Cristian Palacio, chef de Gente Rara: «No existe la receta del emprendimiento. Solo hay que tener sueños y trabajar por ellos»

ENTREVISTA. El propietario del popular restaurante de Zaragoza cuenta su modelo de negocio, en el que apuesta por proveedores de cercanía, en la Semana del Emprendimiento de Andorra
Publicado por María Celiméndiz el 2 de noviembre de 2022

La larga lista de espera para disfrutar de la cocina de autor de Gente Rara es seña de su éxito. En los fogones se encuentra Cristian Palacio, propietario junto a su mujer, Sofía Sanz, del restaurante de Zaragoza ubicado en un antiguo taller mecánico del barrio de Jesús. Abrieron el 10 de octubre de 2020, algo más tarde de lo pensado por la pandemia, y después de dos décadas en la hostelería. Su modelo de negocio destaca por el trato directo con sus proveedores, la mayoría aragoneses, y entre ellos también del Bajo Aragón. En su carta no falta el aceite ni el Melocotón de Calanda. Son fieles a la idea de que «invertir en la gente que les rodea» les repercute positivamente en su negocio y, por extensión, en toda la región. No es de extrañar entonces que Cristian Palacio fuera invitado el pasado miércoles a la charla «La receta del emprendimiento» celebrada dentro de la Semana del Emprendimiento de Andorra.

¿Le sorprendió la invitación?

Bastante, porque Andorra es un pueblo con el que no tenía ninguna relación ni sabía que me podían conocer. Cuando me llamaron para proponerme que viniera me pareció algo tan diferente e interesante que decidí aceptar la solicitud.

¿Cuál es la receta del emprendimiento?

Creo que no existe una receta como tal. Para el emprendimiento lo único que hace falta es tener sueños, muchas ganas de trabajar para cumplirlos y confiar en el proyecto. Sabes que vas a invertir mucho tiempo en sacar adelante tu propio negocio, pero una vez materializado tiene su recompensa.

¿Cuándo nació Gente Rara?

El proyecto estaba hecho en 2019, aunque por el covid no abrimos hasta octubre de 2020. Tuvimos la mala suerte, o quizás la suerte a secas, de comenzar en mitad de la pandemia. Nuestro restaurante es un poquito diferente. Ya de por si el nombre nos lo dice, es un poco raro. Está ubicado en la margen izquierda del Ebro, un sitio poco común en Zaragoza para este perfil de restaurante, y el funcionamiento es distinto: la cocina se encuentra en mitad del comedor, y los comensales pueden ver cómo trabajamos.

¿Cuál es su modelo de negocio?

Trabajamos con la economía circular. Intentamos invertir en la gente de nuestro alrededor para que nuestra ciudad y nuestra región puedan crecer. Damos mucho valor a todos los productos de Aragón y tenemos una relación directa con quien los elabora. Toda nuestra vajilla, por ejemplo, está hecha por artesanos locales; lo mismo ocurre con quien nos elabora el pan y quien tuesta el café que servimos. Siempre hemos creído que si a nuestros proveedores les va bien, a nosotros también.

¿Están presentes los productos del Bajo Aragón en la carta?

Por supuesto. Trabajamos mucho con el aceite de Oliete y tenemos Melocotón de Calanda, entre otros productos. También servimos un foie al que le llamamos ‘Mudéjar’ porque viene de una granja de Teruel.

¿Hay público en Zaragoza para la cocina de autor?

Está a la vista que sí, nuestra lista de espera es de un año. Está claro que el cliente quería algo como lo que estamos haciendo nosotros, porque tenemos la muestra de ello.

¿Por qué Zaragoza?

Yo soy de aquí y es donde está toda mi familia y mis amigos. Después de un montón de años fuera, decidimos (con Sofía) volver a nuestra tierra, ya que tenemos una niña pequeña y yo quería que se criara en mi ciudad, en Aragón, en mi tierra. Quería poderla llevar al Pirineo, al pueblo, y poder hacer todo aquello que yo he hecho yo a lo largo de mi infancia.

¿Cómo ha sido el camino hasta llegar aquí?

Llevo 22 años dedicándome a la hostelería. Fui una persona que no quiso estudiar en su momento por los cauces normales y abandoné la ESO. Tuve la suerte de hacer un curso de cocina en lo que antes se llamaba Garantía Social y a partir de ahí empecé a trabajar en diferentes restaurantes. Al principio en Zaragoza, hasta que cumplí los 18 años y subí al Pirineo, donde terminé trabajando para Pedro Subijana. De allí fui recorriendo diferentes lugares de España. Los últimos diez años los he pasado redirigiendo la parte gastronómica de unas bodegas en Murcia.

En los dos años de vida de Gente Rara, a la ovación del público se suma la de los expertos…

Estamos en la Guía Michelin, tenemos un Sol de la Guía Repsol y recibimos el premio ‘Valedores de la artesanía de Aragón’ de la Asociación de Artesanos de Aragón, entre otros muchos reconocimientos que nos han ido dando a lo largo de este tiempo. Para nosotros es un orgullo, porque significa que están valorando todo el trabajo que estamos haciendo tanto yo como todo mi equipo.

¿Cuál es su próximo sueño en el mundo de los negocios?

Mi principal sueño ahora mismo es terminar de pagar todo lo que he invertido en este proyecto para poder tener un trabajo más cómodo e invertir un poquito menos horas. No le voy a explicar a la gente lo que es ser autónomo porque creo que ya lo sabe. Trabajar en hostelería, además, siempre ha sido muy duro. Así que mi principal sueño es tener una calidad de vida y una conciliación familiar cada vez mejor.