Esto que os voy a contar, ávidos lectores, sucedió de verdad. Es un pedazo, el último, de la vida de un hombre excepcional, que la dedicó al arte, a un ideal de belleza eterna y que decidió no rendirse a los horrores de la sinrazón humana.
Roma, 15 de octubre de 1943. Como hacía solo un mes que Italia se había rendido a los aliados, el ejército nazi comenzó una evacuación exprés de los judíos italianos hacia los campos de concentración del Reich. En su palaciega casa, el anticuario y arqueólogo Ludwig Pollak, uno de los mayores expertos en arte clásico del mundo, recibe la visita de K., un maestro alemán que ha sido enviado por funcionarios de la Iglesia para recoger al erudito y llevarlo al Vaticano, donde se le dará asilo. Sin embargo, y a pesar de la urgencia de la situación, K. encuentra al viejo anticuario reacio a ir con él, más interesado en hablar con una tranquilidad inadecuada, de su vida y sus recuerdos.
Sobre esa conversación al filo de la muerte gira la trama de "EL BRAZO DE POLLAK", una deliciosa y fascinante novela en la que el alemán HANS VON TROTHA (1965) teje a través de la vida del erudito judío un canto al conocimiento y al poder de la creación artística que ilumina el abismo entre civilización y barbarie.
Ludwig Pollak nació en Praga en 1868 y está considerado como uno de los grandes intelectuales de su época. Enamorado ferviente de la antigüedad clásica, viajó por todo el Mediterráneo y Europa haciendo amistad con músicos, artistas y escritores y asesorando a grandes y ricos coleccionistas como el magnate J.P.Morgan. Sin embargo, nos cuenta el crítico Andrés Seoane, el gran eje de este relato y el mayor hallazgo de Pollak fue el brazo de Laocoonte, una parte perdida de la famosa escultura romana "Laocoonte y sus hijos". Considerada por Plinio el Viejo como una de las mayores obras de arte de su época, la pieza fue descubierta en 1506 en un viñedo. Pero a la escultura le faltaban varias partes, especialmente el brazo derecho de Laocoonte. Se decidió restaurarlo y el gran Miguel Ángel sugirió que el brazo estaba originalmente doblado hacia atrás sobre el hombro, pero el Papa Julio II decidió reconstruirlo de forma "heroica y extendida", y así se agregó a la estatua en 1532. Por ello, el descubrimiento de Pollak en una vieja tienda fue tan importante. No solo completaba la escultura, sino que la postura torcida del brazo (como decía Miguel Ángel) sugiere no un martirio triunfante, sino una agonía horrenda. El Laocoonte de Pollak solo quiere detener el dolor, un sufrimiento humano extremo, como el que los nazis infligen a tantos miles de seres humanos. TROTHA entreteje con audacia y acierto los destinos del erudito anticuario y del sumo sacerdote troyano Laocoonte, que recibió el castigo de los dioses por comprender el peligro que ocultaba el famoso caballo de Troya.
Después de narrar las experiencias de su vida y su pensamiento al maestro K., Pollak decide asumir el destino de su pueblo y renuncia al asilo del Vaticano. El día 23 se encuentra ya, junto a su mujer y sus dos hijos, en el campo de Auschwitz. En cuanto a la estatua, el brazo de Pollak fue agregado a la escultura en 1957. Es el que puede verse hoy en día y que dota al grupo escultórico del efectismo que le hace ser llamado "el icono prototípico de la agonía humana. Un tributo al dolor humano, constante a través de los siglos.
Conmovedora y brillante. Una gran novela.
Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz
El brazo de Pollak
RESEÑA. Esto que os voy a contar, ávidos lectores, sucedió de verdad. Es un pedazo, el último, de la vida de un hombre excepcional, que la dedicó al arte, a un ideal de belleza eterna y que decidió no rendirse a los horrores de la sinrazón humana
El brazo de Pollak./ Miguel Ibáñez