Alcañiz se convierte, por sexto año consecutivo, en el epicentro de la fotografía. Como cada año, la cita congrega a referentes de esta disciplina artística, como Guillermo Arteaga, que es guardia civil pero desde hace diez años compagina su profesión con su gran pasión, la fotografía de naturaleza y fauna. Enamorado de la sierra de Gredos, vive junto a su pareja en un municipio de 2.500 habitantes, rodeado de naturaleza.
Aretaga ha encontrado en la naturaleza y en la fotografía una manera de afrontar las dificultades que la vida le pone por delante. Durante su estancia en Alcañiz, presentó su libro ‘Testigos del viento: una historia de fotografía y naturaleza’ en una conferencia celebrada el pasado sábado por la mañana en el Palacio Ardid. También impartió un taller práctico en la Estanca el viernes por la tarde.
¿Qué supone para ti participar en el VI Congreso de Fotografía de Alcañiz?
Es un orgullo. Venimos de muy lejos, de una zona del norte de Gredos, y poder venir aquí, conocer a gente a la que le gusta la naturaleza, que disfruta de ella y, sobre todo, de la fotografía, es un placer enorme. Además, tenía muchas ganas de contar mi historia, presentar mi libro, que gira precisamente en torno a ella, apra darlo a conocer y que la gente descubra lo que hago.
¿Cómo fueron tus inicios en la fotografía de naturaleza y por qué decidiste especializarte en este tipo de imágenes?
Empecé con la fotografía hace mucho tiempo. Sin embargo, no llevo tanto tiempo dedicándome a la fotografía de naturaleza, aproximadamente diez años. Llegué a ella por casualidad. Empiezas a investigar y descubres que la fotografía ofrece muchísimas posibilidades, desde los paisajes nocturnos hasta la fauna, que es el ámbito en el que me he especializado. En Gredos tenemos un entorno precioso y eso me ha ayudado mucho. Poco a poco vas avanzando y consiguiendo imágenes de las que te das cuenta de que no solo te gustan a ti, sino también a la gente, que es algo importante.
¿Qué hace diferente a la fotografía de fauna respecto a otros tipos de fotografía?
Todos los campos de la fotografía son muy entretenidos y tienen muchísimo que ofrecer, pero la fotografía de fauna tiene algo especial, al menos desde mi punto de vista porque te permite conectar con la naturaleza. Vivimos en un mundo en el que vamos demasiado rápido. No nos paramos a escuchar a los pájaros ni a observar cómo funciona ese otro mundo que tenemos justo al lado y al que apenas prestamos atención. Esa conexión con la naturaleza y, al mismo tiempo, esa desconexión de nuestro día a día es lo que más me ha animado a dedicarme a este tipo de fotografía.
¿Crees que este tipo de fotografía puede ayudar a concienciar sobre el cuidado del medioambiente y la protección del entorno natural?
Totalmente. Es algo que siempre digo. Hay que intentar no centrarse únicamente en conseguir la fotografía, sino también en disfrutar de la experiencia, conectar con la naturaleza y tener una actitud conservacionista. Al final, conseguir esa fotografía del animal que buscamos está muy bien. Pero hoy en día vemos imágenes de todo tipo e incluso la inteligencia artificial es capaz de generarlas.
Por eso, lo verdaderamente importante es el momento vivido, la experiencia. Eso es lo que puede ayudar a concienciar a la gente y conseguir que las nuevas generaciones se interesen por la fotografía de naturaleza y por el cuidado de las especies, algo que considero esencial.
¿La inteligencia artificial supone una amenaza para la fotografía de naturaleza? Aunque no ofrece esa experiencia de la que hablas, estamos viendo cómo avanza a un ritmo muy rápido...
Puede que suponga una amenaza en determinados aspectos, pero creo que debemos utilizarla desde un punto de vista constructivo. Entiendo que la inteligencia artificial puede sustituir determinadas imágenes o hacer que algunas personas dejen de disfrutar tanto de la fotografía. Sin embargo, nadie nos va a quitar la posibilidad de salir al campo ni de vivir experiencias como la que compartimos el viernes en el taller de la Estanca de Alcañiz. Esos momentos de conversación, de contacto con otras personas y de disfrute de la naturaleza no van a desaparecer por culpa de la inteligencia artificial.
Hablando de las redes sociales, ¿qué papel crees que desempeñan actualmente en la difusión de la fotografía?
