Emiliano Doñate (Lumpiaque, 1952) llegó a Maella para ejercer de sacerdote hace más de 40 años. Fundó los campamentos Sarabastall y al tiempo empezó su trayectoria en el Bajo Aragón. Ejerció de profesor de religión y de técnico de festejos durante 20 años. Participó de forma activa en Alcañiz y es una de las personas junto a Vicentina Calvo, Darío Vidal y Alicia Justes que estuvo detrás de la recreación del Vencimiento del Dragón. Estas fiestas será el pregonero.
Emiliano Doñate, pregonero de las fiestas de Alcañiz: «He procurado estar al servicio de la gente y hacer las cosas dando lo máximo de mí»
Emiliano Doñate en el Centro Joven, al fondo, los cabezudos, que ha visto cómo han ido aumentando. /A.Z
¿En qué momento se entera de que va a ser pregonero de las fiestas de Alcañiz, las mismas que durante 20 años organizó como técnico de festejos?
Me llamó un día por la tarde, el alcalde, Miguel Ángel Estevan, para pasear y sin pensárselo dos veces me dijo que este año quería que fuera el pregonero de las fiestas. Me lo quedé mirando y le dije que hasta ahora todos los pregoneros tenían una categoría profesional alta y me explicó que la elección se debía a mi dedicación por Alcañiz. Me congratuló y, al mismo tiempo, ya empecé a pensar lo me gustaría transmitir.
¿Qué le dijeron sus familiares y amigos?
Subí arriba a casa y se lo expliqué a mi mujer, Carmina Prades. ¡Me confesó que ella ya se lo esperaba! (ríe).
Después llega el momento de sentarse a escribir y pensar qué es lo que uno quiere transmitir
Es un tiempo limitado. Quiero transmitir una vida intensa durante 20 años dentro del área de festejos del Ayuntamiento de Alcañiz. Estoy seleccionando momentos para tratar de dar a entender a la gente cómo se vive una preparación de fiestas por dentro. Es una profesión en la que se invierten mucha horas, muy viva y estresante en muchas ocasiones.
Empezó su trayectoria en el Bajo Aragón Histórico en Maella como sacerdote. ¿Qué recuerda de esos primeros años? ¿Cómo le recibieron?
Tenía 24 años y todo fue bueno, sobre todo, el trato de la gente. Me volqué con las parroquias y recibí de recompensa el afecto de toda la gente. Cuando vine a Alcañiz sentí temor por lo que iba suceder, pero como siempre trate de dar mi máximo. Si haces las cosas con buena intención, las personas siempre te lo valoran.
En el Bajo Aragón Caspe fundó el campamento Sarabastall, que todavía sigue existiendo con campamentos organizados en Pineta.
Anteriormente, los niños de esta zona se desplazaban hasta Horta San Joan con los del Matarraña. Cuando llegué a Maella, una de las cosas que comentamos los sacerdotes de los distintos pueblos es que el campamento se quedaba pequeño y por eso surgió la idea de impulsar Sarabastall.
¿Qué personas le marcaron aquellos años?
Un amigo que enseguida me viene a la cabeza es José Miguel Gracia. Lo conocí en Maella y ya no he perdido el contacto. También Carlos Jaén y Francis Dossantos, que falleció. Hay mucha gente que nunca he perdido el contacto y ahora, por suerte o por desgracia, tengo que visitar bastante el hospital. Siempre me encuentro con personas de estas poblaciones, donde nos saludamos con alegría y recordamos algún momento de los que vivimos juntos.
Ya en Alcañiz fue una de las personas, que junto a Darío Vidal, impulso la recreación del Vencimiento del Dragón.
Empezamos Darío Vidal, Vicentina Calvo Alicia Justes y yo. Lo hicimos completamente de cero. Dario se encargó de escribir el guion, servidor del diseño de dragón, que lo encargamos en Zaragoza y tanto Vicentina como Alicia de las vestimentas. El primer año fue muy complicado ponerlo en escena. Recuerdo que uno de los problemas que tuvimos es que cuando fuimos a buscarlo a Zaragoza, no pasaba la cabeza por la puerta (ríe). Llegó el momento de la representación y solo quedaba cruzar los dedos. Una de las curiosidades es que en mitad del dragón había una chica que llevaba auriculares y desde el control le iba dirigiendo.
De sacerdote pasó a ser profesor de religión en el instituto. ¿Cómo vivió esa etapa?
Mal. Fui profesor de religión al mismo tiempo que era sacerdote, a excepción de los últimos años. Fue fruto de una enfermedad y los psicólogos me recomendaron cambiar de vida. A veces pienso todavía en aquellos momentos, pero, como todo en esta vida, he intentado dar lo mejor que he podido.
De profesor de religión a técnico de festejos durante 20 años. Eso sí fue un cambio de 360 grados
Es cambio fuerte, pero en los pueblos que he estado ya realizaba actividades con la gente joven. Recuerdo que en Daroca estuve en cinco municipios y también ayudábamos a organizar y participábamos en las fiestas. De alguna manera, esa vida festiva y lúdica ya la vivía antes.
¿Hay algún acto que recuerde con especial cariño o emoción?
Uno de los actos más maravillosos que he vivido en Alcañiz fue un año en la plaza de Toros. Organizamos un homenaje a los alcañizanos ausentes y soltamos 500 farolillos de luz. Esa estela de luz de noche en el cielo fue algo impresionante. De hecho, yo creo que es de los actos que más gente me ha trasmitido que fue maravilloso.
¿Cómo trabajo para que las fiestas siguieran creciendo? No siempre es fácil cambiar las cosas
Siempre intento hacer las cosas bien. Sé que a veces he acertado, y otras, lógicamente no. He procurado siempre estar por la gente y prestar ese servicio porque en definitiva quería que me vieran como un vecino más porque así lo era.
Se jubiló hace nueve años y le tomó el relevo Tito Lizana, aunque estuvieron casi 10 años trabajando juntos. ¿Cómo lo ve?
Lo veo muy bien y estoy muy contento porque creo que tiene las mismas ganas o más de las que tuve yo durante los 20 años. Siempre está dispuesto y no le importa tampoco echar las horas. De hecho, estuvimos unos cuantos años compartiendo, pero le dejé claro que cuando me jubilará era el que tenía que tomar las decisiones.
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Que alguien piense en José Gil para el año que viene se lo merece, también es uno de nuestros grandes