Cuatro alumnos del IES Baix Matarranya de Maella han conseguido entrar en el nuevo Bachillerato de Investigación y Excelencia que ha ofertado el IES El Picarral, en Zaragoza. Los estudiantes debían haber conseguido una nota igual superior a 8 en la ESO, presentar una carta de motivación y pasar una entrevista personal. Los estudiantes seleccionados son Nicolae Tofan, de Fabara; junto con Sheila Prats, Marta Catalán y Alexa Vázquez, de Maella; que forman parte de una clase reducida de 14 alumnos, que van a poder aprender a trabajar en un proyecto de investigación de su elección durante los dos años de Bachillerato.
Esta oferta formativa se encuentra en una fase piloto y desde el centro maellano apuntan que la información llegó con poca antelación. El orientador, Ángel Violeta, informó al alumnado tras recibir el aviso por un grupo de WhatsApp, en el que se encuentran todos los orientadores que trabajan en institutos públicos. «Hubo cinco alumnos interesados, aunque al final uno no pudo entrar por poco, debido al corte de la nota. Les ayudé a organizar la carta de motivación y a gestionar la ansiedad antes de la entrevista, ya que ninguno había tenido que pasar antes por una situación de ese tipo», explica el orientador.
En este primer año, el currículo está acotado a ciencias, por lo que alumnos interesados en la investigación, pero en otras ramas, no han tenido la misma posibilidad. Para Ángel Violeta, esta opción ayuda a incentivar la curiosidad de los jóvenes, aunque habría que ampliarla al resto de áreas: «A los alumnos les interesa investigar, saber el cómo y el porqué de las cosas. Es una salida tremendamente interesante».
Más difícil para los estudiantes del medio rural
Sin embargo, el orientador advierte que los estudiantes del medio rural enfrentan más dificultades que otros compañeros que residen en la capital aragonesa o cerca de la misma. Las familias tienen que evaluar el desplazamiento diario de los menores o costear una residencia u otra solución para su alojamiento.
Pese a las dificultades, los cuatro alumnos del Bajo Aragón-Caspe han comenzado sus clases con la ilusión de quien empieza una nueva etapa. Sheila Prats tiene claro que quiere trabajar en un proyecto de ingeniería y diseño, por lo que, en su caso, ha elegido investigar sobre un motor fotovoltaico de mendocino. Los jóvenes se organizan en parejas o tríos para trabajar conjuntamente, en este programa que se coordina entre el centro y la Universidad de Zaragoza.
Sheila explica que, al principio, lo que más le costó es habituarse al desplazamiento en la ciudad, ya que ella acude al instituto desde la residencia de estudiantes de Movera. En cuanto a su llegada al centro, destaca que han sido «muy acogedores». «Hemos hecho amigos rápido y los profesores nos han brindado toda su ayuda», añade en referencia a sus otros tres compañeros de Maella y Fabara. El hecho de ir un grupo del territorio también ha sido un apoyo importante a la hora de empezar en un centro nuevo, valoran.
Un corte exigente, pero alcanzable
Aunque los estudiantes no contaban con tener que pasar el corte de nota para entrar a este Bachillerato, Sheila apunta que todos contaban ya con buenas calificaciones. «Hay otros Bachilleratos o grados que tienen más nota. No es fácil tener un 8 en la ESO, pero lo veo asequible y es una oportunidad súper buena», recalca.
La labor del orientador, Ángel Violeta, fue clave para este grupo de estudiantes que, de otro modo, no se habrían podido apuntar a tiempo. «Gracias a él estuvimos informados sobre el tema y nos mantuvo al día. Por eso hemos podido ir los cuatro», incide la estudiante.