Cómo optimizar la sanidad desde Silicon Valley

Bajoaragoneses por el Mundo: El caspolino, Carlos Sancho, investiga desde hace más de un año en San Francisco
Publicado por Beatriz Severino el 19 de abril de 2019

Bajoaragoneses por el Mundo: El caspolino, Carlos Sancho, investiga desde hace más de un año en San Francisco

 

De cara al exterior Silicon Valley se asocia al universo Microsoft (buscadores, redes sociales) pero de puertas para adentro, es mucho más. En esta parte de la bahía se San Francisco es donde se cuece toda oportunidad de negocio a nivel mundial.

Miles de personas de todo el mundo mueven millones de dólares en proyectos de toda índole y en uno de ellos, participa Carlos Sancho Mateo, un caspolino que colabora como consultor con una empresa tecnológica en el desarrollo de una aplicación móvil que conecta médico y paciente.

El paciente crónico mejora su día a día y aprende a cuidarse con el seguimiento exhaustivo del facultativo, que gana en libertad de movimiento. El fin es mejorar la vida de ambos y optimizar el sistema sanitario estadounidense, puramente privado. El usuario puede obtener incentivos por parte de las aseguradoras si entienden que ha puesto de su parte.

«Tomemos esos sistemas e implementémoslos en nuestro sistema de sanidad, que es una joya, para mantenerlo, mejorarlo y optimizarlo», dice. «En España es público y hay que hacer entender a las partes que todo cuesta. La tecnología nos puede mejorar la vida y suponer un ahorro de dinero y tiempo que se reinvierte en el sistema», sigue Carlos, que se define como un firme defensor de la sanidad española. «Ahora más, que veo lo que hay fuera».

 

Pamplona, Madrid, San Francisco

Su aterrizaje en San Francisco fue en verano de 2017 y todavía está asimilando la intensidad de estos meses. Sonríe constantemente, quizá porque hace lo que le apasiona. «Soy curioso por naturaleza y desde niño hacía mis experimentos, me sacaba una gota de sangre del dedo y la miraba con el microscopio...», recuerda. Decidió estudiar Biomedicina y Bioquímica en Pamplona con un último año en Holanda de Erasmus.

En Pamplona cursó el doctorado y de allí marchó a Madrid. «Siempre tuve la inquietud por la industria, por combinar ciencia pura con empresa», añade, y por eso aceptó «la gran oportunidad» de unos laboratorios en Madrid donde fue responsable científico para toda España de fármacos de psiquiatría. Conoció todas las partes (pacientes, médicos, sistema sanitario e industria farmacéutica) y la perspectiva de funcionamiento del sistema sanitario español a niveles públicos y privados.

Reconoce que estaba muy contento pero... «Tenía 32 años y siempre había dicho que quería hacer un MBA», añade. Un máster en administración de empresas le llevó a Estados Unidos. «No fue un problema dejar el trabajo, me animaron porque lo entendieron perfectamente», dice.

«Creo que hoy en día ser específico es correcto, pero tener versatilidad es un gran valor. Todo va muy deprisa y en cierto modo estamos obligados a adaptarnos y tener esa capacidad nos da libertad de movimiento». Por esto no vaticina el futuro. «A largo plazo, si la salud lo permite, no descarto la enseñanza, pero de momento, me gustaría continuar en las empresas biotecnológicas».

Asiente cuando se menciona la competitividad de Silicon Valley donde «el propio sistema te recuerda que no hay espacio para despistes». Afrontó el reto de cursar un MBA con mayoría de alumnos del mundo empresarial o tecnologías. «Científicos como tal o doctores en biologías moleculares puras, estaba yo», añade.

Pero ahora, en el final del MBA, su posición es muy distinta ya que perfiles duales de profesionales doctores, médicos o científicos con un MBA no abundan. «Ha sido una de las mejores decisiones que he tomado a nivel personal y profesional», concluye sonriendo.