Emilio Vallés, una vida dedicada a sacar a Gurs del olvido

Se cruzó los Pirineos para estar en la proyección del documental sobre Gurs de este viernes en Alcañiz
Publicado por Beatriz Severino el 19 de abril de 2019

Se cruzó los Pirineos para estar en la proyección del documental sobre Gurs de este viernes en Alcañiz

 

«Nací en la casa de Correos de Alcañiz el 18 de septiembre del 36». Así es la carta de presentación de Emilio Vallés. Habla desde el otro lado del teléfono y desde el otro lado de los Pirineos, un lugar, el del sur de Francia, del que se sabe muy poco a esta ladera.

«Llegué a Francia en el 39 pero no me hice la nacionalidad hasta el año 72 cuando yo ya tenía 36», cuenta y justifica su marcado acento francés. El anhelo de volver a casa siempre estuvo ahí. «Me casé en el 68, es decir, siendo español, pero encaminaba mi vida con mi esposa, íbamos a tener hijos, formar nuestra familia y debía asumir la realidad de que mi vida estaba en Olorón».

Las circunstancias de su llegada a Francia las compartió en la tarde de este viernes con los suyos. Ha vuelto muchas veces a visitar a su familia por muchos pueblos bajoaragoneses y a Zaragoza pero este viernes volvió a cruzar los Pirineos para estar en Alcañiz, en el Palacio Ardid. Explicó qué es Gurs y lo que pasó allí tras la proyección del documental «Gurs. Historia y memoria».

 

Una historia que contar

Emilio es hijo de dos oriundos del Matarraña. Su madre, Antonia Peransí, era natural de Beceite, y su padre, Nemesio Vallés, de Valderrobres. Vino al mundo en Alcañiz donde su padre era jefe de Correos. Fue el pequeño de dos hermanos pues José Luis nació en 1929. «Mi padre fue siempre del PSOE y de la UGT. Al estallar la guerra civil se alistó en el ejército republicano pero siguió con su puesto en Correos», cuenta.

«Cuando Alcañiz cayó, lo nombraron en las Transmisiones del Estado Mayor del General Rojo y eso nos permitió salir a Francia en camiones con otras familias de oficiales en lugar de cruzar a pie como le tocó sufrir a tanta gente», añade. Al cruzar, llegó la separación del padre, quien terminó en Gurs, uno de los tantos campos de refugiados en territorio francés.

Este estaba a 15 kilómetros de Olorón, localidad en la que sigue viviendo Emilio desde el 40, cuando se instaló con su madre y su hermano para estar cerca del padre. Pudieron localizarse porque Nemesio, que fue integrado en correos del campo, se había ocupado de mantener la correspondencia con su esposa. «Pasábamos las vacaciones con él y a veces él podía venir los fines de semana a casa con su bicicleta», recuerda Emilio.

En una de esas salidas en 1942 se salvó la vida, pues un soldado alemán le alertó de que no volviera a Gurs porque había redada. «Empezó siendo un campo de encierro administrativo para acoger de forma provisional a todos los exiliados pero acabó siendo la puerta de entrada a la muerte que para unos era Auschwitz y para otros, Mauthausen», dice.

Emilio reconoce que «ha habido varios milagros» en la historia familiar y el último se está dando ahora. «Tenemos muchas visitas de españoles al campo y estoy contento de que en España se empiece hablar de aquello». Entre ellos nunca se dejó de hablar de volver a casa. «Mi padre estaba convencido de que las democracias no abandonarían a la República española», relata, pero esa supuesta ayuda nunca llegó.

Cuando Emilio viajó a conocer a su familia ya sabía todo de todos. «Conocía a las amigas de mi madre, las fiestas de Beceite, de Valderrobres y las costumbres solo por lo que hablaban. España era el tema», dice risueño. Fue de los impulsores de Amical de Gurs, realiza visitas guiadas al campo y está escribiendo su segundo libro. Su relato ha quedado registrado para siempre en el documental.

 

«La importancia de la labor pedagógica»

 

Buena entrada registró el Palacio Ardid para ver 'Gurs. Historia y memoria'. La cita, organizada por el Ateneo Socialista, se cerró con un coloquio en el que intervinieron el propio Emilio Vallés, el coproductor Fernando Yarza, y los historiadores Herminio Foz y Jorge Abril, este último, además como moderador.

 

 

Se puso en valor que este documental esté «animando» a querer saber, a investigar, a preguntarse qué sucedió. Se mencionaron los campos que también hubo en España, como por ejemplo, el de MIranda de Ebro, o en Belchite y San Juan de Mozarrifar, como zonas más cercanas.

«Personas como Emilio están haciendo que esa memoria no se olvide pero es la segunda generación. La primera guardó silencio y por eso debemos hacer hincapié en la labor de pedagogía que hay que hacer con la tercera, que son los jóvenes de hoy», dijo Foz. Apoyó así las reflexiones que Severino Pallaruelo vierte en el documental: «Es imprescindible que en las aulas se combine la historia del pasado con lo que está pasando ahora porque el presente es la historia del futuro», añade en referencia a conflictos como el de Siria, que sí queda reflejado en el documental.

Este documental se ha integrado en el programa 'Un día de cine' de la DGA para centros educativos de todo Aragón. No obstante, todas las proyecciones y novedades acerca del documental pueden seguirse en su página de Facebook.