La Feria de Abril de Andorra: un emotivo homenaje a las raíces mineras del sur

FOTOGALERÍA. La cita andorrana, organizada por la Casa de Andalucía y el Ayuntamiento del municipio, honra a quienes llegaron a Teruel desde tierras andaluzas buscando futuro en la minería
Publicado por Sara Cubero el 12 de mayo de 2025

Andorra no se entiende sin la huella andaluza que dejó la minería. Lo que comenzó como un fenómeno migratorio impulsado por la búsqueda de empleo se ha convertido en una historia de arraigo, comunidad y tradición. La Feria de Abril que celebra la localidad no es solo una cita festiva: es una manifestación viva de la identidad cultural de cientos de familias que un día llegaron del sur para quedarse.

La historia se remonta a los años 80, cuando el sector minero comenzaba a dar sus últimos coletazos en Andalucía mientras las explotaciones de Andorra vivían su momento más dinámico. Por ello, la minería fue el motor de ese traslado masivo. «En aquellos años había muchos andaluces aquí», explicaba Juan Hermoso, presidente de la Casa de Andalucía, una institución que nació en 1987 para dar respuesta al sentimiento de pertenencia de estos nuevos vecinos. «Allí, en Andalucía, había muchas minas y ya iban en declive, cuando las de Andorra empezaron a funcionar», relató con detalle.

Ese cruce de trayectorias provocó un flujo migratorio notable. «Yo llegué a contar sobre 8.000 andaluces, con carné de entidad», afirmó entre risas el representante, natural de Cádiz, quien lleva más de tres décadas al frente de la organización.

La llegada de profesionales andaluces trajo consigo mucho más que mano de obra. Trajo cultura, acento, gastronomía, música y una forma de entender la vida que pronto se entrelazó con la identidad andorrana. «Es una feria que tiene un carácter muy inclusivo, la inclusión de la gente que vino de fuera a trabajar a Andorra con la gente del pueblo», destacaba uno de los organizadores. Y el paso de los años ha consolidado esa integración: «Ya hay andaluces de tercera y cuarta generación en Andorra, lo que demuestra que se han quedado, viven aquí y están completamente integrados», ha aclarado el alcalde del municipio Rafa Guía, que también ha puesto su granito de arena para la organización de este evento anual.

La Casa de Andalucía, que cuenta ya con 273 socios, nació como un punto de encuentro, pero con el tiempo se convirtió en el corazón de una comunidad que quería mantener viva su herencia cultural sin renunciar a su nueva tierra. Desde allí se impulsa la Feria de Abril, una celebración que, si bien no replica la de Sevilla, sí mantiene el espíritu del sur.

«Esto de la feria y este colorcito para mí es importante», apuntó con emoción su presidente. «Mientras yo pueda, esto seguirá funcionando. Es como acercar un poco toda esa conexión de la tierra aquí», explicó Juan.

Este año, la Feria de Abril de Andorra ha vuelto a ser un reflejo vibrante de ese legado que echó raíces en los años 80. Casetas repletas de vida, trajes de volantes, sevillanas y rebujito llenaron el recinto de alegría y color, en una celebración que ni siquiera los momentos de lluvia inesperados lograron interrumpir. Más allá de lo festivo, la feria se reafirma, un año más, como un homenaje a aquellas familias andaluzas que llegaron buscando futuro y terminaron construyendo su hogar en Andorra.