Flores de verano

RESEÑA. Prohibida durante años por la censura japonesa que impedía hablar del trauma atómico, «FLORES DE VERANO» es una novela corta pero intensa, que deja un poco temblado a un lector que no puede apartar los ojos de ese texto extraordinario
Publicado por Miguel Ibáñez el 7 de agosto de 2025

A las ocho y cuarto de la mañana del 6 de agosto de 1945, el escritor y poeta japonés Tamiki Hara se encontraba en su casa de las afueras de Hiroshima. Aquel instante, marcado por la detonación del arma más cruel creada por la humanidad, la bomba atómica, dividiría su vida –y la historia del mundo– en un antes y un después.

Tamiki Hara nació en 1905 en una familia acomodada y se interesó desde muy joven por las letras. Se licenció en Literatura inglesa en la Universidad de Keio, donde empezó a escribir poesía y se comprometió políticamente con movimientos de izquierda. Se casó en 1933, pero su mujer murió de tuberculosis once años después. Fatídicamente decidió volver a su ciudad natal en 1945. Estas dos experiencias traumáticas constituyeron el eje central de su producción literaria, además de dejar profundas heridas en su interior; tantas y tan traumáticas fueron que el 13 de marzo de 1951 se arrojó a las vías del tren en Tokio. Alguien comentó que Hara no tenía miedo de bajar al infierno, puesto que ya había estado en él.

Entre sus narraciones y sus poemarios destaca un librito de apenas 100 páginas, crudo y doloroso, pero de una belleza excepcional, la belleza que posee un texto sin anestesia que se nos narra desde el epicentro mismo del horror: Flores de verano.

Tamiki Hara respiró el aire saturado de ceniza, vio derrumbarse no solo su ciudad, sino la idea misma de humanidad. Y decidió narrarlo todo. Por ello, esta obra es mucho más que un relato de la destrucción: es una narración que conserva, entre las ruinas, la dignidad de lo que se resiste a desaparecer.

Prohibida durante años por la censura japonesa que impedía hablar del trauma atómico, Flores de verano es una novela corta pero intensa, que deja un poco temblado a un lector que no puede apartar los ojos de ese texto extraordinario.

Poco antes de suicidarse, Hara escribió su último poema:
"Grabado en piedra hace mucho, / perdido en la arena movediza, / en medio de un mundo que se derrumba, / la visión de una flor".
Esa flor –trémula, obstinada– florece en este libro. Leerlo es no olvidarla.

Miguel Ibáñez. Librería de Alcañiz