En el Bajo Aragón Histórico las tormentas con aparato eléctrico encendieron todas las alarmas a principios de semana con incendios que se dieron en municipios del Matarraña — uno en Mazaleón y otro entre Cretas y Calaceite — y en el Maestrazgo —Bordón —.
"Siempre hay zonas donde cae el rayo pero apenas llueve", ha explicado Javier Escorza, coordinador de agentes de protección de la naturaleza, en declaraciones a Radio La COMARCA. El problema no es nuevo, pero se intensifica cuando las tormentas llegan secas. En estos casos, la chispa de un rayo sobre un árbol, matorral o incluso una roca puede convertirse en una brasa latente difícil de detectar, pero capaz de prender días más tarde si las condiciones lo permiten. "En la zona del Matarraña hubo humedad, coincidió que llovió un poco en algunas partes y la humedad atmosférica también ayuda", ha aclarado.
El operativo INFOAR ha estado en alerta máxima tras activarse la alerta Rojo Plus, la más elevada por riesgo de incendios en Aragón. El martes 19 de agosto, el Bajo Aragón contaba con alerta naranja. Aunque las temperaturas han descendido ligeramente, el peligro continúa siendo alto. "Los vigilantes observan observan con prismáticos dónde caen los rayos, y si ven humo, aunque sea muy poco, se activa todo el dispositivo", ha señalado Escorza. Este dispositivo suele incluir cuadrillas terrestres, agentes de protección de la naturaleza, autobombas y helicópteros como el de Alcorisa, que permite una intervención más rápida en zonas de difícil acceso. La forma más habitual en la que un rayo puede provocar un incendio es en un árbol o en otras partes, como incluso sobre piedra, en un matorral, pero es más que habitual que caiga en un árbol.
Pero también existen otras posibilidades, y para ello, Escorza ha puesto sobre la mesa como ejemplo el incendio de Berge del pasado mes de julio, que según ha explicado, fue provocado por lo que se conoce como un 'rayo dormido', o 'rayo latente'. En este caso se da cuando una chispa generada por una descarga eléctrica que se mantiene latente entre la hojarasca hasta que las altas temperaturas la reavivan. En este caso, el fuego puede surgir hasta tres días después de la tormenta.
Las especies más vulnerables en las que pueden caer estos rayos es el pino carrasco, una especie resinosa muy común en las comarcas del Matarraña, Bajo Aragón y alrededores. «El rayo deja una marca en la corteza y baja hasta el suelo. Las acículas secas de esta especie pueden prender con facilidad», detalló Escorza. Lo habitual suele ser que caiga el rayo y al poco tiempo prenda y se detecte el humo, pero lógicamente si hay humedad, a ese humo le cuesta coger fuerza para coger la llama.