Con los bolillos, los hilos y las manos preparadas, un centenar de expertas y aficionadas en el encaje de bolillos se han reunido este domingo en Caspe en el XXIII Encuentro Nacional 'Ciudad del Compromiso', organizado por la Asociación de la Mujer Caspolina. La actividad bolillera comenzaba a las 10.30 con las primeras participantes situadas en su mesa y con todo el material a punto para comenzar a tejer con mimo y cuidado sus patrones.
Para muchas de ellas, este encuentro no solo les permite disfrutar de una afición heredada de las habituales labores del hogar de antaño, sino también socializar y encontrarse con amigas y conocidas. "Antes éramos muchas más y el pabellón se llenaba. Pero todas nos vamos haciendo mayores y se va perdiendo", ha apuntado Pepita Llanses, una de las habituales de esta cita, que se ha acercado desde Torrefarrera (Lérida) con su marido.
En el encuentro la mayoría de las participantes son mujeres aunque también hay hombres que han descubierto en el encaje de bolillos una nueva afición. Es el caso de Jusep María Andreu, quien lleva cerca de 16 años acudiendo a este evento y más de 25 a otras concentraciones similares. Al igual que otros maridos que acompañan a sus mujeres, Andreu se iba al bar mientras esperaba a su mujer, sin embargo, un año decidió cambiar. "Dije o hago bolillos o no vengo más. Y para mí esto se ha convertido en un momento de relajación", ha comentado mientras avanzaba con el pañuelo que tenía entre manos. De hecho, el matrimonio estaba trabajando con el mismo patrón para hacer 4 piezas en total, una para cada nieto.
Expositores de venta
Además de la zona para trabajar con los bolillos, en el pabellón municipal también se han dispuesto varios expositores de venta con materiales como hilos, agujas, estructuras de abanicos o patrones. Para las mercerías, un negocio cada vez más minoritario, estas concentraciones de bolilleras son una importante oportunidad de venta. Por ello, se pueden encontrar negocios de distintos puntos del país.
Desde Onda (Castellón), se ha trasladado Mari Carmen Celiú. Lleva una década acudiendo a Caspe para ofrecer sus artículos y con esta edición, asevera, termina de cerrar su negocio tras 20 años de trabajo para jubilarse. "He venido a vender lo que me queda. El sector ha bajado mucho, sobre todo, desde la pandemia y se nota que la gente joven no cose", ha añadido.
Pese a que es innegable la pérdida de interés y conocimiento de costura a nivel doméstico, este encuentro sigue rebosando buen ambiente, conversaciones animadas y, para las miradas más jóvenes, resulta una sorpresa al descubrir cómo entre agujas, hilos y bolillos aparecen unas creaciones tan delicadas a la vista como espectaculares.