Las redes sociales tienen aspectos positivos y negativos, aunque para mí, hasta ahora, todo ha sido positivo. Han supuesto una ventana al mundo, una manera de enseñar a la gente lo que hago y de mostrar todo lo que hay detrás de mis fotografías. Sobre todo, me han permitido contar mi historia. Creo que, bien utilizadas, las redes sociales son una herramienta muy potente. Sirven para concienciar, para enseñar el trabajo que realizamos y para seguir dando a conocer la fotografía.
Para quienes no estamos familiarizados con la fotografía de fauna, ¿qué es exactamente un hide fotográfico?
Los hides fotográficos son escondites que, en teoría, deben estar bien camuflados en el entorno y diseñados para interferir lo mínimo posible en la fauna. Desde ellos podemos observar y fotografiar animales salvajes a una distancia mucho menor de la que conseguiríamos, por ejemplo, dando un paseo por el campo. Estos escondites permiten observar de cerca las interacciones entre especies como zorros, águilas reales, milanos o buitres, procurando siempre que los animales estén tranquilos y se comporten con naturalidad.
En tu caso, ¿dónde sitúas los límites para proteger la naturaleza y la fauna?
Deben estar muy bien definidos. Es evidente que, en determinados momentos, nuestra actividad puede interferir en el comportamiento de los animales. Yo tengo un hide autorizado por la Junta de Castilla y León y está claro que, muchas veces, no podrías observar un águila real tan de cerca como lo hago yo sin generar algún tipo de interferencia. Pero esa interferencia debe producirse siempre desde el máximo respeto, intentando que los animales no se sientan fuera de su entorno y puedan comportarse con naturalidad.
Hace tiempo, una persona me dijo algo que se me quedó grabado: «Proteges lo que conoces». El hecho de poder observar un águila real a diez metros te permite conocer mejor a esa especie y seguramente te ayudará a querer protegerla. Eso es precisamente lo que busco. Entiendo que haya personas que estén más o menos de acuerdo con los hides fotográficos. Yo practico diferentes tipos de fotografía, tanto desde escondites como paseando por el campo. Pero creo que, si actuamos con respeto y protegemos a los animales, podemos establecer unos límites claros.
¿Hay algún fotógrafo que te inspire y que te haya ayudado en este camino?
Siempre te fijas en otros fotógrafos, por supuesto, pero yo me considero una persona muy autodidacta. De hecho, empecé a prestar atención al trabajo de otros fotógrafos después de haber comenzado mi propio camino. Sin embargo, me interesa mucho más conocer al fotógrafo como persona que fijarme únicamente en sus fotografías. Lo importante es disfrutar de lo que haces. Por supuesto que otros trabajos pueden inspirarte y ayudarte a descubrir nuevas posibilidades, pero para mí lo fundamental es la parte humana.
¿Qué recomendarías a quienes están empezando y quieren profundizar o incluso profesionalizarse en este ámbito?
Hay muchos tipos de fotografía. Yo suelo diferenciar entre la fotografía de observación y la que se realiza desde un hide fotográfico. Mi primer consejo sería que disfruten de lo que hacen, independientemente del equipo que tengan. Da igual que sea una cámara más cara o más barata, más potente o más sencilla. Lo importante es que las fotografías que hagamos nos transmitan algo y que disfrutemos del proceso.
Por supuesto, si tenemos la oportunidad de realizar algún curso, acudir a un hide fotográfico o visitar lugares donde podamos tener un contacto más cercano con la naturaleza y con nuestra cámara, debemos aprovecharla. Lo que sí quiero transmitir es que, vayamos donde vayamos, debemos respetar siempre la conservación del entorno y el bienestar de los animales. Si por conseguir una fotografía pasamos por encima de la fauna, no estamos haciendo las cosas bien.
Para terminar, ¿qué experiencia te ha marcado especialmente?
Creo que he tenido mucha suerte desde que empecé. Recuerdo especialmente una anécdota que protagoniza la portada de mi libro: un zorro joven mordiendo la cola de un águila real, también joven.
Tuve muchísima suerte porque conseguí esa fotografía cuando apenas estaba empezando a fotografiar fauna salvaje. Para mí es una imagen muy significativa, porque refleja la inocencia y la naturaleza de los animales. Creo que debemos aprender a convivir con la fauna salvaje.
Si algo he aprendido durante todos estos años es que los animales son nobles por naturaleza y que nosotros deberíamos intentar aprender de ellos, porque a veces no somos tan nobles como la propia fauna.
Ese es el aprendizaje con el que me quedo y lo que quiero transmitir. La fotografía de aquel zorro y aquella águila real, que aparece en la portada de mi libro, resume para mí toda esa nobleza de los animales.