Las calles de Caspe llevan ya varios días acogiendo las distintas procesiones que, pese a la inestabilidad del tiempo, han podido ir saliendo cada día. El martes lo protagonizó la procesión del Encuentro en la que participaron las cofradías del Nazareno y de La Dolorosa. En la Plaza España tuvo lugar la reflexión de la IV Estación y una Jota al Nazareno y a su Madre.
Por otro lado, la cofradía del Cristo de la Buena Muerte salió el miércoles en su procesión del Silencio, la más singular de Caspe. A diferencia de en el resto de itinerarios, los cofrades cargan con su imagen, el Cristo Crucificado, al hombro. «Hay un gran silencio y solo se oye el rezo de cada estación» del Vía Crucis además de los breves toques de los tambores, bombos y cornetas, destacó la presidenta de la cofradía Pilar Redondo. En su recorrido, la procesión hace coincidir las estaciones con las cinco ermitas que hay en el casco histórico. Los vecinos las abren y preparan para ese momento en el que «se presenta a Cristo frente a la ermita», señaló Redondo.
Desde el inicio de la procesión, los vecinos la siguieron y se unieron en su recorrido a los cofrades. «Es una procesión especial y diferente que tiene que hacerse en vez de verla pasar», apuntó la cofrade Beatriz Peregrino.
El Jueves Santo, primer día festivo, desde los Franciscanos comenzó la procesión del Descendimiento. Junto a la imagen de Cristo fallecido sobre las rodillas de su Madre, la cofradía de La Piedad hizo retumbar las calles con sus golpes, redobles y cornetas. En la Plaza de San Roque, se hizo un alto en el itinerario para realizar la reflexión de la XIII Estación.
Poco después de terminar la procesión, las siete cofradías con banda de instrumentos se reunieron y organizaron en la Plaza de España para Romper la Hora en un acto sobrecogedor.
La imaginería de los pasos caspolinos «son un referente en Aragón y a nivel nacional» en una Semana Santa, además, declarada de Interés Turístico en Aragón, subrayó la alcaldesa Ana Jarque. Todas las imágenes fueron elaboradas en el mismo taller lo que ha propiciado que el Cristo parezca el mismo en cada una de las escenas, dando cierta continuidad a las procesiones de la Ciudad del Compromiso.