«Cada proyecto en el que me implico me ilusiona mucho», dice. «Por eso confío mucho en el de Alcañiz, porque sé por experiencia que va a ir muy bien, pero hay que darle un poco de tiempo», añade. Francisco Quesada Benítez (1981) -Fran para casi todo el mundo- transmite esa ilusión en lo que dice y en cómo lo dice. No quita ojo a las dulzainas, la gaita de boto, la trompa de Graus, el chiflo, la tarota y el salterio que tiene delante en la academia de Ramón J. Sender donde da algunas clases. «Esta es la gama de instrumentos tradicionales más habituales pero hay muchos más. Los compartimos con buena parte de la península ibérica, pero en Aragón la reina sin duda es la dulzaina», apunta.
Él ya no la soltó en cuanto la hizo sonar por primera vez y de eso hace más de dos décadas. Pero antes de todo fue la flauta travesera el instrumento que fue su llave de entrada al conservatorio y escuelas primero como alumno y luego como docente. Su contacto con la música tradicional lo tuvo en la Unión Musical en ensayos en los que se juntaban varios jóvenes a los que les llamó la atención en un tiempo en el que la música tradicional volvía a resurgir con fuerza tras un parón en los años 80. La ruptura fue tan grande que quienes se lanzaron lo hicieron partiendo de cero y haciendo lo que consideraron que era mejor. «El detonante fue Ixo Rai!, nos encantaba y queríamos algo parecido para pasarlo bien tocando, pero para eso teníamos que aprender y lo hicimos de forma bastante autodidacta», sonríe. Así nació Ojo no caigas, un grupo de rock y folk que muchos recuerdan porque estuvieron activos «hasta hace no mucho». Tuvieron su versión dulzainera sin la parte rock, porque, aunque había grupos históricos en varios pueblos, no eran suficientes para la demanda. Eso hizo que cada vez fueran más requeridos para romerías, misas y otros momentos de fiestas.
En esa época descubrió lo que le gustaba la docencia y el primer sitio donde confiaron en él «siendo un joven sin las cosas muy claras» fue Mas de las Matas. Llegó Torrecilla de Alcañiz, Valdealgorfa, además de las escuelas de música de Andorra y Alcorisa. También Caspe, Calaceite y Aínsa. De vuelta a Alcañiz, el año pasado se hizo cargo de la sección de música tradicional de la escuela municipal como ya hiciera años atrás en Alcorisa y Andorra. «Esas escuelas han crecido mucho, por eso confío en el proyecto de Alcañiz», dice. De momento, ya empezó con lista de espera.
Creando escuela
«La dirección de la escuela ha hecho un gran trabajo, creo que ha saldado una deuda con Alcañiz donde desde el siglo XIX están documentados los dulzaineros. Hasta las dulzainas que tocamos están basadas en el modelo que tocaba El Tío Tieso», explica y, asegura que en el Bajo Aragón hay mucha música tradicional y que la clave es tener y crear momentos para salir a tocar a la calle. Que esta tradición no desaparezca también depende en buena medida en el apoyo de las instituciones, porque esto no debería ser solo por amor al arte y la cultura. Esos momentos de calle pueden ser fiestas, jornadas íberas, medievales, quemas de hogueras o pasacalles con gigantes. Nada sería lo mismo sin las músicas que han acompañado desde tiempos que se pierden en la memoria.
Ahora hay herramientas y formas de conservar letras y melodías, pero la manera de tocar se transmite de unos a otros. «Es importante que los jóvenes sientan arraigo, porque entre tanta música de consumo la tradicional queda relegada porque no está en las plataformas». Esto lo reflexiona también con su alumnado, entre el que también hay jóvenes y niños. «Vienen y con interés y por eso tengo mucha fe», dice. Les cuenta que han heredado músicas que proceden de épocas en las que la única manera de reproducirla era cantando y tocando uno mismo. «La música tradicional es un regalo que nos ha llegado a base de muchos siglos de transmisión oral y tenemos la obligación de transmitirlo», dice. Cree que el reto es lograr que las nuevas generaciones no vean esta música como algo antiguo sino como algo propio. «Nos pertenece a todos y conseguiremos que así lo sientan. La música tradicional se tiene que pensar en clave de futuro y en ello estamos, en mirar adelante», apunta.