Dos nuevos enclaves del Matarraña acaban de entrar en la Lista Roja de Patrimonio, con lo que ya son diez los elementos de esta comarca incluidos en el conocido catálogo realizado a partir de la participación social para dar a conocer, sensibilizar y actuar sobre los elementos del territorio español en riesgo de desaparición. Los dos últimos en incorporarse sonel Castell dels Moros de Fuentespalda y els Fortins de Cabrera en Beceite. El pasado verano entraron el Molino Viejo de La Fresneda, la ermita de Santa Bárbara de Monroyo y dos enclaves de Valderrobres, el Mas de Sant Miquel d'Espinalvà y la ermita de la Magdalena.
Un enclave esencial para las contiendas bélicas
Concretamente, els fortins del general Ramón Cabrera es un conjunto de tres defensas situadas a diferentes alturas y de variada forma y disposición que dominaban la entrada a los puertos de Beceite por la Solana de Villa Roig. Se encuentran situados a 1,5 kilómetros al sur de la localidad sobre un cerro rocoso que domina el paso por los Puertos de Beceite camino al Parrissal. El conjunto se compone de tres fortificaciones separadas aunque dentro de la misma montaña. El fortín inferior, muy cercano a la carretera, está a 182 metros en línea recta del fortín intermedio y éste, a 175 metros del superior.
Durante años este enclave supuso un lugar esencial para las contiendas bélicas, ya que este paraje permitía organizar un repliegue ordenado de las tropas o anticipar las incursiones enemigas. Además, el territorio de Beceite y sus puertos montañosos fueron protagonistas de buena parte de las acciones bélicas dentro de las Guerras Carlistas. Una de las figuras que resaltó en estos conflictos fue la del general tortosí, Ramón Cabrera, que comandó a las tropas rebeldes de la región histórica del Maestrazgo acosando de forma constante a las tropas liberales isabelinas. Los fortines de Cabrera en Beseit fueron construidos de forma desnivelada para que el ejército carlista tuviese un mejor control sobre el estratégico paso de los Puertos camino al Parrissal.
Asimismo, desde este lugar es posible obtener una vista panorámica de 360º de los municipios de la zona, lo que da una idea de la importancia estratégica que en el pasado tuvo este elevado lugar para adelantarse a las posibles invasiones o repeler la entrada de las tropas contrarias. De hecho, desde este enclave es posible avistar los caminos que acceden y provienen del Mediterráneo, lo cual permitía antaño anticipar las posibles llegadas enemigas a la zona y mantener controlados los accesos de levante de la Península Ibérica.
Lo que en el pasado fue un enclave esencial y estratégico para las guerras carlistas libradas en este entorno ha quedado hoy convertido en ruinas, ya que este tipo de fuertes distribuidos por el entorno fueron abandonados definitivamente en 1840 con el fin de las contienda carlista.
El fortín de mayor tamaño es el situado a mayor altura, a 914 metros a nivel del mar. La totalidad del conjunto está alzado con mampostería irregular, principalmente con lajas planas. Tiene una curiosa planta casi rectangular, reforzado por dos grandes torreones circulares en sus extremos unidas por una muralla antiguamente cubierta, con tres plantas cada uno. Presenta una doble escalera de acceso en su parte norte, dirigida a cada uno de los torreones, aunque se conservan mejor los de la torre oeste. Mide 27 metros de largo y 8 de ancho, ocupando una superficie de 170 m2.
El fortín intermedio consta de un pequeño recinto ovalado, con gruesos muros y un pequeño almacén adosado. El recinto ovalado, con 150 m2, tiene cuatro grandes troneras para el disparo de artillería de campaña, mientras que el almacén dispone de numerosas aspilleras para fusilería. En medio del recinto existen las bases de dos columnas que debieron sustentar un techado. El fortín bajo se encuentra sobre un espolón rocoso que domina la carretera, muy arruinado y de planta irregular.
Distintas teorías sobre el origen del Castell dels Moros
Por su parte, el Castell dels Moros de Fuentespalda es un conjunto fortificado de los siglos XII-XIV compuesto por una torre y un recinto amurallado anexo situados en la partida de la Villabell. El torreón es de planta rectangular, con medidas máximas de 5,63m por 4,76m con una altura actual máxima de 9,8m. Consta de dos cuerpos diferenciados, uno inferior con mampostería reforzada con sillares en sus esquinas y uno superior recrecido con mampostería encofrada de mortero y piedra, la misma técnica que se utilizó para levantar el recinto adyacente. Antiguamente poseería hasta tres plantas junto a su terraza almenada, puede que con un aljibe en la planta baja.
El territorio en el que se asienta Fuentespalda fue conquistado por el reino de Aragón hacia finales del siglo XII (1175), momento en el que comienzan a asentarse colonos del norte en el valle anexo a la actual torre. Hay distintas teorías sobre el origen de esta fortificación. La que la remonta más atrás en el tiempo es la de que fue creado por los campesinos andalusíes desplazados del valle ante la llegada cristiana, aunque es poco probable. La versión más verosímil es la de que se crease con la venida cristiana a la zona, de forma que con ese recinto fortificado y elevado podían controlarse las inmediaciones debido al peligro real de razias andalusíes, ya que el territorio se situaba en frontera.
La carta puebla, ya de un asentamiento mayor y más estable, la concedió el señor local Arnaldo de Fuentespalda en 1232, lo que creó el núcleo de población actual. La última teoría sobre el origen de esta fortificación es que fuese el castillo primigenio de una Fuentespalda previa a la creación de la actual, aunque también es poco probable debido a su posición en exceso agreste.