Antes de irse, Caterina me sonreía… Una sonrisa invisible, muy dulce y difuminada en el leve arco de los labios. Una sonrisa de conocimiento, eco de sufrimientos antiguos y universales. Con la alegría mezclada con el dolor, el deseo con el miedo, el abrazo misterioso e inexplicable que se cela en todas las grandes cosas de la vida: nacer y hacer nacer, amar, soñar, tal vez morir".
Si he extendido tanto la cita del inicio de esta reseña, admirados lectores, es porque creo que es la descripción más bella que he leído de la que quizás sea la sonrisa más famosa, y enigmática, de la historia, o por lo menos de la historia del Arte: la de La Gioconda.
Ríos de tinta han corrido hablando de esta mujer, de quién era, de su origen, de su cercanía con Leonardo. Pero el verdadero terremoto que ha revolucionado el mundo del arte es esta magnífica y monumental novela que hoy os presento: "CATERINA"; el libro más vendido en Italia y traducido ya para once países. Todo ello salido de la pluma de CARLO VECCE, sin duda uno de los mayores estudiosos del Renacimiento y de la figura de Leonardo, y que le ha llevado más de una decada de composición. En ella nos narra, magistralmente, la increíble historia de Caterina, una niña nacida en la meseta caucásica.
Su lengua era la más antigua del mundo y ella estaba destinada a ser una guerrera como sus ancestros, pero un día se vio arrastrada violentamente a la historia. Capturada en Tana, la última colonia veneciana en la desembocadura del Don, se ve obligada a emprender un asombroso viaje por el mar Negro y el Mediterráneo para llegar a Florencia en pleno esplendor del Renacimiento. Convertida en esclava por tratantes y mercaderes, tuvo varios hijos ilegítimos, pero a uno de ellos, fruto de su unión con un ilustre notario forentino que le dio el acta de libertad, lo amó por encima de todos, aunque él nunca pudiera llamarla madre por haber sido esclava. Aquel niño al que ella transmitió todos sus conocimientos sobre las criaturas y la naturaleza, y que fue clave para su formación y posterior sabiduría, se llamaba Leonardo da Vinci.
Esta es, pues, la historia de una joven que fue despojada de todo: el cuerpo, los sueños, el futuro…, pero sobrevivió, ya que sola recorrió los caminos del mundo sin miedo. Sufrió, luchó, amó y recuperó su libertad, y con ésta la dignidad de ser humana. Pero, además, tuvo un hijo que fue un genio: que la adoró, que la pintó y que la hizo pasar a la posteridad. "No tengo ninguna prueba, nos dice VECCE, para decir que la sonrisa de la Gioconda sea la de Caterina, pero la siento profundamente. Y retomo la idea que tuvo Sigmund Freud que en una conferencia afirmó que esa sonrisa era el eco de la sonrisa de la madre".
A medio camino entre la novela y la reconstrucción histórica, "CATERINA" es una obra maravillosa que ha prendido la curiosidad en todo el mundo.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz