Existe una sabiduría ancestral que sostiene que la Luna influye en las cosechas y que, por ello, se deben tener en cuenta diversos factores a la hora de plantar, podar, cortar la madera o realizar múltiples actividades relacionadas con el campo.
Según explican los expertos, esta sabiduría —presente en distintas culturas— se conoce desde los tiempos de Isaac Newton, ya que existe una atracción gravitatoria mutua entre los cuerpos. De la misma manera que la Tierra orbita en torno a la Luna, que tarda aproximadamente 27 días y medio en completar su ciclo alrededor del planeta, esa atracción explicaría la influencia sobre las plantas.
Coincidiendo con las mareas vivas que se producen en Luna Llena y, sobre todo, en Luna Nueva, la Tierra incrementa la cantidad de agua que, bajo la influencia de la atracción gravitatoria, asciende hacia la superficie. Dado que la capilaridad —el fenómeno por el cual un líquido en contacto con un sólido asciende o desciende— es el mecanismo por el que funcionan árboles y plantas, aunque se trate de una fuerza pequeña, puede aportar una diferencia significativa.
¿Cómo influye a los 4 tipos de luna?
Muchos agricultores continúan utilizando este método porque, explican, «notan diferencias en la germinación, el crecimiento y la productividad de determinadas plantas». La base de estas prácticas parte de un hecho: la Luna influye en los líquidos, como ocurre con las mareas. Según esta tradición agrícola, también afecta a la circulación de la savia en las plantas, lo que explicaría por qué cada fase lunar se asocia a un comportamiento vegetal distinto.
Durante la Luna Llena, se dice que la savia asciende y se concentra en la parte aérea de las plantas. Por ello, se recomienda sembrar cultivos que producen fruto o semilla por encima del suelo, como tomates, pimientos, maíz, calabacines, judías o plantas ornamentales. La explicación es que la energía se concentraría en el desarrollo de tallos, hojas y flores, favoreciendo un crecimiento más rápido de la parte visible.
En el Cuarto Menguante, la creencia es que la fuerza lunar desciende y la savia se dirige hacia las raíces. Este periodo sería especialmente favorable para plantas que se desarrollan bajo tierra, como patatas, zanahorias, ajos, cebollas, remolachas o rábanos. La razón es que una mayor actividad radicular permitiría obtener tubérculos, bulbos y raíces más compactos y vigorosos.
Con la llegada de la Luna Nueva, el movimiento de la savia se considera mínimo. No suele recomendarse sembrar durante esta fase, pero sí realizar tareas de mantenimiento como podas, limpieza de malas hierbas, preparación del terreno, control de plagas o trasplantes delicados. Al mantenerse más estable el flujo interno, las plantas resentirían menos los cortes o el estrés de las labores.
En el Cuarto Creciente, la savia vuelve a ascender de forma progresiva, lo que lo convierte en un buen momento para sembrar plantas que desarrollan su parte comestible sobre el suelo, pero que no requieren un crecimiento tan vigoroso como los cultivos de Luna Llena. Aquí encajan especialmente las especies de hoja, como lechuga, espinaca, acelga o coles, así como algunas aromáticas. La explicación tradicional es que el ascenso gradual de la savia favorece la expansión de hojas y brotes tiernos.
Esta interpretación ancestral de la influencia lunar se aplica directamente al calendario lunar de 2026, cuyos ciclos —Luna Nueva, Cuarto Creciente, Luna Llena y Cuarto Menguante—, repetidos cada mes, marcan los momentos más apropiados para cada tarea agrícola. Al conocer de antemano las fechas exactas de cada fase, muchos agricultores organizan la siembra, la poda y el cuidado de los cultivos siguiendo esta guía natural.