Hogar dulce hogar. Es lo que debió de pensar Óscar Pérez cuando llegó a su casa de Alcañiz después de tres conexiones aéreas y 24 horas viajando en un escenario que supera el de cualquier película de ficción. Este bajoaragonés de 22 años se encontraba en Estados Unidos estudiando cuando a la pandemia del coronavirus en España todavía no se la llamaba «crisis sanitaria».
En apenas unas semanas Óscar iba a graduarse de Marketing en Wingate University (Carolina del Norte), donde ha estado estudiando estos últimos cuatro años mientras jugaba al fútbol en el equipo de la universidad. Sin embargo, el suspenso de las clases presenciales el viernes 13 de marzo vaticinó una pronta despedida. «Fue durillo decir adiós de repente a las personas que veía todos los días. Fue emotivo», recuerda.
Tras hablar con sus padres, decidió regresar a casa y seguir desde aquí las clases de forma telemática: «Veíamos lo que estaba pasando en Europa, los casos estaban aumentando y las universidades estadounidenses se planteaban cómo seguir. En Carolina del Norte se sabía del coronavirus, pero no se estaba tomando demasiado en serio». El día 18 de marzo compró los billetes de vuelta. En España hacía tres días que había entrado en vigor el estado de alarma.
Lunes 23 de marzo. Un viaje de última hora con múltiples vuelos, dos maletas de ruedas, una bolsa de deportes cruzada y una mochila a la espalda le aguardaban a Óscar. «Tenía que viajar desde Charlotte, la ciudad grande cerca de donde vivía yo, a Nueva York. Sin embargo, los casos de coronavirus aumentaron tanto en Nueva York en pocos días que me cancelaron el vuelo. Lo mismo ocurrió con otras conexiones aéreas a California», explica Óscar.
Por suerte, su odisea tan solo se retrasó un día… y algunas horas. El martes 24 de marzo viajó desde Charlotte a Atlanta, aunque tampoco tomó el vuelo que tenía previsto. «En vez de en el vuelo de las dos, fui en el de las cuatro porque las compañías aéreas empezaron a reducir el número de conexiones», señala el joven. De Atlanta voló a Ámsterdam y de allí a Barcelona.
- ¿Cómo era el ambiente en los aeropuertos?
- Se notaba que la gente llevaba mascarillas, guantes y que tenía miedo a estar más cerca de otras personas. En Ámsterdam, un hombre me dijo serio y directo: «Mantén la distancia».
- ¿Notaste diferencias entre los aeropuertos de los distintos países?
- Charlotte y Atlanta estaban más vacíos de la cuenta. Muchos sitios de comida estaban cerrados. En Ámsterdam, había algo abierto. El aeropuerto de Barcelona sí que estaba completamente vacío. Estaba todo totalmente cerrado. Aterrizabas y te ibas.
- Aunque ya te podías imaginar cómo estaban las cosas, ¿te sorprendió?
- Iba con la expectativa de verlo así, pero igualmente me sorprendió bastante.
El miércoles 25 de marzo, Óscar llegó a Barcelona. Desde la estación "vacía" tomó un tren a Caspe. Allí le esperaba el taxi que sus padres, siguiendo las recomendaciones de los cuerpos de seguridad, le habían mandado para que le trajese hasta Alcañiz. «En Estados Unidos las escuelas públicas ya han cerrado y muchos estados están haciendo cuarenta», explica Óscar sobre la situación actual del país norteamericano. Él, como otros cientos de españoles que estaban en el extranjero cuando la crisis sanitaria se desató, ha vuelto a casa para estar con los suyos.