En cuanto Santi Rodríguez asoma su característico bigote en un cartel que anuncia su presencia con un monólogo, las entradas no tardan en venderse. Ya lleva unas cuántos años el de Jaén haciendo el tan difícil como gratificante oficio de hacer reír. No es nada fácil y siempre consigue arrancar las risas que va a provocar a quien adquiere su entrada. Este sábado estuvo en Alcañiz, ciudad en la que es reincidente y en la que contó con la presencia de amigos que se desplazaron desde Valderrobres porque allí también saben cómo se las gasta. "Estuve actuando en el patio del castillo y guardo un recuerdo maravilloso, y aquí a Alcañiz he venido más veces y estoy encantado", dijo. "Esta vez estoy alojado en el Parador y es impresionante ver todo lo que se despliega alrededor, y luego bajas al teatro y te encuentras esta plaza increíble...".
Para el cómico estar de gira es justo y necesario, porque considera que también entre los artistas existe -muchas veces- la creencia errónea de limitarlo todo a un centralismo en la urbe. "Nos equivocamos si pensamos en eso porque fuera de Madrid y Barcelona la gente va con muchísimas más ganas a los teatros porque no existe esa sobreprogramación que hay en las ciudades grandes"
A Alcañiz llegó en coche desde Jaén, y de las seis horas y media de viaje destaca lo bonito del paisaje. "Es largo pero muy agradable, hemos tenido incluso algo de nieve, pero es que no entiendo cómo esta provincia de Teruel no tiene todavía más turismo porque vas encontrando pueblitos en los que te dan ganas de pararte en cada uno, merece mucho la pena". De viajes precisamente versa su último monólogo con el que salió a escena en Alcañiz para cerrar el Mes de la Comedia 2026. '¿Nos damos un viaje?', se llama, e invita al respetable que compre su entrada a viajar sin moverse de la silla. "Como están las cosas regulares, el bolsillo en muchas familias no se puede estirar mucho y pensé en montar una agencia de viajes low cost y dar una vuelta al mundo sin movernos de la butaca. Hace 14 años estrené la primera agencia de viajes y funcionó muy bien y esto es la segunda parte", explica.
Lo que se encuentra en cada patio de butacas es a gente que "se lo pasa de maravilla" y es lo que destaca del teatro, que obtiene respuesta inmediata. Asegura que la televisión que le dio la popularidad como El Frutero en '7 Vidas' ha quedado en otra etapa y que sus días los llena el teatro. "Fue una etapa maravillosa y ahora la tele no forma parte de mi día a día, estoy con mis teatros y estoy encantado. En un teatro sientes el calor de la gente y la reacción inmediata hacia lo que estás haciendo", reflexiona. Lo suyo es un humor con el que quien más quien menos se puede sentir identificado porque habla de lo cotidiano.
"El camino que yo he elegido es hacer un humor muy simple, muy normal, porque al fin y al cabo es lo que soy yo, un tío que se levanta por la mañana, se prepara un desayuno, luego va a hacer las tareas de casa, luego preparar la comida para cuando llegue el resto de la familia... En fin, hago una vida muy normal y con ese tipo de vida no puedo hacer un humor muy extraño, porque no me identificaría con él", apunta. Eso sí, normal del todo tampoco es, porque como reconoce, soy un tío especialmente torpe y tengo imán para las situaciones escabrosas... Pues es que tengo el espectáculo hecho casi", ríe.
Rodríguez puede aparecer en cualquier momento en cualquier teatro cercano porque se mueve con sus espectáculos. Ya estuvo hace poco en el Teatro de las Esquinas de Zaragoza, este sábado actuó en Alcañiz y puede que pronto haya más oportunidades cerca. "Si alguien ve el cartel en el que pregunto si nos damos un viaje, que no lo duden, que por lo que vale la entrada nos damos la vuelta al mundo y disfrutará. Del resto me encargo yo", invita.