Layla Añil: «El algoritmo etiqueta y yo canto lo que me nace»

EncontrARTE. Tras años de guitarrista en música balkan, la andorrana se lanzó en 2020 con su propio proyecto con disco y sigue publicando temas
Publicado por Beatriz Severino el 6 de septiembre de 2025

Cantautora, folk y hasta indie. «Me han dicho de todo, pero la verdad es que no tengo ni idea de lo que hago», sonríe. «Voy buscando mi estilo musical y es algo por lo que pasamos todos, más que nada porque los circuitos suelen estar muy definidos para programar a los grupos. Yo mientras voy haciendo lo que me nace», añade. Y mientras tanto, quien escucha su música de ‘Un refugio’ a ‘Trafalgar’ haciendo parada en ‘El andén de tus manías’, hace un variado y enriquecedor viaje de la mano de la andorrana que sigue su instinto como Layla Añil.

Este es el nombre del proyecto que Belén Cucalón Estrada (Andorra, 1991) construyó hace cinco años después de haber dado unas cuantas vueltas en la música balcánica como guitarrista. Ese camino lo recorrió en el seno de Relunatics, un colectivo que tocó y danzó también por Europa con el apellido Agro Party Klezmer Band. «Vivíamos en comunidad en Zaragoza y salíamos a la calle a vender artesanía y a hacer show. Uno de los chicos era un violinista buenísimo de este tipo de música de los Balcanes. Otro sabía cantar, otra tocaba el clarinete, yo la guitarra y así hasta doce personas que le fuimos siguiendo el rollo al violinista… ¡y ni tan mal! Pero ese es mi vínculo con la música balkan», ríe. «Fueron años muy divertidos y nos dio tablas a todos porque siendo tantos eso terminaría», añade.

Con la disolución llegó un parón en el que no dejó de tocar y componer sus letras con su guitarra, un hábito que practica desde pequeña. En ese tiempo de vacío, que coincidió con la pandemia, sus allegados le animaron a grabar y publicar las canciones e incluso abrió una campaña de micromecenazgo y pronto consiguió el reto. «Estaba tan verde con estas cosas que me lancé con todo, soy muy echada para adelante», bromea. La cuestión es que recabó los apoyos para publicar su primer disco al que tituló ‘A mi alrededor’ con 11 temas cerrados por uno tan revelador con el llamado ‘Muerte a la mujer perfecta’. Tampoco tiene un patrón para componer, aunque reconoce que ni le ha cantado al amor ni está en su horizonte cercano hacerlo. De momento, desestima inspirarse en un tema «tan manido» y le canta a sus vivencias. A través de sus canciones se transita también el camino de quien suma etapas vitales y para quien ya en la treintena hay cosas que han cambiado. «Me baso en experiencias propias, mis amigas dicen que escuchando mis temas detectan en qué punto estaba», apunta. Por esto mismo sus canciones son universales. «Y no soy cantante, disto mucho de eso, canto mis cosas».

Sus temas están en las plataformas y también los videoclips en los que se cuelan parajes andorranos y colegas en los títulos del crédito. «Al final hay conexiones entre mucha gente porque una vez dentro de este sector te das cuenta de que es la única manera de poder hacer algo», apunta. Y es que el mundo de la música, como el de prácticamente todas las artes, trata de desarrollarse bajo el yugo constante de las redes sociales.

Gustará más o menos, pero el algoritmo manda y alimentar a las redes «para que no parezca que has desaparecido», forma parte del espectáculo, que aunque debe continuar, cada vez se hace más complejo. Llamándose Añil la lucha es constante. «Una vez elegí nombre… ¡Imagina todas las trabas porque lleva eñe! Pero yo ahí estoy defendiendo la letra, aunque no te extrañe que lo próximo que componga hable de esto», ríe. «Fácil no es, pero me lo tomo con humor», apunta. En su Instagram (@layla_sound) va dando todas las novedades de sus andanzas musicales.

Proyecto vivo con dúo y banda

Puede que al algoritmo no termine de cuadrarle la eñe, pero la elección del nombre fue desde la plena consciencia. A todos sus instrumentos les pone nombre y Layla se llama una de sus primeras guitarras acústicas y es un homenaje a la canción de Eric Clapton. Lo terminó de elegir porque en esa época era una de las trabajadoras sociales que hablaba con las madres de los menores no acompañados a las que telefoneaba una vez llegaban a la frontera. Algunas de ellas se llamaban Layla y de eso no se olvida. Lo de Añil se debe al azul añil, su color favorito.

Layla Añil sigue aunque ahora está en un impás de puertas para afuera pero en el que sigue componiendo mientras estudia y trabaja y prepara temas que en breve publicará en plataformas. También llegarán más directos ya sea en formato dúo o con la banda al completo. Son los dos formatos que le dio al proyecto con el también andorrano Álex Tello que ha estado hasta ahora con la guitarra eléctrica. Cuando el escenario pide banda se rodea de Jesús Martí (bajista), David Sánchez (batería y percusión), Israel González y Guillermo Herrero (teclados). «Son de lo mejor y llevan años en esto, no tocamos en cualquier condición», dice. Desde hace un par de años está en Dinamizart-j, y eso le ha llevado a pueblos y ciudades, también a Andorra, donde empezó a los cuatro años en la Escuela de Música hasta los 18 cuando salió a estudiar a Zaragoza. La flauta travesera fue su instrumento principal, pero tocó guitarra, teclado, música de cámara… De todo un poco, aunque apunta a la rama materna con un abuelo entregado a la rondalla como laudista y su madre Olga cantautora. «Creo que todo me viene de ahí, de casa», sonríe.