La capacidad de la imaginación humana es absolutamente insuficiente para entender qué significa que se arrastre a miles y millones de personas a las cámaras de gas…"
Bien, incrédulos lectores, este párrafo corresponde a la obra "Tiempo de engrase", y está escrito por un auténtico gigante de la narrativa y puede que el mejor escritor polaco de los últimos cien años: STANISLAW LEM (1921-2006). Y no hay, así lo siento, objeciones que poner: LEM ha sido uno de los maestros indiscutibles de las letras europeas del siglo XX, a pesar de que decantara su carrera hacia el género de la Ciencia-Ficción que, como sabéis, siempre ha sido denigrado por los "doctos". Pero ahí han quedado para la posteridad obras maestras como "Solaris", "La voz de su amo" o "Retorno de las estrellas", entre otras.
Pero al principio de su carrera, entre los años 1948 y 1950, escribió -que no publicó, ya que la censura comunista se encargo de ello- tres novelas, tres joyas, tres metáforas kafkianas, tan hermosas como terribles, que unió con el nombre de "Tiempo no perdido". Un ambicioso ciclo que describe las vivencias del propio autor durante los duros episodios de la ocupación nazi en su ciudad natal de Leópolis (antigua ciudad polaca, ahora perteneciente a Ucrania)
La primera de ellas, y que acertadamente a vuelto a reeditar la exquisita editorial Impedimenta, fue: "EL HOSPITAL DE LA TRANSFIGURACIÓN". La novela narra la historia de Stefan Trzyniecki, alter ego de LEM, un joven doctor que, en los primeros meses de la invasión de Polonia, encuentra empleo en un hospital psiquiátrico enclavado en un bosque remoto. La locura del exterior se filtra poco a poco entre los muros del hospital, y Trzyniecki se empeña en salvar a sus pacientes en ese lugar que parece "fuera del mundo", frente a un grupo de sádicos doctores que realizan atroces experimentos con los enfermos. Mientras, los nazis peinan los bosques en busca de partisanos y deciden convertir el sanatorio en un hospital de las SS.
Sin embargo, esta historia, tan dura e implacable, es narrada por LEM con una gran naturalidad y frescura, propia solo de una mano que en el futuro dominaría la técnica literaria como nadie. Su sencilla narración del día a día en el sanatorio, plagada de interesantes descripciones y diálogos (de alguna forma nos recuerda a "La montaña mágica" de Mann), va cambiando con los acontecimientos; estos se precipitan conforme todo se transfigura: el protagonista (y nosotros de su mano) al conocer la esencia de la humanidad; se transfigura el tiempo, la historia que se puebla de horror y locura…, mientras el exterior se introduce tras aquellos muros aparentemente impermeables. Es entonces cuando la intriga cobra protagonismo y la pasiva serenidad de la trama cede paso a una acción sin objetivo definido que, como en los argumentos de muchas de sus otras novelas, puede acabar de mil maneras.
Exagera un crítico cuando dice: "Un tesoro recuperado… de un erudito, de un narrador virtuoso, de un genio"? Creo que no.
Miguel Ibáñez. Libreria de Alcañiz
El hospital de la transfiguración
RESEÑA. La capacidad de la imaginación humana es absolutamente insuficiente para entender qué significa que se arrastre a miles y millones de personas a las cámaras de gas…
El hospital de la transfiguración./ Miguel Ibáñez