las saladas. «También les hemos explicado qué es la carraca para que la conozcan. Les hemos hablado del Bajo Aragón para que conozcan estos ambientes esteparios y la fauna que en ellos habita», añade Bolonio.

La previsión es que, en unas semanas, cuando las crías hayan nacido, se pueda organizar con los niños una jornada de anillamiento de aves en la que conocer aun más de cerca el desarrollo de la especie.
Aunque la primera parte del proyecto trabaja para garantizar el crecimiento de la población, el experto reconoce que hay otros aspectos en los que mejorar para recuperar la especie. «El principal objetivo es consolidar las parejas porque cuando se están reproduciendo son mucho más vulnerables a los depredadores. El otro gran problema que tiene es la alimentación».

Las carracas se alimentan y alimentan a sus crías de insectos, encuentran especialmente apetitosos los saltamontes que encuentran viviendo en los pastos. Como en toda cadena, para que estos existan hace falta desarrollar una ganadería y una agricultura que sea responsable con los ecosistemas. «En Guadalajara ya estamos trabajando con agricultores y ganaderos para que hagan unas prácticas que beneficien la producción de saltamontes y, por lo tanto, a la carraca y a todas las aves que se reproducen en los ambientes esteparios». La clave, apunta el experto, está en mantener barbechos con cubierta vegetal y que esos barbechos los mantengan, a su vez, las ovejas, para tener una estructura de hábitat apropiada.

La iniciativa se encuentra actualmente financiado completamente con fondos propios. En el colaboran otros actores locales como naturalistas, cazadores, agentes de protección de la naturaleza, agricultores y ganaderos. Coinciden en que actualmente apenas existen líneas de ayudas para dar continuidad a estos proyectos y que las pocas que se ponen en marcha lo hacen en periodos del año en los que las migraciones ya están muy avanzadas y obligan por tanto a adelantar fondos siempre sin tener claro si las subvenciones llegarán o no.

Mientras tanto, los profesionales del campo trabajan por solventar y dar solución a una situación que consideran «crítica». «Tenemos que ser conscientes de la importancia que tiene conservar una especie porque, además de su valor intrínseco, forma parte de una cadena que nos puede acabar afectando a todos, si falta un elemento de esa cadena», concluye Bolonio.

Colocación de algunas cajas-nido en el entorno de las Saladas de Alcañiz./ M.M.R.

Ver comentarios (1)

  • Vaya proyecto bonito y ambicioso. Gente como vosotros hace falta para salvar a muchas especies de aves. Enhorabuena