Encontraste un alma

Publicado por La COMARCA el 12 de julio de 2019
  • Autor: Edith Södergran
  • Editorial: Nórdica
  • Páginas: 527

«Buscabas una flor
y encontraste un fruto.
Buscabas una fuente
y encontraste un mar.
Buscabas una mujer
y encontraste un alma –
estás decepcionado».

Tengo que sincerarme con vosotros. No lo he podido evitar: he vuelto a enamorarme: EDITH SÖDERGRAN, ese es su nombre. Una mujer enérgica y serena; de una belleza casi evanescente. Una poetisa de verso delicado y modernista, pero de una franqueza y valentía demasiado actual para los primeros años del siglo XX que le tocó vivir. Quizá por ello su lírica no fue muy aceptada en vida; aunque poco a poco ha ido haciéndose un hueco hasta ser ensalzada como una de las figuras fundamentales de la poesía nórdica.
EDITH SÖDERGRAN pasó casi toda su vida en un pueblecito llamado Raivola, situado en la frontera con Finlandia, aunque nació en San Petersburgo en el año 1982. En su casa hablaban sueco y estudió principalmente en alemán: Heine y Goethe le influyeron de forma decisiva, y así empezó a escribir sus primeros poemas en alemán: poemas relacionados con la enfermedad y la muerte, muy populares entre los decadentes. Quizá le moviera a ello la muerte de su padre por tuberculosis; enfermedad que también contrajo ella y que la llevo a un largo peregrinaje por varios hospitales suizos.
En 1914 regresó a Finlandia, llena de esperanza con respecto a su futuro y empezó a escribir en sueco: idioma con el que alcanzó las mayores cotas poéticas.
En 1917, con la Revolución Rusa, lo perdió todo. Motivo por el cual EDITH sufrió de depresión y extrema pobreza. Sólo la poesía la mantuvo en pie ante la inseguridad y las duras condiciones de vida en las que se encontraba. Lo más importante para ella era demostrar que ni la sangrienta Revolución, ni la tuberculosis, ni mucho menos las críticas contrarias la harían dejar de escribir poesía:

«Gente,
no coleccionéis oro y piedras preciosas:
llenad vuestros corazones con un anhelo
que arda como carbón incandescente».

Murió en ese pueblecito de Raivola en 1923, convirtiéndose así en lugar de peregrinación para todos sus amantes.
Esa poesía suya maravillosa, que bebió del simbolismo y del modernismo, y que llega a nuestra sensibilidad un siglo después como recién estrenada, recién bruñida, lista para cantarse y contemplarse en su desarmante modernidad, es la nos trae la editorial Nórdica -con el primor que le caracteriza-, y que le ha puesto como título: «ENCONTRASTE UN ALMA».
EDITH escribió en sus últimos días: «¿quién me oye aún en la tierra?» Nosotros, EDITH, Nosotros.