Un emocionado y honrado pueblo de Alcorisa recibió el domingo a su paisano Florencio Roselló, arzobispo de Pamplona y obispo de Tudela. Lo hizo entre vítores en un cálido encuentro en el que el párroco estuvo muy arropado y al que tampoco faltaron representantes institucionales. Para ello se celebraron diferentes actos durante todo el día acompañando al alcorisano "que más alto rango ha conseguido dentro de la Iglesia".
La visita llegó después de que medio centenar de vecinos se desplazasen a Pamplona para arropar al capellán en su ordenación como arzobispo de la capital navarra.
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El encuentro comenzó con la recepción oficial en el salón de actos del Ayuntamiento, donde Roselló firmó el libro de honor y dirigió unas palabras de agradecimiento a los presentes. En su mensaje, se refirió a Alcorisa como "un pueblo que tiene muy presente en su vida". Tras él, el presidente de la Diputación Provincial de Teruel, Joaquín Juste, el alcalde, Miguel Iranzo, y la concejala de cultura y educación, Raquel Egea, también tomaron la palabra. El consistorio quiso obsequiar al arzobispo con el cuadro ganador del último concurso de pintura rápida. Con ello buscan que tenga "un recuerdo para siempre de su pueblo".
Al salir del ayuntamiento, el grupo de Tambores y Bombos de Alcorisa le recibió con su toque, llenando la plaza de Los Arcos con el estruendo, algo que "cautivó" al obispo. Con el redoble la comitiva se desplazó hasta la iglesia parroquial Santa María La Mayor, culminando la actuación justo a las puertas de la capilla.
Ya en la parroquia, el arzobispo estuvo muy acompañado en su primera misa pontifical, con una iglesia llena para escuchar la homilía. Además, la coral alcorisana también quiso arroparle con su música, al igual que el coro parroquial. Las emociones no pararon durante todo el día, y Roselló también recibió durante la eucarístia ofrendas de distintas asociaciones como Cáritas.
El Folclore aragonés también llegó de la mano del Grupo de Jota de Alcorisa, quienes llevaron a cabo una muestra, seguida por una ronda baturra en la que se le dedicaron jotas alusivas en referencia a él y su familia a las puertas de espacios especiales. Con la noche ya cayendo, el día terminó con un vino español en el Centro de Día organizado por la Asociación Española Contra el Cáncer y la Asociación El Cantal. Un broche final de un intenso día que ni el prelado ni el pueblo olvidarán.