Catalin Vasile: «El arte es un trabajo y hay que darle el valor que merece»

EncontrARTE. El masino integra el equipo de una agencia de comunicación corporativa y publicidad con retos a diario, y asegura que sus referentes son amigos, compañeros y la gente que le animó a hacer del arte su profesión
Publicado por Beatriz Severino el 7 de noviembre de 2026

«La imagen de una entidad, una organización o una empresa no es solo un logotipo. La imagen es lo primero que habla de ellas a través de una identidad corporativa que incluye muchos aspectos», dice. A Catalin Vasile todavía no han terminado de explicarle una idea, que su cabeza ya piensa, imagina y compone en códigos, colores y tipografías.

Vasile (Mas de las Matas, 1997) es un apasionado del diseño gráfico y no lo esconde, aunque si quisiera tampoco podría. Lleva entre manos varios proyectos y muy distintos como parte de un equipo muy completo. «Hacemos un buen tándem porque las compañeras de comunicación realizan ya una labor muy buena con el cliente para determinar qué transmitir y yo tengo que convertirlo en una identidad corporativa, es un reto creativo muy interesante», dice. El relato incluye logotipo y marca, pero también la creación de una dinámica con entradas en webs, impactos, campañas, una narrativa en redes sociales y un largo etcétera. «Y todo eso se refleja en datos que analiza el departamento de marketing. Es satisfactorio ver que un cliente mejora sus números después de haberte confiado la creación de su identidad corporativa», sonríe.

Esta labor la desarrolla en La Embajadora, una agencia de comunicación y publicidad con sede en Valencia. «Estoy muy contento, porque el trabajo que estoy haciendo es por lo que vine a Valencia», asegura.
«Esta ciudad es muy inspiradora», apunta. Antes de desembarcar en la capital del Turia en 2019 pasó dos meses en Polonia de prácticas en una agencia donde descubrió el diseño gráfico. De hecho, aprendió más de la cuenta por un error. «Por un malentendido con la traductora, iba ocho horas a trabajar pero tenía que ir cuatro. Nos dimos cuenta cuando me preguntó un compañero extrañado de verme allí todo el día», ríe. Eso provocó que los proyectos ficticios que la agencia prepara para prácticas se terminasen, así que Catalin empezó a aportar propuestas a los proyectos reales.

Cartelería para un congreso en Granada con colores y elementos muy identificativos. / Catalin Vasile

Hizo suyo el dicho de que «no hay mal que por bien no venga» y se lo tomó como un extra. «No me importó para nada, yo estaba feliz, me encantó el diseño gráfico mezclado con la ilustración. Me enganché», sonríe. Es más, en Polonia se vio por primera vez en la situación de encontrarse con diseños que llevan parte de él. «Fue muy loco ese momento, pero realmente es cuando eres consciente de lo potente que puede llegar a ser el trabajo que estás haciendo, cuando sale de tu ordenador», reflexiona.

La experiencia polaca fue tan grata por ambas partes, que incluso le propusieron quedarse, pero decidió probar en Valencia. Aquello fue en 2019, y hasta llegar a su trabajo actual ha ido enlazando otros tanto en otras agencias como en otros sectores. «Después de dos años de camarero, lo conseguí», ironiza, aunque en el restaurante también se ocupó de rediseñar las cartas. «Hay que estar todo el tiempo haciendo mano», argumenta, ya que en este oficio se tiene que estar siempre preparado.

Dos diseños de producto diferentes: un vino y su bodega, y una carta de tés. / Catalin Vasile

Se ha encargado de mantener el engranaje en forma porque ha ido ampliando su portfolio con diferentes proyectos personales y concursos. «A todo estudiante le recomiendo que se lance a todos los concursos de carteles que pueda. Son una práctica muy real porque también tienes que ceñirte a unas bases. Y si ganas, pues mejor todavía», apunta. Él se tomó esto muy en serio y, además, se embarca en todas las propuestas que le llegan de amigos. «Si una asociación o una amiga me pide algo para un proyecto no puedo negarme, ya me lo imagino mientras me lo cuentan», dice.

Parte de ese trabajo se puede ver en la plataforma Behance en su perfil. La ilustración sigue en su vida. Recurre a ella de forma terapéutica como desahogo. «En lo profesional ya soy vectorial, pero en ilustración sigo con la técnica tradicional», sonríe.

Propuesta de etiquetado de vino con líneas que evocan juventud. / Catalin Vasile

Referentes y guías en el entorno

De niño, Catalin sentía fascinación por los caballos que dibujaba su padre. Seguramente no eran perfectos, pero a él le gustaban tanto que un día se puso a pintar. Hacía postales para su madre. «No hacía una, hacía un montón a la semana, era muy pesado», ríe. En el colegio y en el instituto le animaron a ir por artes, y en el bachiller en Alcañiz le hablaron del grado de Ilustración en Teruel. Siguió todas las recomendaciones y lo volvería a hacer.

«Los referentes de mi vida son amigos y compañeros. También las profesoras y gente de mi entorno que le dieron a lo que hago la importancia que merece cuando yo ni sabía que esto podía ser una salida profesional. Parece que si no sufres en tu trabajo es que no es un trabajo, y eso no es así. Hay que darle más valor al arte y a la creatividad», defiende.